Sophie Cunningham, la 'Barbie MAGA' del baloncesto.

Sophie Cunningham, la 'Barbie MAGA' del baloncesto. Tenor

EEUU

Sophie Cunningham, la 'Barbie MAGA' del baloncesto que Trump convierte en el símbolo de su veto a las atletas 'trans'

Cunningham cree que las niñas no deberían enfrentarse a "hombres biológicos" en competiciones deportivas. La Casa Blanca aprobó su mensaje.

Más información: El veto de Trump a los transexuales en el Ejército descoloca al Pentágono

Denver
Publicada
Las claves

Las claves

Sophie Cunningham, jugadora suplente de las Indiana Fever en la WNBA, ha generado polémica al declarar que las mujeres trans no deberían competir en categorías femeninas.

Donald Trump ha respaldado públicamente a Cunningham, convirtiéndola en símbolo de su política de veto a las atletas trans en el deporte femenino de EE.UU.

La popularidad de Cunningham creció tras defender a su compañera Caitlin Clark en un altercado, lo que la llevó a convertirse en una figura mediática más allá de sus logros deportivos.

Las declaraciones de Cunningham han provocado una fuerte división en la liga y en la opinión pública, recibiendo tanto abucheos como apoyo en los partidos y redes sociales.

Sophie Cunningham no es una de las mejores jugadoras de la WNBA, la liga profesional femenina de baloncesto de Estados Unidos. Es suplente y esta no ha sido su mejor temporada, pero su nombre lleva varios días copando titulares.

La jugadora de las Indiana Fever ha afirmado que las mujeres trans no deberían competir en categorías femeninas porque las niñas "no tendrían que enfrentarse a hombres biológicos". Donald Trump ha respaldado sus palabras y la Casa Blanca la ha convertido en el nuevo rostro de una de sus grandes guerras culturales.

Su ascenso no se explica por sus estadísticas. Cunningham se hizo famosa como la "guardaespaldas" de Caitlin Clark, la mayor estrella del baloncesto femenino estadounidense, y construyó alrededor de su carácter combativo una popularidad que supera ampliamente sus logros deportivos.

Ahora, sus declaraciones han añadido una dimensión política a ese personaje. Ella asegura que se encuentra "en el centro" y rechaza el apodo de "Barbie MAGA", pero Trump ya ha encontrado en esta jugadora de 29 años una portavoz tan popular como inesperada.

De leyenda en Misuri a suplente en la WNBA

Antes de ocupar un papel secundario en la WNBA, Cunningham había sido la mayor estrella del baloncesto femenino de Misuri.

Creció en Columbia, la ciudad donde se encuentra la principal universidad del estado, dentro de una familia consagrada al deporte. Sus padres, Jim y Paula, habían competido para la Universidad de Misuri y su hermana mayor, Lindsey, jugó allí al baloncesto. Sophie parecía destinada a seguir el mismo camino.

En el instituto Rock Bridge destacó en baloncesto, voleibol y atletismo. También se incorporó al equipo de fútbol americano y se convirtió en la primera chica del centro que anotaba un punto.

Pero fue con el balón entre las manos donde construyó su leyenda: condujo al instituto a cuatro campeonatos estatales consecutivos y terminó su etapa escolar como una de las jugadoras más prometedoras del país.

Pese a recibir ofertas de algunas de las grandes universidades estadounidenses, Cunningham decidió quedarse en Columbia.

En su cuarto partido con los Tigers anotó 42 puntos, un récord histórico. Durante los cuatro años siguientes se convirtió en la máxima anotadora de la Universidad de Misuri y llevó al equipo a cuatro torneos universitarios nacionales. En 2025, la universidad la incluyó en su Salón de la Fama.

Su dominio, sin embargo, no sobrevivió al salto a las grandes ligas.

En 2019, Phoenix Mercury la eligió con el número 13 del draft y, durante seis temporadas, Cunningham alternó la titularidad con el banquillo sin llegar a convertirse en una de las grandes figuras de la WNBA. Era una pieza útil, especialmente por su intensidad y un juego físico que incomodaba a sus rivales, pero su nombre apenas trascendía fuera de la liga.

En febrero de 2025 fue traspasada a las Indiana Fever, el equipo de Caitlin Clark. Cunningham continuó ocupando un papel secundario, pero entró en el vestuario más observado del baloncesto femenino estadounidense. Allí, una pelea de apenas unos segundos le proporcionaría la fama que no había conseguido con su juego.

La falta que lo cambió todo

El 17 de junio de 2025, durante un partido contra Connecticut, una rival golpeó a Caitlin Clark en un ojo y otra la empujó al suelo. A falta de menos de un minuto, Cunningham se abalanzó sobre la primera, la agarró y la derribó junto a la banda.

