Establecimientos de servicios sexuales en Japón.

Establecimientos de servicios sexuales en Japón. Reuters

Asia

Inspectora de Hacienda de día, trabajadora sexual de noche: las sanciones a funcionarios con 'doble vida' aumentan en Japón

Profesores, bomberos y otros empleados públicos han sido expedientados por compaginar su trabajo con la industria del sexo.

Lo hacen para saldar deudas contraídas por inversiones en criptomonedas, el fenómeno fan de los ídolos o el elevado gasto en clubes.

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Tokio
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Las claves

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Funcionarios japoneses han sido sancionados por trabajar en la industria del sexo para hacer frente a deudas y gastos personales.

Las segundas actividades incluyen empleos en prostíbulos, soaplands y citas remuneradas, a menudo para financiar aficiones costosas o cubrir pérdidas financieras.

La ley japonesa prohíbe que empleados públicos tengan un segundo empleo, lo que restringe sus opciones para obtener ingresos adicionales.

Expertos señalan que estos casos reflejan cambios económicos y sociales en Japón, donde el consumo y la presión financiera afectan incluso a quienes tienen empleos estables.

La funcionaria trabajaba en una oficina tributaria de la prefectura de Saitama y llevaba una vida aparentemente discreta. Sin embargo, fuera del horario laboral había construido una segunda actividad que terminó costándole el puesto.

Según la investigación interna, compaginaba su empleo con trabajos en cinco prostíbulos y encuentros de papakatsu -una modalidad de citas remuneradas- con una treintena de hombres.

En total obtuvo alrededor de 2,3 millones de yenes (unos 13.500 euros) que, según declaró, destinó casi íntegramente a financiar su pasión por un grupo de idols en un circuito clandestino, donde algunos seguidores llegan a gastar auténticas fortunas para conseguir unos minutos de atención de sus artistas favoritos.

El caso, destapado recientemente y saldado con una sanción disciplinaria y la dimisión voluntaria de la empleada, podría interpretarse como una extravagancia más dentro de la peculiar cultura del entretenimiento japonesa. Sin embargo, los expedientes abiertos durante los últimos años dibujan un patrón mucho más amplio.

Profesores de Primaria, inspectoras de Hacienda, bomberos y otros empleados públicos han sido descubiertos compaginando su trabajo con la industria del sexo para hacer frente a deudas acumuladas por inversiones fallidas en criptomonedas, operaciones especulativas en el mercado de divisas, el gasto en host clubs o la obsesión por determinados ídolos.

En un país donde la ley prohíbe, salvo contadas excepciones, que los funcionarios desempeñen un segundo empleo, cada nuevo caso ha reabierto el debate sobre el deterioro del poder adquisitivo, el endeudamiento privado y los límites del modelo laboral japonés.

En 2024, una empleada de una oficina tributaria de la prefectura de Aichi fue sancionada después de descubrirse que trabajaba en un soapland -un establecimiento de baños personales- y otros establecimientos de la industria del sexo, además de obtener ingresos mediante papakatsu.

La investigación concluyó que había percibido cerca de 1,9 millones de yenes al margen de la Administración, lo que le supuso una reducción salarial antes de presentar su dimisión.

Dos años antes, otra empleada de la Agencia Tributaria de Tokio había recibido una sanción similar tras compatibilizar su puesto con el trabajo en un soapland para costear sus frecuentes visitas a host clubs, locales donde jóvenes anfitriones entretienen a clientas que, en algunos casos, llegan a gastar miles de euros en una sola noche.

Personal del departamento de bomberos de Tokio.

Personal del departamento de bomberos de Tokio.

La lista de expedientes es larga y afecta a perfiles muy distintos. Entre los casos más llamativos figura el de un bombero de la ciudad de Koshigaya que participó en el rodaje de películas pornográficas para saldar las deudas que había acumulado.

También el de una profesora de Primaria del área metropolitana de Tokio que, después de perder una importante suma de dinero en una estafa relacionada con criptomonedas, recurrió a un segundo empleo prohibido por la normativa de la función pública.

