La crisis de natalidad que China no vio venir: ellas ya no quieren ser madres y la población se hunde a su mínimo histórico.

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La crisis de natalidad que China no vio venir: ellas ya no quieren ser madres y la población se hunde a su mínimo histórico

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Las claves

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China enfrenta un desplome histórico de la natalidad, pese a haber flexibilizado las restricciones del hijo único desde 2016.

Las mujeres chinas priorizan cada vez más su educación y carrera profesional, retrasando el matrimonio y la maternidad.

El alto coste de criar un hijo y la limitada cobertura social hacen que muchas familias duden a la hora de tener hijos.

El gobierno busca soluciones tecnológicas, como robots e inteligencia artificial, pero enfrenta dificultades para revertir la tendencia demográfica.

Se cumplen diez años desde que China puso fin a la política del hijo único. Una medida implantada en 1979 para frenar el número de nacimientos y aliviar la presión económica de una superpoblación.

Durante décadas, el Estado decidió cuántos hijos podían tener las familias. Para lograrlo, recurrió a multas, sanciones y, lo más grave, según han denunciado víctimas y organizaciones de derechos humanos: se forzaron esterilizaciones y abortos que pusieron en riesgo la vida de las mujeres.

Hoy, el problema se ha dado la vuelta y ha provocado un fenómeno alarmante. La natalidad se ha desplomado y apenas nacen bebés. En 2025, se registraron apenas 5,63 nacimientos por cada mil habitantes, según la Oficina Nacional de Estadística de China.

Pekín lleva tiempo intentando corregir el rumbo. En 2016 autorizó tener dos hijos. Después, permitió y alentó a las familias a que tuvieran hasta tres. Y para ello, desplegó una batería de incentivos. Pero nada funciona. ¿Qué es lo que está ocurriendo?

La profesora Shuang Chen, experta en demografía, explica que quienes crecieron como hijos únicos tienden, por estadística, a querer familias más pequeñas en comparación con aquellos que han crecido rodeados de hermanos.

Pero el gran cambio está en ellas. Las mujeres chinas hoy aprovechan todas las oportunidades a su alcance: estudian más, trabajan más y retrasan cada vez más el matrimonio. Es aquí cuando surge el término “sheng nü” o “mujeres sobrantes”: lo utilizan de manera despectiva para referirse a las solteras mayores de 25 años que han decidido priorizar su carrera profesional.

Pero el problema… no es sólo cultural. También es laboral y económico.

Mario Esteban, investigador principal para Asia Oriental del Real Instituto Elcano, explica cómo las mujeres continúan siendo las grandes perjudicadas en el mercado laboral. La maternidad limita sus oportunidades profesionales y muchas empresas siguen penalizando a quienes tienen hijos.

"El Gobierno chino no sólo está aplicando medidas socioeconómicas, sino que está haciendo una campaña de propaganda muy grande para recuperar los roles tradicionales de género, que es precisamente contra lo que luchó el Partido Comunista", apunta Esteban.

A ello hay que añadir otro elemento: el coste de criar un hijo. Según un informe del Instituto YuWa Population, basado en Pekín, el coste medio hasta que cumplen 18 años es de 538.000 yuanes, unos 70.000 euros. Y la cifra puede alcanzar los 85.000 euros en las grandes ciudades.

Además, recuerda Mario Esteban, el Estado ofrece una cobertura social muy limitada, por lo que buena parte del peso de la educación y de los cuidados sigue recayendo sobre las propias familias. Eso hace que se vean obligadas a ahorrar para atender tanto a los hijos como a sus mayores. Por tanto, mantener una familia conlleva un esfuerzo económico importante, por lo que la decisión se medita cada vez más.

Pekín es consciente de que revertir esta tendencia será extremadamente difícil, pero ya busca otra solución. La tecnología. El Gobierno ha destinado un gasto récord de casi 507 mil millones de euros en I+D, en robots humanoides, inteligencia artificial o biotecnología.

En cualquier caso, ninguna inversión tecnológica va a resolver la gran contradicción de China. Durante décadas el Estado controló el cuerpo de millones de mujeres y las sometió a una fuerte presión física y psicológica, impidiéndoles ser madres.

Hoy, intenta convencerlas para que lo sean. Pero ya es tarde. La gran diferencia es que ahora son ellas quienes deciden.