Delcy Rodríguez estrecha la mano de Roni Kaplan, el portavoz en español de las FDI. Instagram
Delcy Rodríguez entierra el legado de Chávez al retomar las relaciones diplomáticas con Israel bajo la tutela de EEUU
La Administración Trump dicta los cambios de alianzas de Caracas y ahonda la brecha entre la cúpula del chavismo y sus bases.
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"Aprovecho para condenar de nuevo, desde el fondo de mi alma y de mis vísceras, al Estado de Israel. Maldito seas, Estado de Israel, terroristas y asesinos". "Incluso hay grupos israelíes del Mosad que andan detrás de mí, tratando de matarme". "Israel critica mucho a Hitler, nosotros también. Pero han hecho lo mismo, quizá incluso peor que lo que hicieron los nazis".
Esto decía Hugo Chávez de Israel. No eran sólo palabras. El expresidente de la República Bolivariana de Venezuela retiró a su representación diplomática en el Estado hebreo durante la guerra de Líbano de 2006, rompió sus relaciones en respuesta a los ataques israelíes contra Gaza en 2009 y reconoció acto seguido a la Autoridad Palestina.
Delcy Rodríguez, que en el pasado participó en las habituales marchas propalestinas y llegó a vestir kufiya, no utiliza el mismo lenguaje que Chávez, ni toma las mismas decisiones. Más bien todo lo contrario. De hecho, la presidenta interina de Venezuela dio esta semana un giro de 180 grados y anunció el restablecimiento de las relaciones consulares con Israel.
"Esta medida crea un canal oficial de coordinación entre Israel y Venezuela, que no mantienen relaciones diplomáticas entre sí desde 2009", confirmó el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gideon Sa'ar, en la red social X.
"Ambos gobiernos reconocen la importancia del vínculo entre el Estado de Israel y la comunidad judía residente en Venezuela, que constituye un importante puente de amistad histórico entre ambos países", detalló la Cancillería venezolana a través de un comunicado.
La decisión de Delcy vino precedida de un encuentro con una delegación de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), llegada a Caracas tras los terremotos para llevar a cabo "la evaluación de estructuras colapsadas, el diagnóstico de vulnerabilidad en edificaciones y el diseño de planes de contingencia urgentes para la gestión de la emergencia".
La misión diplomática y militar israelí partió hacia Venezuela seis días después del doblete sísmico que sacudió Caracas y La Guaira. Viajaron más de 50 miembros del Ministerio de Exteriores, del Mando del Frente Interior de las FDI y de la Autoridad Nacional de Gestión de Emergencias, además de voluntarios de búsqueda y rescate de víctimas.
El encuentro no fue secreto. Delcy se dejó fotografiar con la delegación militar israelí, encabezada por el general de brigada Elad Edri, jefe de Estado Mayor del Mando del Frente Interior de las FDI, y publicó esas imágenes en la cuenta oficial de Instagram del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por Chávez.
La presidenta interina agradeció a sus interlocutores, oficiales uniformados, la ayuda prestada tras la catástrofe. Hubo miradas cómplices y apretones de manos con el propio Edri y el portavoz en español del Ejército hebreo, Roni Kaplan, asesor uruguayo-israelí del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel.
Viraje ideológico
Estados Unidos dicta los cambios de alianzas de Caracas. El patrón salta a la vista porque sólo dos semanas antes de retomar sus relaciones con Israel, Delcy llamó a consultas al embajador iraní en el país, Ali Chegini, para censurar las palabras de su ministro de Asuntos Exteriores, Abbás Araqchi, que le había trasladado a Trump que "esto no es Venezuela". Es decir, que someter a la República Islámica no sería tan fácil.
Para entonces, el Departamento de Estado de Marco Rubio había conseguido desplazar de la Cancillería de Venezuela a Yvan Gil, el autor del comunicado que condenaba, en términos blandos, los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán. Delcy nombró como recambio a Félix Plasencia, una figura de su máxima confianza que, además, venía de servir como encargado de negocios en Washington.
🟡 #EnNoticia | El canciller Félix Plasencia González recibió al rabino principal de la Asociación Israelita de Venezuela, Isaac Cohen, quien entregó una carta dirigida a la presidenta Delcy Rodríguez para solicitar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y consulares… pic.twitter.com/YNMkQg6FCs
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En la práctica, Venezuela funciona como un protectorado de Estados Unidos desde la captura de Nicolás Maduro. La Administración Trump hace y deshace a placer a través de la figura de Rubio, convertido en una suerte de virrey que mantiene contacto directo con Delcy. La propia Delcy no obstaculiza la colonización del país caribeño, ni la captura de sus recursos. La incentiva para sobrevivir.
La presidenta interina lucha por mantener a flote la arquitectura del sistema, aunque con distinta fachada. Coloca a sus alfiles en puestos clave mientras dilata las negociaciones con la oposición a la espera de encontrar el momento propicio para consolidarse en el poder.
Pero lo cierto es que el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel no surge de la nada. Ya en marzo de 2017, la propia Delcy y su vicecanciller para Asia, Medio Oriente y Oceanía, un tal Félix Plasencia, se reunieron en Caracas con el rabino Isaac Cohen, el veterano líder religioso de la Asociación Israelita de Venezuela (AIV).
El propio Cohen reveló entonces a la Agencia Judía de Noticias (AJN) que, en ese encuentro, la ministra de Exteriores de Maduro le había trasladado "sus deseos de entablar relaciones plenas con el Estado de Israel".
