El presidente del BCE, Mario Draghi

El presidente del BCE, Mario Draghi Yuri Gripas/Reuters

Europa

Fin de una era: el BCE aprueba reducir sus estímulos monetarios tras la crisis

Recorta a la mitad, de 60.000 a 30.000 millones de euros al mes, las compras de deuda y las prolonga nueve meses.

Bruselas

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Es el fin de una era. El Banco Central Europeo (BCE) ha aprobado este jueves empezar a reducir sus estímulos monetarios por primera vez tras el fin de la crisis financiera. La institución dirigida por Mario Draghi recortará desde enero a la mitad, de 60.000 a 30.000 millones de euros, el importe mensual de su programa de compra de deuda pública y privada. Un plan que se puso en marcha en marzo de 2015 y al que la mayoría de economistas atribuyen la recuperación de la eurozona.

Al mismo tiempo, el programa se prorroga otros 9 meses, hasta septiembre de 2018. Y el BCE se compromete a volver a ampliar su duración o aumentar la cantidad de compras mensuales si el entorno económico empeora. En esta cuestión, Draghi se ha impuesto a los consejeros más radicales, como los Alemania o Países Bajos, que apostaban por anunciar ya la fecha final definitiva del programa.

Además, el BCE reinvertirá en la compra de deuda los ingresos de los bonos que lleguen a vencimiento en los próximos meses. Una medida que podría suponer un estímulo adicional medio de 10.000 millones de euros al mes, según ha dicho el vicepresidente, Vítor Constancio.

Draghi mantiene el tipo de interés de referencia en el 0%, mientras que seguirá cobrando un 0,4% a los bancos que aparquen sus fondos en Fráncfort. El precio del dinero seguirá en mínimos "durante un largo periodo de tiempo" y mucho más allá del momento en que concluya la compra de bonos, ha prometido el BCE. Es decir, probablemente no habrá subidas de tipos hasta 2019.

Ejercicio de equilibrismo

Es la primera vez que el BCE reduce los estímulos monetarios desde 2011. En aquel momento, su entonces presidente, Jean-Claude Trichet, decidió subir los tipos de interés en dos ocasiones de forma prematura y acabó agravando la crisis de deuda de la eurozona.

Al adoptar esta decisión, Draghi ha tenido que realizar un difícil ejercicio de equilibrismo. Por un lado, es indiscutible que la economía de la eurozona avanza a velocidad de crucero. Creció a un ritmo del 2,3% durante el segundo trimestre del año, por encima del 2,2% en Estados Unidos, según los datos de Eurostat. La tasa de paro ha caído hasta el 9,1%, la más baja desde febrero de 2009.

Al mismo tiempo, una retirada precipitada de los estímulos podría asfixiar la economía y poner en riesgo la recuperación. Además, la inflación sigue estando por debajo del objetivo del 2% fijado por el BCE. En septiembre se situó en el 1,5%. Los salarios en la eurozona siguen estancados.

Las mayores presiones a Draghi le han llegado desde Berlín, que avisa del riesgo de creación de burbujas y reclama que ponga fin cuanto antes a la compra de deuda. El prestigioso instituto Ifo de Munich reclamaba al BCE que redujera el estímulo a cero ya en marzo.