Camila Cienfuegos, en una imagen de archivo.

Camila Cienfuegos, en una imagen de archivo.

América

Camila Cienfuegos, de la guerrilla de las FARC a la política feminista

Tras 27 años de lucha armada en las FARC, la exguerrillera es ahora parte de la dirección del partido en el que quiere inculcar el "feminismo insurgente".

Tenía 14 años cuando ingresó en las filas de las FARC. Sus padres, campesinos y miembros del Partido Comunista, la habían enviado a la ciudad de Cali con ocho años a que estudiara, a casa de unos familiares acomodados. “Muy pronto empecé a ser consciente de las desigualdades entre la vida en la ciudad y el campo, a ver que unos niños podíamos estudiar y otros no, por ejemplo, y no entendía por qué. Me indignaban las desigualdades sociales, no las entendía y empecé a sentir que tenía que irme a luchar por estos derechos básicos, como la salud y la educación con la guerrilla”.

Al principio la rechazaron: los reglamentos de las FARC prohibían que los menores de 15 años entraran en la organización, “pero yo era adolescente y muy terca. Si se me metía algo en la cabeza lo hacía y no paré hasta que lo conseguí”. Se fue a hurtadillas, porque “de saberlo, mis padres no me hubiesen dejado ir, pero a esa edad a uno le importa un pepino lo que piensan los padres”. Cuando se enteraron, intentaron hacerla volver a casa, pero la decisión estaba tomada: “Vinieron a los dos meses, pero ya no había marcha atrás. Era mi decisión y tenían que respetarla”.

Veintisiete años después, Camila Cienfuegos forma parte de la Dirección Nacional del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria de Común (FARC), la formación política nacida de la organización militar tras el acuerdo de paz firmado hace un año con el Gobierno colombiano.

Durante el largo proceso de negociaciones -en el que participó activamente como parte de la Mesa de Conversaciones de La Habana- Camila y sus compañeras de guerrilla lograron pactar que cada punto del acuerdo tuviera un enfoque de género. “Había que intentar proteger a las mujeres. La experiencia de otros países nos dice que la exclusión y la falta de visibilidad de las mujeres en la fase de reconstrucción y postconflicto, las hace más vulnerables a la hora de reincorporarse a la vida civil. Queríamos tenerlo en cuenta”, dice.

Estaba dado el primer paso para la creación de un movimiento que, pretenden, abarque la totalidad de la sociedad colombiana, impulsando cambios sociales centrados en la perspectiva de género y al que llaman “feminismo insurgente”. “Tiene por base nuestras vivencias dentro de la guerrilla. A la gente le cuesta entenderlo pero en las FARC había mucha más igualdad y paridad que en el resto de la sociedad. Los roles de género no existían. Todos teníamos que llevar el fusil, cocinar, limpiar, independientemente de ser hombre o mujer”, cuenta.

“¿Si eso significa que no vivíamos situaciones machistas? No. Pero porque estamos integrados en una sociedad machista y patriarcal y todos sufrimos los vicios de esa misma sociedad. Son cosas que cuesta mucho cambiar pero nuestro día a día estaba basado en la igualdad de derechos y el respeto, algo que la mayoría de colombianas no tiene y no queremos perderlo en nuestra vida civil”, concluye.

Feminismo insurgente

El movimiento del feminismo insurgente se apoya en la ideología anti-capitalista de las FARC, conectando la emancipación femenina con la lucha de clases. “Se entiende que no hay liberación posible de las mujeres sin la eliminación de la dominación de clase, pero a su vez, no hay posibilidad de emancipación humana, sin el reconocimiento a plenitud de los derechos de las mujeres”, se lee en la tesis de mujer y género elaborada por las mujeres farianas para la constitución del partido.

El movimiento implica e incentiva a los hombres a buscar una transformación de las relaciones de género, a adoptar una nueva masculinidad fuera de los estereotipos machistas vigentes en la sociedad colombiana. “Reivindicamos un feminismo que nos incluya a todos, porque el hombre también es rehén de ese machismo. Al hombre se le enseña de pequeño que él es el fuerte, el que tiene el poder y la mujer la débil, la sumisa. Hay que entender que nacemos diferentes pero que esas diferencias no tienen nada que ver con la igualdad de derechos o de representatividad”, explica Cienfuegos.

