La alta densidad de población dificulta la lucha en Mosul occidental.

La alta densidad de población dificulta la lucha en Mosul occidental. A. Martinez Casares Reuters

Oriente Próximo

Niños, diana del fuego cruzado en Mosul

Los vecinos viven atrapados entre el autodenominado Estado Islámico y la ofensiva para retomar la ciudad.

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Cuando Sara Alzawqari, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja en Irak, visitó hace un mes un hospital próximo a Mosul donde opera la organización se encontró con un joven de 14 años con una herida de francotirador.

Al parecer, el grupo terrorista Estado Islámico había disparado al adolescente cuando huía con su familia de los alrededores de la parte occidental de la urbe. Una intervención difícil, según dijeron los médicos.

“Oímos muchas cosas así cuando hablamos con la gente, pero es distinto cuando ves a alguien herido y preguntas sobre su historia y es una herida obvia de francotirador”, cuenta Alzawqari al otro lado del teléfono.

Mientras las fuerzas iraquíes apoyadas por una coalición internacional liderada por Estados Unidos cercan a Estado Islámico en un intento de recuperar su último bastión en Irak, unas 400.000 personas -la mitad de ellas niños- permanecen atrapadas en el casco viejo de la urbe. Allí, la comida, el agua y el combustible escasean.

Más de 200.000 habitantes han huido de Mosul occidental desde que comenzara la operación para liberar esta sección de la ciudad en febrero, según datos proporcionados por el Gobierno iraquí a la ONU. Huir, sin embargo, no es una decisión fácil para los vecinos y la alternativa es permanecer atrapado entre el fuego cruzado.

“La gente huye en circunstancias muy difíciles. Hay bombas, francotiradores… Marcharse es una decisión muy difícil para ellos”, afirma Alzawqari, que explica que no hay pasos seguros para abandonar la zona de combate. “El número y flujo de heridos es enorme”, dice. “Hay mucho fuego cruzado”.

El pasado día 17, una cantidad indeterminada de personas que podría superar las 200 perdieron la vida después de que un edificio se derrumbara en el poblado barrio de Al Aghwat Al Jadidah. EEUU reconoció esta semana que “probablemente” un ataque aéreo de la coalición contribuyó a la tragedia, aunque advirtió de que Estado Islámico pudo haber plantado explosivos.

“Aunque las fuerzas de seguridad de Irak están logrando progresos tangibles, la batalla de Mosul es difícil, especialmente, porque el enemigo opera entre la población civil”, aseveró el Mando Central de EEUU en un comunicado a finales del mes pasado.

Los terroristas aprovechan la alta densidad de población de Mosul oeste para cubrirse y utilizan a los civiles, menores inclusive, como escudos humanos.

AGUANTAR HASTA NO PODER MÁS

Entre tanto, los vecinos aguantan bajo el zumbido de las bombas hasta que la situación se hace insostenible y entonces optan por probar suerte escapando, señala Alzawqari, de la Cruz Roja Internacional. Los que logran salir del área de combate lo hacen deshidratados y hambrientos.

Los civiles están atrapados por todas partes”, asegura Hala Jaber, de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que ha impulsado uno de los mayores campos de emergencia en el área de Mosul.

Jaber dice que muchos residentes resultan heridos en los bombardeos, pero alerta de que cada vez más los combatientes del autodenominado Estado Islámico disparan contra los civiles que quieren abandonar Mosul. “Al tiempo que el EI es cercado, ellos aprietan más la soga a los civiles”, afirma.

La Cruz Roja reportó incluso en marzo que múltiples pacientes presentaban síntomas de exposición a armas químicas.

“El viaje para salir de Mosul es extremadamente peligroso”, cuenta Laila Ali, de Unicef en Irak. “Y los niños salen normalmente muy traumatizados, porque están expuestos a bombardeos aéreos, edificios que se derrumban, puede que familiares hayan muerto delante de ellos...”.

Ali cuenta que Unicef ha recibido informaciones de que Estado Islámico está reclutando a menores en Mosul y que cada vez más estos ocupan puestos en la línea de combate. “Los niños son niños. Deberían estar en clase, no en la línea de combate”, denuncia.

Unicef asegura que la vida se congeló en Mosul con la llegada del Estado Islámico y que muchos padres dejaron de enviar a sus niños a la escuela por miedo a que fueran adoctrinados por la organización terrorista.

Pero mientras el foco de la violencia se concentra ahora en la parte occidental de la ciudad, más de 70.000 desplazados han regresado a la mitad este de la urbe después de que fuera liberada -si bien cerca de 300.000 personas permanecen desplazadas-, según datos de Naciones Unidas.

En la zona este, la vida regresa poco a poco a la normalidad. Se han reabierto escuelas y los jóvenes comienzan a retomar sus clases, aunque las dificultades abundan en una ciudad destrozada por la guerra.

“Mucha gente hablaba de que volvía a nacer, que ahora podían retomar el control de sus vidas”, cuenta Ali. “[Pero] alguna gente volvió a su casa en el este y ha regresado a los campos porque los servicios no se han restituido del todo en Mosul oriental [o] sus casas quedaron totalmente destruidas y no tienen refugio ni trabajo”.