Un grupo de manifestantes prende fuego a una pancarta con la imagen de Donald Trump durante una concentración para conmemorar el Día de al-Quds, tras las oraciones del viernes en Estambul.

Un grupo de manifestantes prende fuego a una pancarta con la imagen de Donald Trump durante una concentración para conmemorar el Día de al-Quds, tras las oraciones del viernes en Estambul. Murad Sezer Reuters

EEUU

Irán deja en evidencia a Trump en el peor día para EEUU desde el comienzo de la guerra

El régimen paseó a sus líderes por las calles de Teherán con motivo de la celebración del Día de Al Quds, contradiciendo las afirmaciones de Pete Hegseth de que estaban escondidos "como ratas".

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Las claves

Trump insiste en que los líderes iraníes están acorralados y que es un honor matarlos, aunque no hay pruebas de la muerte o desaparición de la cúpula iraní.

Altos dirigentes iraníes, incluido el presidente Pezeshkian, participaron públicamente en una gran manifestación en Teherán, desmintiendo la narrativa estadounidense de un régimen descabezado.

El control iraní del estrecho de Ormuz y la amenaza de intervención terrestre estadounidense han disparado el precio del petróleo y la incertidumbre en los mercados globales.

Seis soldados estadounidenses murieron en un accidente aéreo en Irak, el día más letal para EE.UU. desde que comenzó la guerra, mientras crece la presión interna contra la gestión de Trump.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes que los líderes iraníes son "escoria enloquecida" y que para él es un honor matarlos uno a uno.

En un mensaje en redes sociales, repitió su idea de que los que no estaban ya muertos lo estarían en breve si no se plegaban a las exigencias estadounidenses.

En el mismo sentido, su secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró en rueda de prensa que los líderes iraníes estaban muertos de miedo y escondidos en túneles y búnkeres, "como las ratas".

Es una idea que la Casa Blanca lleva repitiendo desde que matara al líder supremo, Alí Jamenei, durante el primer día de bombardeos, además de, probablemente, herir a su hijo y sucesor, Mojtaba Jamenei, de quien Hegseth aseguró que estaba en estado grave y "desfigurado".

No hay evidencia al respecto, aunque desde Israel se repite la misma información. Ahora bien, por mucho que se insista en ello, no está tan claro que el régimen haya quedado descabezado y este mismo viernes, lo demostró públicamente con una gran manifestación en Teherán con motivo del Día de Al Quds, celebración anual que coincide con el último viernes del Ramadán.

A la misma, acudió el presidente iraní, Masud Pezeshkian, así como el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, Alí Larijani, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y el jefe del aparato judicial, el clérigo Gholamhossein Mohseni-Ejei.

El hecho de que se mostraran ante las cámaras y caminaran entre los manifestantes que celebraban la resistencia de Irán a los ataques de Israel y Estados Unidos ya es de por sí una pésima noticia para Trump y Hegseth… el que lo hicieran todos juntos, en la misma ciudad y en el mismo acto, no habla demasiado bien de la inteligencia militar de los países agresores.

Trump vinculó el pasado martes el final de la guerra a la desaparición de los líderes enemigos. No tanto a un cambio de régimen como tal, sino a que llegara un momento en el que no hubiera reemplazos posibles y, por lo tanto, la rendición fuera inevitable e incondicional.

Eso no funcionó en Gaza con Hamás, cuyos líderes han sido asesinados repetidas veces por las FDI sin que eso impida que la organización siga gobernando en la Franja, y tampoco funcionó en el Líbano con Hezbolá.

Por supuesto, ambas bandas terroristas quedaron muy debilitadas, pero no desaparecieron.

Ormuz, en espera

Prueba del estancamiento de una operación militar destinada a durar como máximo tres o cuatro semanas y que Trump ya ha dado por acabada varias veces, a la espera de que él mismo decida cuándo retirar las tropas —"cuando lo sienta en mi interior", dijo místicamente en una entrevista televisada— es el hecho de que el Pentágono esté planteándose enviar una o dos unidades expedicionarias del cuerpo de Marines a la zona de combate.

Cada unidad suele estar compuesta por 2.500 hombres.

Por supuesto, este rumor ha caído como una losa en los mercados, pues apunta a una intervención terrestre y, en consecuencia, a una prolongación del conflicto con los problemas que está creando a nivel comercial y energético.

Si las palabras de Trump del martes, hablando de un "final inminente" de la guerra provocaron que el precio del barril Brent bajara hasta los 87 dólares, este viernes volvió a rozar los 105 dólares, la cifra más alta desde el inicio de la guerra de Ucrania en la primavera de 2022.

No hay, además, señales de que la sangría comercial vaya a mejorar en el corto plazo.

Irán sigue controlando el estrecho de Ormuz a su antojo, dejando entrar solo aquellos barcos de países afines, por ejemplo, Turquía.

El bloqueo de tan importante paso de petroleros afecta especialmente a China y al continente asiático, pero, por derivación, puede provocar una subida del precio de la energía en todo el mundo y que la inflación vuelva a dispararse, como sucedió en 2022 y 2023. Un escenario de pesadilla.

Aunque Trump ha declarado numerosas veces que no dudaría a la hora de tomar acciones militares para acabar con el bloqueo de Ormuz, lo cierto es que esas acciones no llegan y que tanto Hegseth como Scott Bessent, secretario del Tesoro, las han retrasado hasta el momento en el que "sean militarmente posibles", sin querer dar una fecha exacta.

Eso tampoco anima a los mercados y desde luego no parece indicar que la guerra esté acabada, como repite la Casa Blanca.

Más muertos

La gran baza de Irán en un conflicto en el que, obviamente, su ejército es inferior al de sus dos enemigos, es castigar a sus gobiernos ante la opinión pública.

Un recurso es el comercial: disparar los precios hasta que los ciudadanos exijan a sus líderes que pongan fin a la guerra.

El otro es causar el mayor número de bajas entre sus filas, aunque sea en bases militares situadas en otros países, para que la presión de los ataúdes provoque la indignación social.

En ese sentido, el viernes fue el peor día para Estados Unidos desde el inicio de la guerra, con la confirmación de la muerte de seis soldados en un avión militar de repostaje.

El avión se habría estrellado el jueves en el oeste de Irak mientras que otro habría sufrido daños que obligaron a un aterrizaje de emergencia en Israel.

Aunque el Pentágono inmediatamente quiso dejar claro que el accidente no se debía a fuego amigo o ajeno, tampoco precisó las razones por las que dos aviones que viajaban juntos habían sufrido percances inesperados en el aire.

La Resistencia Islámica de Irak se ha atribuido el derribo del avión, pero sin presentar prueba alguna.

Con estas seis nuevas bajas, ya son trece los soldados estadounidenses fallecidos desde el inicio de la operación Furia Épica. De momento, no es una cifra demasiado alta y tanto Hegseth como Trump la vienen a justificar con un "en una guerra, hay muertos" que no indica demasiada empatía.

El problema es que el multimillonario había llegado a la Casa Blanca asegurando que eso jamás pasaría con él en la presidencia y los aislacionistas de MAGA, incluyendo al vicepresidente J. D. Vance, están que trinan con la arriesgadísima decisión de Trump y sus consecuencias.