EEUU

Puerto Rico en la era Trump: ser colonia o la "Cataluña" de EEUU

El nuevo Gobierno puertorriqueño quiere aprovechar la etapa política que arranca para convertirse en el estado número 51, pero no existe consenso político en la isla.

Washington DC

La nueva etapa política que se abrirá en los Estados Unidos el próximo 20 de enero no sólo afectará a los norteamericanos que residen en el continente. Puerto Rico, que va camino de cumplir 120 años bajo el control político de Washington, afronta el mandato de Donald Trump como una nueva oportunidad para aclarar su futuro.

A partir de 2017 coincidirán varias circunstancias decisivas. A un Gobierno, un Congreso y un Senado en manos republicanas, se sumará que el nuevo gobernador de la isla será Ricardo Rosselló, del Partido Nuevo Progresista (alineado con el Partido Republicano), que defiende como prioridad que este país deje de ser un territorio no incorporado y pase a convertirse en el estado número 51 de EEUU. Este lunes juramenta al cargo.

Roselló se alzó con la victoria en las elecciones a gobernador del pasado noviembre, por lo que reemplazará a Alejandro García Padilla, del Partido Popular Democrático (vinculado a los demócratas). Hasta ahora, la formación abogaba por mantener el estatus actual, es decir, el Estado Libre Asociado (ELA), una fórmula alcanzada en 1952 por la que la isla mantenía cierta autonomía y sus propias instituciones, cediendo las políticas económicas, de defensa y de exterior, entre otras, a Washington.

Sin embargo, la fuerte crisis de deuda que atraviesa el país caribeño, así como la imposición de una junta de control fiscal por parte del Congreso estadounidense, con más poder que el propio gobernador, han llevado a esta formación a repensarse su posición al respecto.

La situación de Puerto Rico ha pasado por varias fases desde que en 1898 España se viera obligada a cederlo a EEUU, tras salir derrotada de la Guerra Hispanoamericana. Hoy los puertorriqueños, más de 3,5 millones, son legalmente ciudadanos estadounidenses, pero no pueden votar en las elecciones presidenciales, a menos que residan en alguno de los 50 estados. La situación de este territorio -término usado para las regiones no incorporadas a la unión- es equiparable para muchos a la de una colonia.

Como ciudadanos, los puertorriqueños tendrían derecho a determinar por sí mismos su estatus político

Tanto el Partido Republicano como el Demócrata se comprometieron en las pasadas elecciones presidenciales, en sus respectivos programas, a respetar y aceptar el rumbo que Puerto Rico quiera tomar sobre su futuro, algo a lo que incluso Trump se sumó en algunas declaraciones públicas. "Como ciudadanos, los puertorriqueños tendrían derecho a determinar por sí mismos su estatus político", manifestó. Lo que no parece tan claro es que haya unanimidad entre los propios boricuas a la hora de decidir qué quieren ser de mayores.

Kevin Romero-Díaz es el presidente de las Juventudes del Partido Republicano en Puerto Rico, una formación que no concurre a los comicios de la isla, pero que sí respalda al Partido Nuevo Progresista (PNP). “Nuestra formación celebra las primarias republicanas y brinda apoyo a los candidatos que defienden la estadidad (incorporarse a EEUU como un estado más)”, comenta a EL ESPAÑOL este joven político, que confía en que la llegada de un gobernador favorable a la integración facilite este proceso.

“La mayoría de Puerto Rico se mostró favorable a la estadidad en el referéndum que celebramos en 2012, llegando a un 61%, y algunas encuestas que sitúan el apoyo a la integración en cerca del 70%. Esta vía es el mejor camino para conseguir la igualdad con el resto de estados y poder emplear los mismos recursos, beneficios y herramientas económicas, lo que serviría para paliar la crisis económica que vive la isla”, argumenta.

Podríamos ser perfectamente un estado más del país, el primero hispano

No en vano, esta solución permitiría a Puerto Rico reestructurar su deuda como lo hace un estado o una ciudad norteamericana, algo que ahora no puede hacer. Además, según sus defensores, se abriría la puerta a más fondos federales.

Pero si Puerto Rico escogiera este camino, tendría que asumir como propio el sentimiento nacional estadounidense, o al menos conjugarlo con el puertorriqueño. Parece anecdótico, pero la isla tiene una identidad cultural hispana muy diferenciada de la anglosajona, el español es la lengua oficial de uso general y cuenta con su propia representación en las competiciones deportivas internacionales.

