Aurel Johannes Marx en su despacho en la localidad de Grunewald.

Aurel Johannes Marx en su despacho en la localidad de Grunewald. S. M.

Europa Marketing del sexo

El empresario alemán que ha revolucionado la prostitución digitalizando burdeles

Berlín

Su apellido no impide a Aurel Johannes Marx ser un emprendedor que piensa a lo grande. A sus 44 años, este empresario nacido en Bremen (oeste germano) quiere dejar su huella en la economía mundial. Este Marx no tiene nada en contra el capitalismo. Es más, está contribuyendo a su funcionamiento, concretamente al del sector económico de la prostitución, una actividad legal en Alemania desde 2002.

“Yo quiero hacer que la prostitución sea una actividad más transparente, más segura, más limpia y más aceptada”, dice Marx a EL ESPAÑOL en su despacho, situado en la acomodada localidad berlinesa de Grunewald, al suroeste de la capital alemana. Pese a que han pasado más de tres lustros desde la legalización de la prostitución en suelo germano, “el sector de la prostitución sigue estigmatizado”, asegura Marx.

“Es el trabajo más antiguo del mundo. Pero sigue estando estigmatizado porque sólo desde hace poco está regulado. Sin legalización, cada uno puede hacer lo que quiera, y ésto es lo que ha pasado con la prostitución durante mucho tiempo”, abunda Marx.

Sabe de lo que habla este hombre de mirada viva y gestos rápidos. Viéndole hablar, queda claro por qué se le quedaron pequeñas las aulas de la facultad de Economía. “No terminé la carrera, era joven y quería ver el mundo. Por eso di la vuelta al mundo y acabé en Berlín. Terminé de viajar en el año 2000, diez años después de la reunificación”, explica.

Con la legalización de la prostitución, un hito del que fue responsable el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, Marx y un par de socios abrieron un burdel en Berlín, en el barrio de Schöneberg, al sur de la capital. “He acumulado mucha experiencia”, dice sobre su vida de empresario.

Dueño del 'Burdel Hipster'

Su primer prostíbulo dejó de funcionar hace tiempo. Pero Marx tiene desde hace tres años otro burdel en el céntrico barrio de Kreuzberg, un establecimiento que se hace llamar el 'Burdel Hipster'. “Esa expresión se la puse yo, es una cosa de marketing, pero es que Kreuzberg es el barrio donde todo es hipster: los cafés, las discotecas y hasta las peluquerías”, recuerda este hombre de poblada barba y bigote de estilo revolucionario.

Revolucionarias también son sus intenciones. A través de su actividad en el 'Burdel Hipster', Marx ha empezado a digitalizar el sector de la prostitución. Para ello se sirve de una aplicación que ha creado él mismo y a la que ha puesto el nombre de 'Cronosignum'.

“Mi negocio aquí está en la gestión del espacio y en la optimización de procesos en un burdel”, asegura Marx. Así habla del potencial de su aplicación, lanzada con la ayuda de un ingeniero especializado en la gestión de edificios inteligentes. A través de 'Cronosignum', los propietarios de los prostíbulos que decidan recurrir a este servicio ven, entre otras cosas, la ocupación de cada uno de los cuartos que están a disposición de prostitutas y clientes en el burdel.

Con la aplicación en funcionamiento, las puertas de las habitaciones de los prostíbulos tienen unos sensores que detectan cuándo la puerta está abierta o cerrada, o sea, cuando se está prestando un servicio a un cliente y cuándo no. Lanzada a principios de año, unos setenta prostíbulos han adoptado ya este sistema patentado.

“Uno necesita que funcione el hardware y también la mano de obra especializada, los desarrolladores del software”, subraya Marx. “Los sensores de las puertas están conectados a un aparato que manda los datos que generan a una nube. Esos datos están ahí sólo para el cliente, la persona responsable del burdel. Cada uno de mis clientes tiene su propia nube. En ella están los datos para que puedan ser analizados, en el móvil, en la tablet o en el ordenador”, agrega.

Para él, 'Cronosignum' es un primer paso de la prostitución hacia la economía de los datos. Marx lo compara con el funcionamiento de la hostelería. “Cuando un dueño de restaurante ve la actividad de su restaurante con una app como ésta ve, por ejemplo, que el café se vende bien de 9.00h a 12.00h de la mañana y luego que baja el consumo, y ve también que lo contrario pasa con la cerveza. Todo eso son datos económicos. Son interesantes para tomar decisiones económicas”, sostiene.

Herramienta para la nueva ley de prostitución

El lanzamiento de su proyecto se produjo al mismo tiempo que entraba en vigor a principios de año la última reforma de la ley alemana sobre la prostitución. Esta plantea un endurecimiento de las condiciones para el desempeño de esta actividad, algo que celebran Marx y sus cinco empleados de 'Cronosignum', nombre que lleva la empresa de la aplicación: quieren ayudar con muchas de las nuevas exigencias de la ley.

“Desde principios de este año estamos en el mercado, al que llegamos al mismo tiempo que la nueva ley sobre la prostitución. Ésta exige a los empresarios archivar a diario su actividad además de tener la documentación de los últimos dos años”, apunta el emprendedor. “En todas partes, Hacienda prefiere, por ejemplo, que la información le llegue en formato digital -cosa que hace nuestra aplicación- en lugar de documentos en papel y escritos a bolígrafo, como siempre buscan los empresarios. Pero luego llega el día en el que el papel escrito a boli deja de valer y Hacienda dice: 'Hágalo de forma electrónica'”, abunda.

Desde el sector de la prostitución ha habido quejas sobre las implicaciones de la reforma de la ley sobre prostitución, que instaura, por ejemplo, el carné de prostituta para las trabajadoras sexuales. Marx no ve mal los cambios. “La ley tiene ahora 37 artículos. Son muchas reglas, y esto es bueno. Es lo que yo quiero como ciudadano de este país. Yo no quiero vivir en un país donde es más fácil para una mujer ser prostituta que servir en un McDonald's. Antes de la nueva ley, si una mujer quería trabajar en un burdel, llamaba a la puerta del burdel y media hora después ya estaba trabajando si había clientes”, explica Marx.

Un monopolio no deseado

Él ve con buenos ojos que desde principios de año toda persona con deseos de dedicarse a la prostitución tenga, por ejemplo, que recibir asesoramiento de modo obligatorio, además de recibir información sobre riesgos laborales, especialmente los sanitarios. Marx ve en todo eso la “modernización” del sector en el que ha crecido como empresario.

De momento, no hay competencia para su 'Cronosignum', que ofrece un servicio potencialmente útil para los burdeles “de pequeño y medio tamaño”, reconoce Marx. “Es un monopolio no deseado en el área de habla alemana de Europa porque somos los únicos activos. Saunas y establecimientos que son más o menos como un hotel tienen otras necesidades, están menos relacionados con la prostitución”, apunta este empresario, hablando de la competencia.

La financiación de su proyecto parece asegurada. Al menos así la presenta Marx. “Lo he financiado todo yo con ayuda de un padrino. No tengo ningún inversor que me obligue a hacer esto o lo otro. A mí me están ayudando a hacer lo que yo quiero: modernizar la prostitución y llevar el sector al siglo XXI”, concluye.