El papa Francisco recibe en audiencia a los líderes de los 27

El papa Francisco recibe en audiencia a los líderes de los 27 Andrew Medichini/Reuters

Europa

El papa Franciso avisa de que la UE corre "peligro de muerte" si no se renueva

En la vigilia del 60 aniversario del Tratado de Roma, apela a la "solidaridad" como mejor "antídoto" ante el auge de los populismos.

Bruselas

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La Unión Europea corre peligro de muerte si no logra ofrecer una nueva visión de futuro basada en la solidaridad, el único "antídoto" eficaz frente a los populismos. Es el contundente mensaje que ha lanzado este viernes el papa Francisco a los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 en la víspera del 60 cumpleaños del Tratado de Roma, punto de partida de la integración comunitaria. Los líderes europeos llegan a la cita divididos y asediados por múltiples crisis.

La audiencia papal conjunta en el Vaticano, que no tiene precedentes, responde a una invitación del pontífice argentino, que fue de inmediato aceptada por los mandatarios de los 27, entre ellos, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. No ha estado la primera ministra británica, Theresa May, que no participa en los festejos del 60 aniversario en Roma porque el próximo miércoles tiene previsto activar el brexit.

"Cuando un cuerpo pierde su sentido de dirección y ya no es capaz de mirar hacia adelante, experimenta una regresión y, a largo plazo, corre el riesgo de morir", ha avisado el papa Francisco a los líderes de los 27. Europa tiene que renovarse para responder a las dificultades y a las crisis del presente y encontrar respuestas para el futuro. "Hay muchas crisis que generan miedo y confusión profunda en nuestros contemporáneos, que buscan una nueva forma de imaginar el futuro", ha señalado.

A su juicio, la solución a los problemas que aquejan a la UE pasa sobre todo por redescubrir "la solidaridad, que es también el antídoto más eficaz contra las formas modernas de populismo". Un populismo que, según el pontífice, "es el fruto de un egoísmo que hace que la gente se pliegue en sí misma y les impide superar y ver más allá de su propia visión estrecha".

En un momento en que la UE se concentra en el refuerzo de las fronteras exteriores y la deportación de inmigrantes, el papa Francisco ha arremetido contra las "falsas formas de seguridad" y ha reclamado que Europa se abra al mundo. "No es suficiente gestionar la grave crisis migratoria de los últimos años como si fuera un simple problema económico o numérico, o una cuestión de seguridad", ha criticado.

La Unión Europea debe recuperar sus ideales y valores espirituales "con pasión y vigor renovado", ya que constituyen la mejor respuesta "al vacío de valores de nuestro tiempo, que proporciona un terreno fértil para todas las formas de extremismo", ha señalado el pontífice argentino. También ha reclamado a los líderes europeos que inviertan en paz y desarrollo y en los jóvenes y en la familia.

Rajoy se dirige a la audiencia con el Papa en el Vaticano

Rajoy se dirige a la audiencia con el Papa en el Vaticano Alessandro Bianchi/Reuters

En nombre de los 27 han tomado la palabra en la ceremonia el presidente de la Eurocámara, Antonio Tajani, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni. Ambos han aludido a las raíces cristianas de Europa, han admitido que en los últimos años "Europa no siempre ha mostrado la mejor cara al mundo" y se han comprometido a buscar nuevas ideas y soluciones para el futuro y los jóvenes.

Una Europa anciana

Pese a todo, el tono utilizado por el papa Francisco en la vigilia del 60 aniversario de la UE ha sido menos combativo que en otras ocasiones. En los últimos años, el pontífice ha criticado con dureza a la Unión por haberse transformado en una entidad burocrática que se resiste a acoger refugiados, no actúa ante la muerte de inmigrantes en el Mediterráneo y desatiende a los más afectados por la crisis económica. Y también ha avisado del riesgo del auge de los populismos, citando a Hitler como ejemplo.

"En los últimos años, a medida que la UE se ha ampliado, ha ido creciendo la desconfianza por parte de los ciudadanos hacia unas instituciones consideradas distantes, dedicadas a elaborar reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas", dijo el pontífice argentino en un discurso ante el Parlamento Europeo en noviembre de 2014. Era la primera vez que un papa visitaba la Eurocámara en 25 años y todavía no se había desencadenado la crisis de los refugiados ni la de seguridad, ni el brexit.

"Desde muchas partes se percibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni dinámica. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones", señaló el papa Francisco en un diagnóstico sin concesiones.

¿Raíces cristianas de la UE?

Otro de los motivos de distanciamiento con el Vaticano ha sido la negativa de los líderes de la UE a introducir referencias a las "raíces cristianas" de Europa en los Tratados comunitarios. Esta cuestión se debatió ampliamente durante la redacción de la fallida Constitución Europea en 2004. Un grupo de países, liderados por Italia y Polonia, querían incluir una mención al cristianismo en el preámbulo.

Pero la iniciativa fue rechazada por otro bando encabezado por Francia y los nórdicos, al que se acabó sumando España, en aquel momento con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente. Alegaban que esta alusión podría interpretarse como un rechazo a los musulmanes que viven en Europa y a Turquía como país candidato a entrar.

Finalmente, el Tratado de Lisboa contempla por primera vez un fundamento jurídico para un "diálogo abierto, transparente y regular" entre las instituciones de la Unión y las iglesias, asociaciones religiosas y organizaciones filosóficas y no confesionales. "La Unión respetará y no prejuzgará el estatuto reconocido en los Estados miembros, en virtud del derecho interno, a las iglesias y las asociaciones o comunidades religiosas", señala el nuevo artículo. 

A partir de esta disposición, la Comisión y la Eurocámara organizan regularmente encuentros en Bruselas con representantes de las distintas confesiones religiosas.