Luis Larraín en una imagen de su Instagram.

Luis Larraín en una imagen de su Instagram.

América

El yerno perfecto que sueña con ser el primer diputado abiertamente gay de Chile

Luis Larraín se presenta como independiente por Evópoli, uno de los partidos que integra el conglomerado “Chile vamos”, representante de la derecha.

Santiago de Chile

Luis sueña con ser este domingo el primer diputado abiertamente gay del congreso chileno, y las encuestas apuntan a que lo conseguirá. En un país en el que los apellidos todavía importan, Larraín suena a alta alcurnia. Ingeniero Civil por la Universidad Católica de Chile y máster en Relaciones Internacionales en París habla inglés, francés y alemán. Durante el semestre que pasó estudiando en Berlín se dio cuenta de que podía ser gay sin dejar de ser un niño modelo. Y fue su carrera de modelo la que le hizo entrar en política. Su altura, el pelo castaño y la tez blanca le ayudaron a entrar en el mundo de la publicidad de un país cuyos sociólogos destacan la preponderancia de actores, modelos y presentadores de televisión de apariencia europea.

“Un director me contrató para hacer unas fotos para el día de los enamorados con una chica, yo le dije que tendría ganas de hacer lo mismo con un hombre. Por eso en el 2009 me llamó para una escena gay que se incluyó en la campaña política de Sebastián Piñera. Eso cambió mi vida, de un minuto a otro me convertí en activista sin buscarlo”, cuenta a EL ESPAÑOL.

Hoy con 36 años, después de 4 al frente de la fundación “Iguales”, quiere ser el protagonista que acabe con la escasa legislación de Chile en materia de derechos LGTB, sobre todo si se compara con sus vecinos Argentina o Brasil. “En este momento en Chile las personas trans no pueden cambiar fácilmente sus nombres en los documentos de identidad, para eso es urgente sacar adelante el proyecto de identidad de género que lleva 4 años y medio estancado en el congreso. También es fundamental el proyecto del matrimonio igualitario; los hijos de parejas del mismo sexo están fuertemente desprotegidos, porque sólo tienen vínculo legal con uno de sus progenitores. Eso se convierte en un problema en temas de guardia y custodia en caso de separación o herencia en caso de muerte de uno de ellos”.

Luis Larraín dedica su vida a ondear la bandera multicolor de los derechos LGTB, pero si alguien piensa que además va a sostener alguna otra que tenga que ver con las reivindicaciones consideradas de izquierda, se equivoca. Larraín se presenta como independiente por Evópoli, uno de los partidos que integra el conglomerado “Chile vamos” representante de la derecha en Chile.

“Me ha tocado ver muchas veces gente pontificando sobre que los gais tienen que ser de izquierdas o que los gais tienen que ser ateos, y a mí eso me parece bastante discriminatorio, porque al final lo que están diciendo es que los heterosexuales pueden ser de izquierdas o de derechas, pero los gais tienen que ser de izquierdas, así perpetuamos las discriminaciones a través de discursos rígidos”.

Para Larraín la forma de romper la “burbuja ultraconservadora aislada del resto del mundo que se vive en Chile” (según sus palabras) es por la derecha. El liberalismo económico que defienden las plataformas “Ciudadanos” y “Evópolis” en las que se apoya, será el que otorgue a los gais la igualdad por la que tantos años lleva luchando: “no existe ningún país que esté muy a la izquierda que tenga derechos igualitarios, para la diversidad sexual”.

Este domingo se celebran en Chile elecciones presidenciales y parlamentares. Las encuestas dan un triunfo claro a la derecha y el gusto que le puede quedar a Larraín puede ser agridulce. Él entraría en el parlamento, pero también quedaría como favorito a presidente de la República Sebastián Piñera, que ya gobernó el país entre 2010 y 2014.

En el programa de Piñera no hay mención alguna a la diversidad social y sus declaraciones frente al matrimonio homosexual no son alentadoras. En agosto de este año dejó clara la línea que separa el matrimonio de la unión civil: “El matrimonio en esencia es entre un hombre y una mujer (…) no hay que confundir dos cosas que son distintas por su naturaleza. No debe haber discriminación pero hay que respetar la esencia del matrimonio”. Los sectores más conservadores de la derecha son esenciales para la llegada al Palacio de la Moneda de Piñera y la tradición católica en Chile es firme y tiene poder de decisión. Todo parece indicar que de llegar al poder, Piñera detendrá la tramitación de las leyes igualitarias en materia de diversidad sexual que ha iniciado el gobierno de Michelle Bachelet en el parlamento chileno.

A Larraín no le importa la soledad de sus posiciones. Espera que Sebastián Piñera a pesar de estar en contra someta a votación las propuestas con las que el nuevo diputado llegará bajo el brazo.

Larraín tiene una enfermedad renal crónica y está acostumbrado a no claudicar. Lleva años luchando por los derechos gais entre consultas médicas, hospitales y farmacias. Ya se ha sometido a dos trasplantes de riñón, el segundo de ellos donado por su hermano teólogo, Pedro. Pero se siente con ganas.

Quiere quebrar los prejuicios de su país con su cara de no haber roto un plato en la vida. Ha hecho de su estilo de vida una reivindicación política. Las fotos con su exnovio en redes sociales en viajes, hospitales o acontecimientos sociales demuestran que cree en la familia como el que más, aunque ahora esté soltero. Prefiere quedarse jugando con sus sobrinos antes que irse a ligar a la discoteca. Está dispuesto a demostrar a la corriente católica conservadora que todavía influye en las decisiones de Chile que el yerno perfecto puede ser gay.