El documento insta también a acabar con la violencia económica que sufre la mujer, relegada a los trabajos domésticos la mayoría de veces y sin recursos para ser independiente y vivir de manera autónoma. “A las mujeres se nos ha privado el acceso al espacio público, siempre hemos estado confinadas al espacio privado, al trabajo doméstico, a los cuidados y esto nos retira capacidad económica, independencia y emancipación”, relata.

En este sentido, la tesis defiende la creación de un departamento de mujer y género para diseñar la línea política del partido en esta temática, aunque no está todavía claro de qué manera se van a poner en práctica estas ideas, ni el funcionamiento de dicho departamento.

Aborto y agresiones sexuales

Pese a la ideología feminista, organizaciones como Human Rights Watch (HRW) han cuestionado las prácticas de las FARC denunciando casos de agresiones sexuales en la guerrilla. “No digo que nunca haya pasado. Pero digo que esas actuaciones no eran promovidas por la organización. Al revés, eran severamente castigadas. No sólo los crímenes sexuales, sino que había un código de conducta que prohibía los comentarios soeces y despectivos entre compañeros”, defiende Camila. “Pero lo repito, el machismo es algo que está arraigado en nuestra sociedad, es una construcción social de la que no es fácil salir, por lo que en la organización también existía, claro que sí”.

Otra de las denuncias de HRW es la de que muchas guerrilleras se han visto obligadas a someterse a abortos forzosos, algo que Cienfuegos niega. “No eran forzosos. Era una situación de la guerra. Estábamos en guerra, no era compatible con tener un niño. El parto exige cuidados que no se tienen en la selva. Aunque muchas los han tenido”.

Camila fue una de ellas. Tuvo a su niña con 19 años y se separó de ella con 20 días. “Cuando ingresé hice un juramento de luchar por los cambios sociales y tenía una responsabilidad moral. No iba a quedarme en mi confort de madre, idealizando a mi hija y a mi maternidad cuando había hecho la promesa previa”, recuerda.

Su hija se quedó entonces con su família y durante el conflicto armado Camila la vio tan sólo tres veces. “Dudé, lloré muchas veces pero no podía priorizar lo mío, no tenía derecho a dejar atrás todo”. Su hija creció sabiendo que su madre y su padre (que murió cuando la pequeña tenía dos años) eran guerrilleros “Mi hermana se encargó de que ella supiera siempre que tenía una madre luchando por los cambios sociales”.

Acuerdos de paz en el limbo

Ahora tiene 21 años y a Camila le gustaría dejarle de herencia una Colombia en paz, un proceso que se inició el año pasado con la firma de los acuerdos de La Habana pero que está lejos de llegar a la implementación. “Reconozco que el presidente Santos ha hecho cosas, se la ha jugado por el país y por la paz, pero tiene una maquinaria que no le ayuda. Y luego está Uribe, que odia el proceso de paz visceralmente y acabaría con él si pudiera”, analiza Camila Cienfuegos.

La exguerrillera, que está en Madrid para participar en el seminario 'El territorio como espacio de paz en Colombia', organizado este jueves por la ONG Alianza por Solidaridad, ha coincidido con activistas colombianas en que "se está negligenciando el proceso de paz".

Con las elecciones presidenciales en el horizonte -se celebran en 2018- las activistas destacan que un cambio político podría poner en riesgo el acuerdo, resaltando que la sociedad se encuentra todavía muy dividida. “Si gana la extrema derecha, el acuerdo se romperá”, denuncia Pilar Rueda, asesora de la Secretaria Ejecutiva en género e infancia de la Jurisdición especial para la Paz-JEP.

Rueda destaca que es muy importante seguir una estrategia “de acciones específicas para proteger a las mujeres” que han sido “las principales víctimas en todo el proceso”. Por eso, señala, “es muy importante que el acuerdo tenga una perspectiva de género”.

De entre la población femenina hay una franja especialmente vulnerable: las mujeres afrocolombianas, que representan a más de 5 millones de la población y que han sido muy castigadas por el conflicto armado. “Hay una negligencia fuerte por parte del Gobierno en avanzar con el enfoque de género”, analiza Charo Mina, activista afrocolombiana, que destaca otra vez los comicios como un posible punto de inflexión. “Hay elecciones y dependiendo de quien gane sabemos que no habrá voluntad política en encauzar determinados temas. Tenemos un camino espinoso”.