MÁS AMERICANO QUE BORICUA, PERO EN ESPAÑOL

“Estamos en el Comité Olímpico y habría que ver si tras la estadidad nuestros equipos se integran en los americanos o no, pero no es un problema. Podríamos ser perfectamente un estado más del país, el primero hispano, porque además eso casa con los valores actuales de los EEUU”, sostiene Kevin, que añade que si tiene que anteponer un sentimiento nacional por encima de otro, primero se definiría como estadounidense y luego como puertorriqueño.

Sobre si el nuevo Gobierno de Puerto Rico encontrará voluntad negociadora en Washington, este miembro de las Juventudes Republicanas asegura que será una prioridad para los representantes de la isla en la capital desde el primer día. “Tenemos que hacerles entender al resto de republicanos de EEUU que esta es la mejor opción, aunque ya en la última campaña presidencial el partido expresó su apoyo a respetar lo que decida la isla en la declaración más amplia y clara al respecto lograda hasta ahora, que se incluyó en la plataforma electoral”.

Convertirnos en el estado 51 no es una opción, primero por nuestra identidad cultural y segundo por razones económicas

No obstante, Kevin es consciente de que muchos en su propio partido no son proclives a abordar esta cuestión. “Hasta ahora algunos no han querido tomar posición al respecto o han pedido que primero arreglemos las finanzas de la isla, pero es que la estadidad tiene que ver con eso, con mejorar nuestra economía”.

La visión de Carlos Delgado, alcalde del municipio de Isabela y miembro de la junta de gobierno del Partido Popular Democrático (PPD), alineado con los demócratas, es bien distinta. “Convertirnos en el estado 51 no es una opción, primero por nuestra identidad cultural, y segundo por razones económicas, porque aunque muchos ven en la estadidad un modelo económico, no lo es, es político, y no va a resolver la crisis por sí mismo”.

A su juicio, “no hay ninguna posibilidad de que en los próximos cuatro años se avance hacia la integración en EEUU, porque no hay ambiente para eso en el Congreso de los EEUU”. “El presidente de la Cámara, republicano, ya dijo que la prioridad será atender la reestructuración de la deuda (70.000 millones de dólares) que tiene el país, no el asunto territorial. Las promesas del nuevo gobernador de que lo va a conseguir son sólo para mantener el ánimo de sus seguidores, pero sabe que no se va a mover nada”, relata a EL ESPAÑOL.

Ni siquiera podemos imponer impuestos a las multinacionales, porque las leyes federales nos lo impiden

Aunque esta formación tiene claro el rechazo a la estadidad y a la independencia, debe aún definir qué vínculo quiere mantener con Washington. “El PPD siempre ha estado buscando la manera de desarrollar el ELA para dar más poder al país y ayudar al desarrollo económico, pero esta relación con EEUU está en una situación difícil ahora, desde que la Corte Suprema norteamericana dictaminó el pasado año que el Congreso tiene poder absoluto sobre las instituciones de la isla.

De hecho, a raíz de la crisis, hoy tenemos una Junta de Control Fiscal nombrada por Washington, con poderes por encima de nuestra Constitución. Eso coloca al ELA en una posición colonial muy clara. Ni siquiera podemos imponer impuestos a las multinacionales,porque las leyes federales nos lo impiden”, lamenta.

Según explica el líder popular, esto ha llevado a su formación a abrir una reflexión interna para definir cuál debe ser relación con el continente. “Algunos piensan que hay espacio para seguir desarrollando el ELA, pero otros defendemos establecer un nuevo pacto no territorial, dentro del marco constitucional, distinto al ELA. Pedimos un estatus de dignidad, que no suponga ni la estadidad ni la independencia”.

PIDEN OTRO REFERÉNDUM

El alcalde de Isabela también discrepa sobre que la mayoría de los puertorriqueños aspiren a ser el estado 51. “El referéndum de 2012 fue un amaño para crear un resultado poco claro. La primera pregunta era capciosa y en la segunda, el modelo que proponía nuestro partido no estaba representado en la papeleta”.

Aquella consulta, en efecto, incluía dos preguntas y puede dar lugar a diversas interpretaciones. La primera inquiría sobre si los votantes estaban de acuerdo con el statu quo actual del país. El 54% votó que no. La segunda preguntaba a los votantes que, en caso de haber votado no previamente -es decir, querer un cambio-, si preferían la independencia, la integración en EEUU como el estado 51, o la libre asociación.

De los 2.351.158 electores, votaron 1.827.021, lo que supone el 77,71% de participación. La estadidad fue apoyada por 834.191 personas, lo que supone el 34,24% del censo electoral, el 44,61% de los votos emitidos y el 61,13% de los votos válidos (1.317.029 en total). Cada formación se agarra al dato que más conviene a sus postulados.