Delcy mata dos pájaros de un tiro. Complace a Washington y asesta un golpe a María Corina Machado, quien, como recuerda exdiplomático Imdat Oner, había convertido a Israel en una de sus relaciones internacionales clave, llegando a prometer una embajada en Jerusalén. "Al abrir su propio canal con Israel, Delcy le quita a Machado una de sus cartas", apunta.
El viraje ideológico de Delcy consume a fuego lento a las bases del chavismo, que salieron a las calles para protestar por el inicio de las negociaciones con la oposición y, de paso, aprovecharon la ocasión para prender fuego a las banderas de Estados Unidos e Israel.
"Obviamente, muchos chavistas están muy molestos por esto, pero no todos los chavistas lo están", apunta la bloguera Dima Khatib, gran conocedora del país. "La palabra clave aquí es: sionismo cristiano, que se ha ido extendiendo a través del movimiento evangélico durante los últimos años en Venezuela".
Lo cierto es que en la cúpula del régimen escasean las críticas contra Delcy. Sólo levantan la voz "los chavistas originarios, defensores del proyecto como lo delineó Hugo Chávez", como los define el sociólogo venezolano Rafael Uzcátegui. "Ninguno en posición importante de poder", señala.
Se profundizan las fracturas en el chavismo: Mario Silva comparó a Delcy Rodríguez con Pinochet y afirmó que en Venezuela hay "una dictadura instalada por EE.UU." https://t.co/IgR0SWLAEP pic.twitter.com/qOtiHqAeSH
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"Hasta ahora los voceros han sido Mario Silva, Elías Jaua, Iris Varela y el conductor de televisión que llaman Cabeza e' Mango, y del chavismo periférico se han agrupado en una cosa que llaman Comunes", explica Uzcátegui.
Las críticas son escasas, pero duras. "El PSUV se ha convertido en un partido nada democrático donde se presiona y chantajea", denunció esta misma semana el presentador de televisión Mario Silva, una de las principales figuras propagandísticas del chavismo originario.
Fue Silva quien llegó a comparar a Delcy con el autócrata chileno Augusto Pinochet y quien lamentó que en Venezuela rigiera "una dictadura instalada por Estados Unidos".
"Lo más importante es impedir que esta ocupación y esta administración colonial a la que está siendo sometida una nación como Venezuela se normalicen", denunció, por su parte, el histórico Elías Jaua, exvicepresidente de Chávez y ministro de Maduro, en declaraciones recogidas por Associated Press.
"Hoy a 243 años del natalicio de nuestro PADRE Libertador, estamos obligados moralmente a luchar unidos por la Independencia y Libertad de nuestra Patria! Fuera los gringos de Venezuela! Exigimos levantamiento de sanciones, fin del bloqueo y retorno del Presidente Nicolás Maduro!", escribió (sic) la diputada chavista Iris Varela el pasado 24 de julio en X.
Perfiles como Varela albergan la sospecha de que alguien traicionó a Maduro y permitió su captura. "Por supuesto que hubo una traición. Siempre digo que todo Cristo tiene un Judas. Si nuestro Señor Jesucristo sabía que iba a ser traicionado y aun así dejó que Judas lo besara en la mejilla... ¿acaso no iba a aparecer un traidor para Maduro?", escribió.
Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello ofrecen una rueda de prensa en Caracas. Reuters
Andrés Izarra tiene otra teoría sobre la división interna del chavismo. El que fuera ministro de Comunicación con Chávez y de Turismo con Maduro sostiene que las fracturas no responden a diferencias ideológicas ni a una defensa del chavismo, corriente que, a su juicio, terminó con la muerte de su fundador en 2013.
Según su línea de razonamiento, el objetivo de Maduro era enriquecerse y mantenerse en el poder a cualquier precio. Ahora, sostiene, es el interés personal el que está generando las divisiones.
"Como no existe una base ideológica, esto es simplemente una lucha por el poder, el dinero, los cargos y la supervivencia. ¿Crees que estaría protestando si hubiera conservado a sus guardaespaldas, o si hubiera mantenido su pequeño sueldo o su cuota de poder?", desliza Izarra.
"Lo que ocurre ahora no sólo con las bases, sino también con algunos dirigentes del chavismo que se encuentran excluidos de los acuerdos deja entrever la realidad de lo que es el PSUV: un partido de cúpula, en el que un grupo reducido maneja el poder", explica en conversación con este periódico el analista venezolano Leandro Rodríguez Linárez.
"Motivado por todo lo que está ocurriendo, y ante la sospecha de que existe una traición interna, llegando incluso a plantearse que Maduro haya sido entregado a cambio de perdones o amnistías, ese grupo de personas deja notar que lo que ocurre es lo que ha ocurrido siempre. Sólo que esta vez, al sentirse fuera de todos esos beneficios, alzan la voz", añade.
"Lo mismo ocurre con las bases", prosigue Rodríguez Linárez. "Hoy en día se preguntarán qué está pasando cuando, prácticamente, el discurso de casi tres décadas ha dado un giro de 180 grados".
Delcy seguirá durmiendo en el Palacio de Miraflores, la mansión neoclásica del siglo XIX situada en el corazón de Caracas. De los salones de palacio seguirá colgando el retrato de Hugo Chávez, pero sus ideas dejaron de estar presentes.