Un cartel promocional en las calles de Tokyo.

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Asia

El oscuro negocio de los "urisen", los 'chaperos' que venden su cuerpo en Japón

Hombres que no pueden ser abiertamente homosexuales usan estos servicios, en los que falta información de enfermedades de transmisión sexual.

¿Cómo acaba un joven heterosexual teniendo sexo con hombres de 70 años que le escupen, le mean y le cagan encima? La respuesta la da un turbio negocio que se ha desarrollado en Shinjuku Ni-chōme, el barrio de Tokyo con mayor cantidad de bares gay. Hombres homosexuales acuden aquí para contratar a jóvenes que necesitan dinero y que son en su mayor parte heterosexuales.

Esta realidad la refleja el documental 'Boys for Sale', estrenado el pasado 26 de noviembre en Japón. 10 años de trabajo y cuatro de producción han servido para contar la falta de protección y desinformación en esta actividad dentro de una sociedad en la que el sexo entre hombres no está bien visto.

Boys for Sale

Sexo entre hombres mal visto

"Si nunca lo has experimentado, es difícil de comprender". Así empieza el documental que relata las experiencias de estos hombres conocidos como "urisen". La frase viene de un exprostituto que señala como la clave al dinero. Incluso, como él dice para que estos trabajadores, que en su mayoría no son gays (e incluso tienen consentimiento de sus novias), consigan una erección: "Ganar dinero te la pondrá dura".

El mánager de uno de los bares urisen, Hayami, cuenta cómo el negocio ayuda a resolver el tabú del sexo entre hombres en Japón y a aquellos que no pueden vivir como hombres abiertamente homosexuales en el país, avergonzados y con sentimientos negativos: "Nuestro trabajo es resolver este problema y consolar las almas de nuestros clientes".

Una actividad legal

Este distrito de Tokyo cuenta con 800 negocios para satisfacer la demanda de los homosexuales, que incluyen bares, clubs de baile y sex shops. A estos prostitutos, sin embargo, se accede sobre todo a través de internet.

Se trata de una actividad legal, puesto que la normativa japonesa prohíbe la prostitución como la actividad del sexo vaginal. Es por ello que es difícil calcular la cantidad de hombres que se dedican a ello. El productor del documental, Ian Thomas Ash, estima que serán alrededor de mil.

Ash señala los grandes problemas de estas transacciones: "Tendemos a pensar en el trabajo sexual de una manera moderna, en la que las personas entienden los riesgos que están asumiendo. Pero rápidamente quedó muy claro que no era el caso con muchos de los jóvenes en Ni-chōme"

Una imagen del documental, que añade escenas animadas.

Una imagen del documental, que añade escenas animadas.

Estas relaciones que incluyen sadomasoquismo, algo que llamó la atención a los propios trabajadores, que durante el documental cuentan como no tienen información sobre las enfermedades de transmisión sexual y que incluso no usaban preservativo. "Les falta entendimiento e incluso carecen de vocabulario para hablar de ello", cuenta Ash. Por ello en estas relaciones no siempre se usa preservativo.

50 euros por servicio

Mencionan además que entre los clientes se encuentran políticos famosos y jefazos de la policía metropolitana. El servicio empieza con el cliente conociendo copa en mano a uno de los urisen, que tienen entre 20 y 22 año generalmente. Esto dura media hora y cuesta el equivalente a cuatro euros. A partir de ahí, si se quiere estar una hora con el trabajador, han de abonarse otros 50 euros.

A Ash también les chocó cómo Fukushima había provocado que muchos jóvenes se trasladasen a Tokyo. Parte de ellos, por las circunstancias, han acabado dedicándose a la prostitución. Es el caso de los urisen, que conviven aglutinados en pequeñas habitaciones. Algunos lo hacen para ayudar económicamente en sus hogares, otros tras escapar de casa por las malas relaciones con sus familias. También los hay como Kento, un joven que está contento por dedicarse a ello: "Para mí este trabajo es un sueño hecho realidad".