La acción desencadenó una bronca que terminó con su expulsión. En las redes, sin embargo, no fue presentada como una agresora, sino como la compañera que finalmente se había atrevido a defender a la gran estrella de la liga.

El vídeo la convirtió en la "guardaespaldas" de Clark. Cunningham aseguró que no buscaba hacerse viral y apeló a una norma elemental del vestuario: las compañeras se protegen entre ellas.

El relato funcionó. En pocas semanas superó el millón de seguidores tanto en Instagram como en TikTok, firmó acuerdos con Adidas, Arby's (una cadena de comida rápida) y la empresa de seguridad Ring —que bromeó con su capacidad para proteger también su "pista de casa"— y estrenó un pódcast.

La falta no la convirtió en una jugadora mejor, pero sí en una marca mucho más rentable.

Un año después, permaneció durante 22 segundos señalando a una rival y mirándola fijamente sin pronunciar una palabra. El gesto se convirtió en un meme y la Casa Blanca lo combinó con unas imágenes de Trump señalando a cámara.

Para entonces ya circulaba el apodo de 'Barbie MAGA', una mezcla de su imagen rubia y cuidada con la identidad conservadora que seguidores y críticos proyectaban sobre ella.

Trump corona a su 'Barbie MAGA'

Cunningham ya había dado algunas pistas sobre sus posiciones. En 2022, cuando la nadadora Lia Thomas se convirtió en la primera deportista trans en ganar un campeonato universitario nacional en Estados Unidos, reposteó un mensaje que aseguraba que las atletas femeninas "merecían mucho más que esto".

La publicación provocó críticas, pero quedó sepultada antes de que Cunningham alcanzara su actual popularidad.

La controversia ha regresado ahora con una dimensión mucho mayor. En una entrevista con ESPN, Cunningham afirmó que quería proteger a las niñas en los vestuarios y en las competiciones porque no deberían tener que enfrentarse a "hombres biológicos".

Sophie Cunningham, la 'Barbie MAGA' del baloncesto que Trump ha convertido en símbolo de su veto a las atletas trans

Sophie Cunningham, la 'Barbie MAGA' del baloncesto que Trump ha convertido en símbolo de su veto a las atletas trans @IndianaFever X

Ante quienes la acusaron de atacar a las personas trans, aseguró que no odia a nadie y que hay espacio para todos, pero se negó a rectificar. "He dicho lo que he dicho. Es una cuestión de sentido común", respondió al ser preguntada de nuevo.

La Casa Blanca vio inmediatamente una oportunidad. La portavoz de Trump, Karoline Leavitt, anunció que el presidente estaba siguiendo la polémica y aseguró que Cunningham había dicho "la verdad" y calificó de sorprendente la reacción de la izquierda.

El Departamento de Educación fue todavía más lejos: publicó una imagen de la jugadora con una corona y el mensaje "El sentido común prevalece".

Para una Administración que ha convertido la exclusión de las atletas trans de las categorías femeninas en una prioridad, Cunningham ofrecía algo difícil de encontrar: una deportista en activo, con millones de seguidores y dispuesta a defender públicamente su posición.

Su mensaje, además, tiene un respaldo que supera al electorado republicano.

Una encuesta nacional de la Universidad Quinnipiac publicada en junio concluyó que el 70% de los votantes estadounidenses se opone a que mujeres y niñas trans compitan en equipos escolares femeninos.

La magnitud política del debate contrasta con su presencia real en la competición profesional: nunca ha habido una mujer trans públicamente reconocida en la WNBA.

Dentro de la liga, sin embargo, las palabras de Cunningham han provocado una rebelión.

Una entrenadora rival calificó de "repugnante" que los políticos centraran sus ataques en una comunidad tan pequeña y una antigua compañera afirmó que muchas opiniones sobre las personas trans se basan en el miedo y los prejuicios.

La división terminó llegando a los estadios. En su último partido en Seattle, Cunningham fue abucheada cada vez que salió a jugar, mientras varias decenas de personas se concentraban fuera para respaldarla.

Una rival calentó con una camiseta que rezaba "los derechos trans son derechos humanos" y las Indiana Fever evitaron que Cunningham respondiera después a preguntas sobre la polémica.

La jugadora insiste en que se define como una persona situada "muy en el centro", capaz de coincidir y discrepar con ambos partidos. Pero ya no controla el significado de su imagen.

Trump no necesita que se afilie al Partido Republicano: le basta con que millones de personas la identifiquen con una de sus principales batallas. Cunningham puede seguir afirmando que ocupa el centro. El problema —o quizá el éxito— es que se ha convertido en la línea que separa a los dos bandos.