F-35 Lightning II.

F-35 Lightning II.

Observatorio de la Defensa

La Auditoría suiza alerta de retrasos y sobrecostes en los trabajos necesarios sobre las bases aéreas para operar el F-35

El número exacto de aeronaves y el coste final del proyecto siguen sin definirse tras un largo y controvertido proceso de adquisición

Más información: Lockheed Martin reivindica el peso industrial de Canadá en el F-35, que se cuestiona la dependencia de Washington

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La adaptación de los aeródromos militares suizos para acoger la futura flota de cazas F-35 Lightning II avanza con retrasos significativos y un fuerte incremento de los costes. Las nuevas infraestructuras son indispensables para la llegada de los aviones, prevista a partir de mediados de 2027 desde Estados Unidos.

Aunque el número exacto de aeronaves y el coste final del proyecto siguen sin definirse tras un largo y controvertido proceso de adquisición, un informe de la Auditoría Federal Suiza, citado por swissinfo.ch, destaca que la necesidad de construir nuevas instalaciones no está en entredicho.

Para operar los F-35 diseñados por Lockheed Martin será imprescindible contar con hangares especializados, salas de simuladores para la formación de pilotos y espacios para la planificación de misiones en las bases aéreas de Payerne, Meiringen y Emmen.

El informe señala que las obras en Payerne comenzaron en la primavera de 2025, seis meses más tarde de lo previsto, y que los fondos inicialmente asignados ya se han agotado.

En Meiringen y Emmen, los trabajos acumulan retrasos de al menos un año. La auditoría critica a los responsables por haber subestimado el tiempo necesario para ejecutar los proyectos.

Desde la agencia de adquisiciones de defensa Armasuisse, su responsable del área inmobiliaria, Marcel Adam, trató de tranquilizar a la opinión pública.

En declaraciones a la radiotelevisión pública suiza SRF, afirmó que el calendario de construcción se está coordinando con la puesta en servicio de los aviones. “Si las obras continúan según lo previsto, podremos entregar todo a tiempo”, aseguró, añadiendo que actualmente existen suficientes espacios de hangares en Suiza para los futuros F-35.

Sin embargo, el aspecto financiero despierta una especial preocupación. El coste de la renovación se calcula ahora en unos 200 millones de francos suizos, una cifra muy superior al crédito de 120 millones aprobado por el Parlamento en 2022.

Aquella estimación se fijó antes de que Suiza confirmara la compra del F-35 y sin una evaluación precisa de las necesidades reales de infraestructura.

Los auditores califican esa estimación inicial de inadecuada, mientras que Armasuisse ha reconocido que deberá solicitar un crédito suplementario este mismo año.

Adam precisó que el nuevo presupuesto cubrirá únicamente las obras esenciales para el inicio de las operaciones aéreas. Proyectos adicionales, considerados no prioritarios —como trabajos de mantenimiento en edificios existentes y nuevas infraestructuras que no son necesarias para el arranque operativo—, podrían ejecutarse más adelante.

Según los auditores, estas actuaciones supondrían un coste adicional de unos 50 millones de francos.

El informe concluye con una crítica clara a la falta de transparencia sobre el coste total de los proyectos de construcción vinculados al programa F-35, advirtiendo de que el impacto financiero real de la modernización de las bases aéreas aún no está plenamente cuantificado.

Retrasos y disponibilidad

A lo largo de los años, este programa ha experimentado algunos problemas de retrasos y disponibilidad. Informes oficiales del Pentágono han señalado reiteradamente que el F-35 no alcanza los niveles de disponibilidad previstos, debido a retrasos en el mantenimiento, escasez de repuestos y complejidad logística.

En varios ejercicios, menos del 60% de la flota estuvo plenamente operativa, muy por debajo de los objetivos iniciales.

En otros países como Noruega, uno de los primeros socios internacionales del programa, experimentó demoras en la integración de armamento y en la adaptación de bases aéreas para operar el F-35 en condiciones árticas.

Finalmente, los aviones fueron entregados, algunas capacidades clave se activaron más tarde de lo planificado.

Como ya hemos señalado recientemente en El ESPAÑOL, aunque Canadá confirmó en 2022 un programa para incorporar 88 unidades del F-35, (un primer lote de 16 unidades, y otros 72, en siguientes fases), el proceso ha estado marcado por años de retrasos políticos y revisiones de costes, lo que obligó a extender la vida útil de cazas más antiguos y a reajustar calendarios de infraestructura y formación.

Ottawa tiene previsto recibir sus primeros cazas F-35 Lightning II en 2028.

Las cuentas más recientes, apuntan a un incremento de un 45% en el programa, pasando de los 12.000 a los 18.000 millones en menos de 3 años.

Por ello, Canadá ha comenzado a mirar hacia el otro lado del Atlántico en busca de nuevas opciones para sus futuros programas industriales y adquisiciones en materia de defensa.

Según adelantó el medio canadiense CBC News, el Gobierno de Ottawa estudia una propuesta de Suecia que incluye la entrega de 72 cazas Gripen —equivalentes al número de unidades previsto originalmente en el programa F-35— y seis aviones de alerta temprana GlobalEye. Ambos modelos son desarrollados y fabricados por la compañía Saab.

También Dinamarca y Países Bajos, reconocieron demoras en la plena operatividad de sus flotas, principalmente por la necesidad de adaptar hangares, sistemas de seguridad y redes informáticas altamente clasificadas exigidas por el F-35.

Dinamarca ha recibido hasta el momento 17 de los 27 cazas F-35 acordados en el contrato firmado en 2016. Está previsto que las diez aeronaves restantes se entreguen a lo largo de 2026. Además, el país ha confirmado recientemente la adquisición de otros 16 aviones, lo que elevará su flota futura a un total de 43 cazas de nueva generación.

Todos estos casos confirman que los retrasos detectados por los auditores suizos no constituyen una excepción, sino que se inscriben en un patrón más amplio que lastra al programa de los cazas F-35.

Convertido en uno de los pilares de la interoperabilidad entre aliados, el proyecto acumula desafíos propios de una tecnología de altísima complejidad, infraestructuras más caras de lo previsto y cronogramas que, una y otra vez, se prolongan más de lo esperado.