El presidente Macron, durante la última cumbre de la UE

El presidente Macron, durante la última cumbre de la UE Geoffroy Van Der Hasselt/Reuters

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Primera victoria de Macron en la UE con las reglas para trabajadores desplazados

Los ministros de Trabajo de los 28 acuerdan endurecer las condiciones para el envío temporal de empleados a otro país miembro.

Bruselas

Es el primer gran éxito de la diplomacia europea de Emmanuel Macron. Durante sus primeros meses de mandato, el presidente francés ha convertido la reforma de la directiva sobre trabajadores desplazados en un símbolo de la Europa que protege, su idea de lo que debe ser la UE. A su juicio, las reglas vigentes favorecen la competencia desleal entre franceses y trabajadores enviados desde los países del este, que cobran hasta un 50% menos. Por ello, Macron ha invertido buena parte de su capital político en acabar con lo que tacha de dumping social, realizando incluso una gira de capitales por los países del este.

Sus esfuerzos acaban de dar fruto. Han permitido desencallar un expediente que estaba bloqueado desde hace un año y medio. Tras una jornada maratoniana de negociaciones en Luxemburgo, los ministros de Empleo de los 28 han logrado a última hora de la noche del lunes un acuerdo cuyo objetivo es endurecer las condiciones para el desplazamiento temporal de trabajadores dentro de la UE. Se trata de acabar con las lagunas de la legislación actual que facilitan los abusos y el fraude.

El propio Macron ha querido rápidamente apuntarse el tanto y poco después de que se alcanzara el compromiso ha saltado a Twitter para felicitarse por su triunfo. "Europa avanza. Saludo el acuerdo ambicioso sobre el trabajo desplazado: más protección, menos fraude", ha escrito el presidente francés.

Igual salario por el mismo trabajo

La norma en cuestión se aplica a los trabajadores enviados por su patrón a prestar un servicio en otro Estado miembro durante un periodo temporal, pero que siguen pagando las cotizaciones sociales en su país de origen. Una práctica frecuente sobre todo en la construcción, la industria, los servicios sociales y el asesoramiento de empresas. 

En conjunto, los trabajadores desplazados representan sólo el 0,9% del empleo total de la UE (alrededor de dos millones de personas). No obstante, su número ha aumentado casi un 41% entre 2010 y 2015, coincidiendo con la ampliación hacia los países del este. Además, existe una fuerte concentración de trabajadores desplazados en algunos Estados miembros como Alemania, Francia, Austria o Bélgica. Entre los que más envían se encuentran Polonia, Portugal o Croacia. En términos absolutos, España es el quinto país de la UE que más trabajadores desplazados envía (125.000) y el octavo que más recibe (60.000).

La normativa vigente, que data del año 1996, establece que los trabajadores desplazados deben cobrar al menos el salario mínimo del país de acogida y no fija ningún límite temporal para el desplazamiento. Esta regla se ha traducido en importantes diferencias salariales entre los trabajadores desplazados y los locales, especialmente en los Estados miembros con sueldos más altos: los desplazados acaban cobrando hasta un 50% menos que los locales en algunos sectores, según los datos de Bruselas.

La principal novedad de la reforma que acaban de aprobar los ministros de Empleo es que introduce el principio de igual salario por igual trabajo en el mismo lugar. Los trabajadores desplazados deberán cobrar lo mismo que los locales, incluyendo los complementos salariales. Además, a petición de Francia el periodo máximo de desplazamiento se reducirá a 12 meses, prorrogables otros 6 en circunstancias excepcionales (en lugar de los 24 que proponía Bruselas). Un límite sobre todo simbólico ya que actualmente la media de los envíos es de 4 meses.

Las concesiones de Macron

Para llegar a este compromiso, el Gobierno de Macron ha tenido que hacer también algunas concesiones. La nueva directiva no entrará en vigor hasta cuatro años después de su adopción definitiva -ahora queda que sea ratificada por la Eurocámara-, en lugar de los dos años de transición que propugnaba París. Y no se aplicará al sector del transporte por carretera, que se regirá por reglas específicas que deben aprobarse en el futuro.

Con esta excepción, Francia se ha ganado en el último minuto el apoyo de España, Portugal y otros países periféricos. Y ha evitado una fractura total entre el este y el oeste de Europa. Y es que en un primer momento, el Gobierno de Mariano Rajoy se había alineado con los países del este en su oposición a la reforma, precisamente por miedo a que dañase la competitividad del transporte por carretera. Macron se reunió con Rajoy el viernes durante la cumbre de Bruselas para abordar estas preocupaciones. 

Finalmente, sólo han votado en contra Polonia, Hungría, Lituania y Letonia. Por su parte, Reino Unido, Irlanda y Croacia se han abstenido.

Macron logra resarcirse así de las derrotas tempranas que ha sufrido ya en la escena bruselense su proyecto de "refundar" la UE. Durante la cumbre de la semana pasada, su plan para crear una nueva tasa a los gigantes de Internet fue vetado por Irlanda y Luxemburgo. Y sus reservas al acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur fueron ignoradas por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y países como España o Países Bajos. Los planes del presidente francés para la unión monetaria chocan también con el programa de los nuevos socios de coalición de la canciller Angela Merkel.