“La independencia logró menos del 5% de apoyos y el ELA un 33%, pero es que hubo un 26% de votos en blancos”, remarca Delgado, que cree que actualmente Puerto Rico se divide entre las dos principales opciones casi al 50%.

Saben que la isla está dividida a la mitad sobre este asunto

El republicano Kevin Romero-Díaz recuerda que el Congreso americano aprobó en 2014 financiar otra consulta, que él espera que llegue durante estos cuatro años. “La pregunta todavía no se ha fijado, pero la cuestión está en la agenda del nuevo gobernador”.

Desde el PPD, Delgado señala que para convocar otro plebiscito primero hace falta tener el compromiso de Washington de que respetará el resultado. “La postura de demócratas y republicanos hasta ahora ha sido la misma, nos dicen que primero nos pongamos nosotros de acuerdo y que luego llevemos la propuesta allí, pero saben que la isla está dividida a la mitad sobre este asunto”.

“EEUU NO QUIERE UNA CATALUÑA EN CASA”

El tercero en discordia es el Partido Independentista, que preconiza directamente convertir a Puerto Rico en una nación separada de EEUU. Carlos Navarro es miembro de esta formación y asesor para relaciones con los medios. “Puerto Rico somos una colonia de EEUU y antes lo fuimos del Imperio Español. Las opciones que tienen posibilidades de prosperar son ahora mismo tres: la estadidad, la libre asociación o la independencia”, explica a EL ESPAÑOL, reconociendo que esta última no es la mayoritaria.

“Queremos la independencia y seguir colaborando con los americanos, pero de tú a tú, no en un plano de inferioridad. Después de la sentencia del Supremo de 2015 tenemos menos autonomía que las reservas indias. Nosotros defendemos la vía electoral para elegir el futuro modelo y constituir una asamblea sobre el estatus con todos los partidos para llevar juntos a Washington un proceso de descolonización”, resume.

La isla suele ser de mayoría demócrata. Los republicanos no creo que quieran dejar entrar a un territorio que va a cambiar todo el equilibrio de poderes

Sobre si durante estos cuatro años se conseguirá avanzar en la definición política de la isla, Navarro lo descarta. “En 2012 ya hubo un referéndum y EEUU no hizo nada. Es imposible que Washington quiera anexionar la isla, porque tenemos otra cultura y carácter nacional. No quieren una Cataluña, un País Vasco o una Irlanda dentro de sus fronteras, por no mencionar la mala situación económica”, argumenta.

VOLVER A ESPAÑA, ¿PLAN D?

Además, este independentista pone la lupa en otro de los motivos que explica que ni republicanos ni demócratas se hayan movido demasiado en integrar Puerto Rico en la unión. “La isla suele ser de mayoría demócrata. Los republicanos no creo que quieran dejar entrar a un territorio que va a cambiar todo el equilibrio de poderes”. De hecho, Puerto Rico podría añadir hasta ocho votos electorales al colegio electoral que se encarga de elegir al presidente.

Con este panorama, parece que el nuevo gobernador de la isla tiene bastante tarea por delante si quiere dejar resuelto en este mandato la cuestión política de Puerto Rico. No obstante, hay otra opción.

En los últimos años ha aparecido el Movimiento de Reunificación de Puerto Rico con España

No hemos mencionado hasta ahora una cuarta vía, que no por llamativa deja de ser minoritaria y casi anecdótica. En los últimos años ha aparecido el Movimiento de Reunificación de Puerto Rico con España, que defiende convertir la isla en la comunidad autónoma 18 e integrarla en la Unión Europea.

Este grupo, muy activo en redes sociales, ha rescatado la antigua bandera española de la isla y están llevando a cabo una campaña de reivindicación cultural en redes sociales, para aclarar que durante la etapa previa a 1898 Puerto Rico se convirtió en la primera autonomía de España, con instituciones propias y representantes en Madrid, antes de que la guerra lo cambiara todo.

“No es algo serio”, zanja el portavoz del Partido Independentista, que no ve ni la más mínima posibilidad de que se consolide como movimiento político. El representante del PPD lo califica de una iniciativa “anecdótica y pequeña, que no ha calado”, mientras que Kevin Romero-Díaz coincide en que “son un grupo muy reducido, casi un club”. No obstante, el republicano puntualiza que aunque no vislumbra “la reunificación, habría que ver qué ocurre si EEUU finalmente rechaza la estadidad de Puerto Rico”. “El Congreso nunca se ha pronunciado hasta ahora. No se ha estudiado qué pasaría en ese contexto ni qué opciones se abrirían”.