Un refugiado sirio junto a su tienda de campaña cerca del asentamiento de Moria

Un refugiado sirio junto a su tienda de campaña cerca del asentamiento de Moria Reuters

Mundo Crisis migratoria

Intentos de suicidio y autolesiones entre los niños refugiados en Lesbos

"En solo una semana he tenido que coser las muñecas de dos adolescentes de 15 y 16 años que habían intentado cortarse las venas". Desde el campo de refugiados de Moria, en la isla griega de Lesbos, la enfermera de Médicos Sin Fronteras Idoia Moreno, relata la extrema situación en la que malviven más de 9.000 migrantes en un espacio diseñado para 3.000 personas. "Sólo hay una palabra describir la situación: un infierno", resume Moreno. 

Mientras los líderes europeos debatían sus posturas encontradas sobre la crisis migratoria sin llegar a ningún acuerdo, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha lanzado una nueva señal de emergencia desde Lesbos: el preocupante aumento de los intentos de suicidio y autolesiones entre los menores que se encuentran hacinados y atrapados en Moria.

En una actividad grupal de salud mental para niños de entre 6 y 18 años, desarrollada de febrero a junio de este año, los equipos de MSF observaron que casi uno de cada cuatro participantes (18 de 74) se había auto infligido daños, había intentado suicidarse o había tenido pensamientos suicidas.

"Desde que llegamos aquí nos sentimos indefensas, vivimos con miedo. Mi hija de 14 años siempre lleva un cuchillo consigo, dice que se va a hacer daño y ha tenido muchas peleas violentas con su hermana", relataba hace unas semanas una de las refugiadas en Moira para eldiario.es. "¿Quién va a protegernos?", se preguntaba en la carta. 

"Estos niños proceden de países en guerra, donde han experimentado violencia extrema y traumas. En lugar de recibir cuidado y protección en Europa, están sujetos a un temor constante, a estrés y a nuevos episodios de violencia, incluida violencia sexual", denuncia Declan Barry, coordinador médico de MSF en Grecia.

Lejos de prestar atención a esta emergencia humanitaria, los mandatarios europeos han centrado sus discusiones sobre inmigración en cómo proteger las fronteras comunes reforzando organismos como Frontex o culpando a las ONG que rescatan migrantes en el Mediterráneo de tener un "acuerdo informal" con los traficantes de seres humanos, según el canciller austríaco Kurz.  

Moria, un asentamiento desbordado

"Es hora de evacuar de inmediato a los más vulnerables a un alojamiento seguro en otros estados europeos", advierten desde la organización humanitaria que tiene una clínica en las cercanías del campo de Moria, gestionado por el gobierno griego. El asentamiento improvisado está completamente desbordado y cada vez está más controlado por las autoridades, que han establecido una suerte de "cordón sanitario" para los medios de comunicación que cubren la crisis migratoria. 

Mientras se ordenan puntualmente traslados a otros centros de acogida, el número de llegadas no para de crecer. Especialmente aumenta el número de menores refugiados que acaban en las islas griegas. Según los últimos datos de la Organización Internacional de Migraciones (OIM) más de 7.000 niños han llegado este año a Grecia, es decir 850 al mes. La mayor parte de ellos han sobrevivido a una peligrosa travesía en el mar y se dan de bruces con una realidad de masificación e inseguridad. 

Al alarmante problema de salud mental, con numerosos ataques de pánico, ansiedad, estallidos de agresividad constantes, hay que añadir los problemas derivados de las condiciones de insalubridad que experimentan los habitantes de este trozo de tierra para apátridas.  "Estamos viendo muchos casos de diarrea recurrente e infecciones de la piel en niños de todas las edades. Con este grado de hacinamiento y de condiciones, el riesgo de brotes es muy alto", explica un portavoz de MSF sobre el terreno. 

"Es el tercer año en el que solicitamos a las autoridades griegas y a la UE que asuman la responsabilidad de sus fracasos colectivos y que pongan en práctica soluciones sostenibles para evitar esta situación catastrófica", recuerda Louise Roland-Gosselin, coordinador general de MSF en Grecia.