Aunque las circunstancias son diferentes, la mayoría de los expedientes comparten un mismo patrón: empleados con un puesto estable que necesitan conseguir grandes cantidades de dinero en poco tiempo para hacer frente a deudas o gastos que superan con creces sus ingresos.

Los expertos consideran que esa combinación ayuda a explicar por qué estos casos se repiten. Los funcionarios japoneses disfrutan de una estabilidad laboral que sigue siendo muy valorada, especialmente desde que el empleo de por vida ha ido perdiendo peso en muchas empresas privadas. Sin embargo, esa seguridad tiene una contrapartida.

Cuando aparecen problemas económicos graves, ya sea por inversiones fallidas, consumo compulsivo o aficiones convertidas en una fuente constante de gasto, sus posibilidades de obtener ingresos adicionales son mucho más reducidas que las de un trabajador del sector privado.

Los especialistas creen que este tipo de expedientes también refleja cambios más amplios en la sociedad japonesa. Durante décadas, el empleo público se identificó con una vida económica relativamente previsible.

Sin embargo, la expansión de las inversiones de alto riesgo, el auge de formas de ocio que pueden generar un fuerte gasto y el aumento del coste de la vida han alterado ese equilibrio.

Una de las funcionarias anónimas habla en la TV japonesa.

Una de las funcionarias anónimas habla en la TV japonesa.

Los casos conocidos en los últimos años apuntan a que algunos funcionarios ya no se enfrentan únicamente al riesgo de perder su empleo por una falta disciplinaria, sino también a una creciente presión económica que antes era mucho menos habitual.

En ese contexto, las deudas ya no están vinculadas únicamente a situaciones de precariedad. Muchos de los expedientes disciplinarios tienen su origen en decisiones de consumo o de inversión que acaban desbordando a sus protagonistas.

Los funcionarios implicados no encajan en el perfil habitual de la exclusión social, buscan obtener en unas horas unos ingresos imposibles de conseguir mediante un trabajo parcial convencional.

Endeudarse para experimentar sensaciones

La antropóloga Chiaki Nishijima, profesora de la Universidad de Oslo, considera que reducir estos expedientes a una simple falta disciplinaria impide entender el contexto en el que se producen.

En sus investigaciones sostiene que detrás de muchos de estos casos confluyen el aumento del coste de la vida, determinadas formas de consumo y las limitaciones que impone el empleo público japonés para obtener ingresos adicionales.

Desde esa perspectiva, las sanciones no solo reflejan incumplimientos de la normativa, sino también los cambios económicos y sociales que afectan a una parte de la clase media japonesa. Nishijima sostiene que estos casos no pueden entenderse sin observar cómo ha cambiado el consumo en Japón durante la última década.

En sus investigaciones explica que una parte creciente del gasto ya no se dirige solo a bienes materiales, sino también a experiencias y relaciones percibidas como personales.

Los host clubs, los encuentros con idols y otras formas de entretenimiento basadas en la interacción directa con artistas generan vínculos emocionales que, en algunos casos, llevan a determinados consumidores a gastar muy por encima de sus posibilidades.

"No basta con explicar estos casos como un problema de irresponsabilidad individual", afirma. "También hay que preguntarse por qué algunas personas sienten la necesidad de mantener ese consumo incluso cuando pone en riesgo su estabilidad financiera", subraya la académica.

Para muchos especialistas, la principal novedad no es que algunos funcionarios recurran al trabajo sexual para obtener ingresos extraordinarios, sino que problemas como el sobreendeudamiento, la especulación financiera o el consumo compulsivo hayan alcanzado a uno de los colectivos tradicionalmente asociados a la estabilidad laboral.

Más que casos aislados, estos expedientes reflejan los cambios económicos y sociales que atraviesa Japón y muestran que ni siquiera el empleo público garantiza hoy quedar al margen de esas nuevas formas de presión económica.