E. E. / Agencias

El general Jalifa Hafter, hombre fuerte del este de Libia, anunció este miércoles la liberación de la ciudad de Bengasi, capital del alzamiento contra Muamar al Gadafi, que él mismo asediaba desde mayo de 2014.

En un discurso a la nación divulgado a través de la televisión regional, el militar aseguró que sus hombres lograron romper las líneas en el barrio de Sabri y expulsaron a las fuerzas afines al antiguo gobierno islamista en Trípoli, declarado rebelde en la misma fecha.

"Las Fuerzas Armadas que os protegen os informan de que se ha liberado la ciudad de Bengasi del terrorismo, una victoria completa que es fruto de la dignidad", nombre con el que bautizó su ofensiva, afirmó.

"A partir de Ahora, Bengasi entrará en una era de paz y de estabilidad", agregó el militar, ex miembro de la cúpula castrense que aupó al poder a Al Gadafi, que este miércoles vestía un elegante uniforme blanco de gala.

Hemos tenido algunas bajas y quedan algunos edificios aún por limpiar, pero se puede decir que la ciudad ha sido tomada

Horas antes, un portavoz del Ejército ya había adelantado a Efe que las fuerzas de Hafter habían logrado esta mañana conquistar el hospital Al Ghomhuriya y el hotel Regency", los dos edificios en el que resistían los islamistas.

"Hemos tenido algunas bajas y quedan algunos edificios aún por limpiar, pero se puede decir que la ciudad ha sido tomada", agregó la fuente antes de indicar que en los dos edificios tomados "había decenas de cadáveres".

Esos presuntos remanentes se sitúan en una zona de viviendas del distrito de Sidi Akribesh, donde aún se escucha de forma dispersa el sonido de las balas y los morteros, admitió.

Al Qaeda, Ansar al Sharia y Estado Islámico

Bengasi, segunda ciudad en importancia de Libia y capital del alzamiento contra la larga dictadura de Al Gadafi en el este del país, estaba bajo asedio de las fuerzas de Hafter desde mayo de 2014.

En su interior, resistían milicias afines al antiguo gobierno islamista de Trípoli, considerado rebelde ese mismo año, además de yihadistas vinculados a la Organización del Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), el grupo tunecino Ansar al Sharia y la rama libia del Estado Islámico.

Los tres años que ha durado el cerco y los combates han segado la vida de cientos de personas, obligado a miles más a huir y convertirse en desplazados internos y causado una tragedia humanitaria similar a la que sufrió la ciudad siria de Alepo.

Esta misma tarde, los medios de comunicación del este de Libia han comenzado a difundir imágenes de soldados que bailaban y cantaban para celebrar la victoria entre montones de cascotes y edificios destruidos por la guerra.

Hafter aspira a controlar todo el país

La supuesta victoria, favorecida por la intervención desde hace dos semanas de las fuerzas aéreas de Emiratos Árabes Unidos (EAU) y de Egipto -junto a Arabia Saudí los principales apoyos del mariscal- supone un espaldarazo para las ambiciones políticas de Hafter, que aspira ha controlar todo el país.

El militar, que en la década de los ochenta fue reclutado por la CIA y se convirtió en su principal opositor a Al Gadafi en el exilio, controla ya el este del país y la mayor parte de los recursos petroleros.

Libia es un Estado fallido, víctima del caos y de la guerra civil

Además, en las últimas semanas ha puesto cerco a la ciudad de Sebha, capital del sur, donde se ha topado con la oposición de las milicias de la ciudad estado de Misrata (norte), que le consideran un criminal de guerra.

Asimismo, hombres de Hafter negocian desde hace meses la enmienda del pacto nacional de reconciliación libio con el llamado gobierno de unidad sostenido por la ONU en Trípoli, cuya autoridad el mariscal no reconoce.

Libia es un Estado fallido, víctima del caos y de la guerra civil, desde que en 2011 la OTAN contribuyera a la victoria de los rebeldes frente a la larga dictadura de Al Gadafi.

En la actualidad, dos gobiernos se disputan el poder apoyados por distintas milicias: uno sostenido por la ONU en Trípoli y otro en el este bajo la ascendencia militar de Hafter, que domina cerca del 60 por ciento del territorio nacional.

De la anarquía sacan beneficio los grupos yihadistas y las mafias dedicadas al contrabando de combustible, armas y personas.