Los representantes del Gobierno y el ELN, Juan Camilo Restrepo y Pablo Beltrán, se estrechan la mano.

Los representantes del Gobierno y el ELN, Juan Camilo Restrepo y Pablo Beltrán, se estrechan la mano. Guillermo Granja Reuters

América

Santos inicia un proceso de paz contrarreloj con la segunda guerrilla de Colombia

Este martes han comenzado las negociaciones con el ELN, a un año de que los colombianos escojan a su nuevo presidente.

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Mientras las FARC se preparan para abrazar la vida civil y desintegrarse como grupo armado, otra guerrilla colombiana echa a andar en la misma dirección.

Este martes el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno de Juan Manuel Santos han abierto una mesa de negociaciones en Quito (Ecuador) para buscar un acuerdo de paz después de que el primer intento el pasado octubre resultara en fiasco.

Tras dos años de conversaciones exploratorias, las partes anunciaron en marzo que estaban listas para iniciar un diálogo de paz siguiendo una agenda de seis puntos, que van desde la participación ciudadana en el proceso al reconocimiento de las víctimas hasta el ejercicio de la política por parte del ELN.

Ambas partes expresaron públicamente sus compromisos para contribuir al avance del diálogo y también formularon sus peticiones, como la de que la guerrilla abandone el secuestro, hecha por el Gobierno, y la de que se avance para llegar a un cese bilateral del fuego, planteada por el grupo armado.

El jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, al invitar al ELN a dejar de secuestrar, dijo que de lo contrario, "será muy difícil avanzar" en el proceso de diálogo.

Gestos por una y otra parte

"Colombia, la comunidad internacional aquí presente y las familias de quienes aún continúan secuestrados por el ELN esperan prontamente este anuncio", declaró.

También destacó que "los derechos de las víctimas están en el centro de estas conversaciones" y agregó que "la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición son las raíces profundas y reales de la reconciliación".

En los últimos días, la guerrilla ha liberado al excongresista Odín Sánchez y el Gobierno ha hecho lo propio con dos combatientes condenados por delitos políticos.

“Ya está libre y eso nos despeja el camino para iniciar esta otra negociación”, celebró Santos la semana pasada desde la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz en Bogotá, sobre el exparlamentario cautivo.

“Para nosotros y para el pueblo colombiano es muy importante lo que acaba de ocurrir”, aseguraba el jefe de la delegación negociadora del ELN, Pablo Beltrán, en un vídeo difundido por la guerrilla. “Cuando las partes cumplimos los acuerdos, así los problemas, sean fuertes y complejos, se le encuentra solución”.

Asimismo, el lunes los guerrilleros soltaron a un soldado que habían capturado apenas una semana antes, lo que fue acogido como un gesto de buena voluntad.

DESAFÍOS POR DELANTE

Aunque el camino a la paz ya esté arado por las FARC, el proceso de paz con el ELN afronta sus propios desafíos. En primer lugar, está el precedente de varios intentos de negociación fallidos con anteriores gobiernos, incluido el de Álvaro Uribe, otrora mentor de Santos y hoy líder de la oposición al acuerdo con las FARC.

Por otro lado, el pacto entre el Ejecutivo y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -ahora en fase de implementación- ha polarizado a la sociedad colombiana, que en 2018 deberá elegir a su próximo dirigente y a sus representantes en el Congreso.

“Si logramos la paz este año, la paz [será] completa. Si no, quedará coja, porque el año entrante es un año electoral de relevos presidenciales”, alertaba el senador Roy Barreras, que integró las conversaciones de La Habana y ahora negociará con el ELN, el lunes en la radio.

Aseguraba que el presidente le había dado instrucciones de “pisar el acelerador” para llevar la negociación a buen puerto. “Ojalá el ELN comprenda que este año, 2017, debe ser el año de la paz y que si ya están abiertas unas avenidas, que venga a transitar por ellas”, decía en referencia al acuerdo con las FARC.

Después de que la oposición acusara al Ejecutivo haberla ignorado en la construcción del acuerdo con las FARC, el Gobierno ha invitado en más de una ocasión al uribismo a participar en las negociaciones con el ELN, pero los opositores no han designado a un representante.

El tamaño de la guerrilla ha menguado y hoy día cuenta con unos 1.500 combatientes, lo que la sitúa por detrás de las FARC. De corte marxista revolucionario, miembros de la Iglesia católica participaron en su formación. Se la conoce por sus ataques a industrias para disuadir a empresas extranjeras de explotar los recursos de Colombia y ha llevado a cabo miles de secuestros.