Trump durante un acto este miércoles en Connecticut

Trump durante un acto este miércoles en Connecticut Reuters

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Donald Trump se asoma al 'impeachment': su semana más negra en la Casa Blanca

Aunque los republicanos no le dejarán, el tabú del juicio político al magnate se ha roto incluso entre los suyos.

Washington está ya habituada a amanecer a golpe de escándalo, filtraciones o nuevas revelaciones sobre las conexiones del equipo electoral de Donald Trump y Moscú. Sin embargo, los últimos dos episodios protagonizados por el presidente y conocidos esta semana, la revelación de información clasificada a Rusia y la supuesta petición al exdirector del FBI para que frenara una investigación sobre uno de sus asesores, han puesto sobre la mesa como una opción ya no tan descabellada la apertura de un juicio político o procedimiento de ‘impeachment’ que pueda acabar en destitución.

Esta posibilidad es harto improbable todavía, pero que ha dejado de ser una alternativa lejana y un tabú entre los conservadores que, de hecho, ya incluso empiezan reclamarla en el Congreso. No obstante, según diversos expertos, los republicanos no querrán recorrer esta senda al menos hasta ver qué ocurre en las elecciones legislativas de 2018, donde muchos de ellos se la juegan.

A pesar de que la posibilidad de impeachment ya ocupa abiertamente titulares y tertulias de los medios norteamericanos, y aunque inicialmente los republicanos guardaron silencio y no salieron a defender a su presidente ante la aparición de estas noticias, este miércoles los principales líderes conservadores han vuelto a respaldar al millonario, limitándose a solicitar que se esclarezcan los hechos.

Así lo ha hacho Paul Ryan, líder de la mayoría republicana en el Congreso, que en rueda de prensa aseguró este miércoles que sigue confiando en el magnate, aunque añadió que “necesitamos conocer los hechos”, en referencia a si Trump solicitó o no al FBI detener una investigación sobre uno de sus asesores. Estos “hechos” que reclama Ryan acabarán esclareciéndose, ya que el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, liderado por un conservador, ha demandado al FBI toda la documentación y grabaciones que existan sobre las reuniones mantenidas entre el presidente y el exdirector de la agencia federal James Comey. Este material ya ha empezado a ser publicado por los medios, por lo que en los próximos días podrían aparecer nuevas revelaciones.

Para situar el relato de lo ocurrido en la últimas horas, conviene recordar que Trump encara en estos momentos dos escándalos mayúsculos. El primero, la supuesta revelación de información clasificada a las autoridades rusas durante una reunión que mantuvo la pasada semana en la Casa Blanca con el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. El presidente habría comentado detalles relacionados con la lucha antiterrorista conseguidos a través de sus aliados israelíes, algo que no supone ninguna ilegalidad, ya que el presidente tendría el “derecho” a hacerlo, como él mismo ha remarcado.

El segundo, la publicación de unas notas del exdirector del FBI James Comey -despedido por Trump la pasada semana también con polémica, ya que la agencia federal estaba llevando a cabo una investigación sobre los lazos de su campaña electoral con Rusia, que habrían sido escritas durante una reunión con el presidente. En estos papeles, Comey asegura que el magnate le pidió que frenara una investigación sobre su ex asesor de seguridad nacional Michael Flynn, que se estaba llevando a cabo. Aquí es donde algunos interpretan que podría existir obstrucción a la justicia, lo que podría desencadenar un proceso de impeachment.

Pasos para abrir un 'impeachment'

Para abrir un juicio político contra un presidente, un miembro de la Cámara de Representantes debe proponerlo y un comité legal -presidido por un republicano en la actualidad- aprobarlo. De pasar ese filtro, deberá lograr una mayoría simple en esta cámara, y luego, otra de dos tercios del Senado. Actualmente, los dos niveles del Congreso están controlados por los republicanos, por lo que no parece un escenario plausible a corto plazo.

No obstante, algunos congresistas conservadores van cambiando el tono sobre Trump, y no sólo críticos habituales como John McCain. El que ha ido más lejos por ahora ha sido Justin Amash, representante por Michigan, que ha hablado directamente sobre la posibilidad de dar el paso del impeachment si se demuestra que realmente presionó a Comey. No obstante, no es una posición aún mayoritaria en el partido. En la oposición también surgen voces en este sentido, como la del legislador demócrata Al Green, de Texas, que también lo ha reclamado abiertamente.

Diversos expertos consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que es poco probable que de momento el Congreso actúe contra Trump por varios motivos, principalmente porque los republicanos no parecen dispuestos a dejar caer a un presidente popular entre sus bases, con unas elecciones legislativas en el horizonte de 2018.

James Coleman Battista, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Buffalo, asegura a este periódico que en el caso de los juicios políticos “es el Senado el que conduce estos procedimientos, no los tribunales”, por lo que “puede usar las reglas que los senadores quieran”. De este modo, para lanzar una acusación contra el presidente sólo sería necesario la voluntad de la Cámara, controlada por los republicanos, con independencia de que haya o no delito.

El poco tirón de Pence

A su juicio, los conservadores “se enfrentan a un dilema difícil”. “Por un lado, hay una marea creciente de oposición a Trump que podría afectar a las elecciones de 2018. Eliminar al presidente y reemplazarlo por el vicepresidente Mike Pence puede reducir las opciones de los demócratas de hacer oposición, ya que tendrían en frente a un líder conservador básicamente normal. Pero por otro lado, sigue siendo bastante popular entre los republicanos y entusiasma a muchos votantes. Destituirlo llevaría a los congresistas republicanos a enfrentarse luego en primarias a candidatos alineados con el magnate, y además podría deprimir el apoyo a su partido en 2018”.

Jacob Neiheisel, profesor de Ciencias Políticas de la misma Universidad, coincide en que la petición de Trump al exdirector del FBI sólo podrá ser considerada obstrucción a la justicia “si una mayoría de la Cámara de Representantes lo decide para iniciar un proceso de impeachment”. Sin embargo, este experto no cree que ese asunto “sea el mayor problema del presidente en estos momentos, ya que compartir información clasificada con Rusia podría ser percibido como algo más grave por los miembros del Congreso”.

“Teniendo en cuenta que el Congreso está controlado por los republicanos, dudo mucho que se haga algo que precipite una pérdida de apoyo entre las bases del partido. Si los escándalos continúan, pero tengo mis dudas de que la mayoría del partido esté listo para hacer algo tan drástico por el momento”, precisa a EL ESPAÑOL.

MISMO PATRÓN QUE NIXON

Kari J. Winter, profesora de Estudios Americanos y Transnacionales del Institute for Research and Education on Women and Gender, sí tiene claro que “cuando un presidente intenta detener una investigación del FBI sobre el comportamiento de sus asesores, estamos ante un intento de obstruir la justicia”. “Si las alegaciones de Comey son correctas, la conducta de Trump amenaza la separación de poderes,  una piedra angular de la democracia estadounidense”.

En su opinión, este caso “constituye una pieza importante más en un conjunto de evidencias de comportamiento poco ético y peligroso de un presidente que habitualmente abusa de su poder”. En cuanto a si esto puede terminar en impeachment, señala que “el comportamiento de Trump en relación con Comey, Flynn y Rusia repite el patrón por el cual Richard Nixon fue acusado. Las consecuencias dependen de si los republicanos, que controlan las cámaras, deciden colocar los intereses del país por encima de sus estrechos intereses partidistas”.

No obstante, Winter considera en que finalmente ocurrirá. “La historia no está del lado de Trump, porque la verdad saldrá. A juzgar por sus declaraciones públicas, la mayoría de los republicanos tardan en comprender que su apoyo al presidente les causará daños a largo plazo”, indica a este periódico.

Trump durante un acto en una Academia de la Guardia Costera

Trump durante un acto en una Academia de la Guardia Costera Reuters

Mientras, la opción de nombrar un fiscal especial que conduzca una investigación sobre las posibles vinculaciones de Trump y Rusia o sobre otros eventuales actos delictivos va cobrando fuerza entre la opinión pública como una salida a este laberinto de escándalos, aunque el profesor Neiheisel avisa de su poca utilidad. “Esto reduciría el alcance de la investigación a los actos delictivos. A falta de pruebas claras y convincentes de que se había cometido un delito, probablemente un fiscal especial tendría poca capacidad para sacar a la luz revelaciones de carácter más político. Desde la perspectiva de la Casa Blanca, sería una noticia mucho más agradable que la de un posible proceso de impeachment”.

TRUMP QUIERE A LA PRENSA ENTRE REJAS

Y mientras la tormenta no amaina y los demócratas siguen afilando los cuchillos, el protagonista, Donald Trump, vuelve a poner su diana sobre los medios de comunicación -que han destapado estos dos últimos escándalos-, acusándoles de "tratarle peor que a ningún otro político de la historia", según dijo este miércoles en un acto de la Guardia Costera en el que participó y en el que no se refirió expresamente a los casos. Sí que defendió que está haciendo lo “correcto” y que no dejará que los “críticos y detractores” se interpongan en su tarea, que es “servir a los ciudadanos, no a los medios de Washington”.

Que el presidente arremeta contra periódicos y canales de televisión no afines no es nuevo. Lo que sí es novedoso es que entre las notas de Comey aparezca que el magnate llegó a decirle que quería poner entre rejas a algunos periodistas por publicar filtraciones. Curiosamente, esto ha quedado relegado a un segundo plano ante la relevancia del resto de informaciones. Es lo que ocurre estos días en Washington, que los escándalos se suceden a tal velocidad que el nuevo logra que se olvide el anterior.