Imagen del festival Imilchil.

Imagen del festival Imilchil. SONIA MORENO

Mundo En zonas rurales y urbanas

El drama de las menores marroquíes casadas por un rito religioso ilegal

Al no ser apto para el Gobierno, los maridos las abandonan a los meses y las abocan a la prostitución.

Rabat

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"Me casé y a los cinco días mi marido me dejó porque no teníamos papeles", explica una chica de 16 años a EL ESPAÑOL en el Alto Atlas marroquí. Es una práctica habitual entre los jóvenes de la región, los matrimonios "a la fatiha" (versículo de apertura del Corán), por el rito musulmán y sin papeles.

En la misma conversación, el chico, también adolescente, se justifica porque "es joven" y asegura que "quizás me casé con ella otra vez cuando sea mayor". Algunas de estas mujeres "acaban prostituyéndose porque posteriormente no tienen otra oportunidad de casarse y proceden de familias pobres", como explica el doctor de Sociología y Antropología Chakib Guessous, especialista y autor de libros sobre el matrimonio precoz.

Los siguientes perjudicados con estos matrimonios religiosos son los hijos. Las chicas abandonadas con niños los dejan en los orfanatos, esto en las grandes ciudades, porque no los pueden inscribir en el registro y tampoco escolarizar. En los pueblos o los dan o los abandonan.

"Cuando estaba embarazada y mi amigo me dejó, tenía dos opciones: enfrentarme a mi familia y correr el riesgo de que mis hermanos me mataran, o esperar a que mi niño naciera y tirarlo a la basura. Opté por lo segundo. Justo antes del nacimiento, me encontré con una mujer que quería tener un bebé. Le di el mío". Es un ejemplo de las mujeres que acuden a la asociación por la solidaridad de las madres y los niños en peligro 'Oum El Banine' en Agadir.

Algunas novias del festival Imilchil.

Algunas novias del festival Imilchil. SONIA MORENO

El primer matrimonio registrado data de la civilización babilónica donde estaba prohibido mantener relaciones antes del enlace. A las mujeres que cometían adulterio las mataban. Por eso, las unían con los hombres lo antes posible para estar seguros de que llegaban puras al matrimonio.

Con la llegada de las religiones monoteístas la cosa cambia poco. En algunos textos sagrados la virginidad es un dogma y hoy en día en algunos países, como Egipto o Marruecos, todavía existen los matrimonios de menores de 16 y 17 años.

Esto lo corrobora el profesor Guessous, porque "los padres ven en el matrimonio una protección para su hija", aunque asegura que "menos que en el pasado y a partir de los 15 años".

En el lado opuesto, también hay familias que utilizan estas uniones sin contrato para sacar un rendimiento económico y "entregan a sus hijas por una o dos semanas a hombres que vienen con dinero", detalla el investigador marroquí. Una especie de turismo sexual que es más frecuente en Egipto pero que en Marruecos también sucede.

En el país vecino, las relaciones sexuales no están permitidas fuera del matrimonio. El artículo 490 del Código Penal castiga con penas que van de un mes a un año de cárcel "a las personas de sexo opuesto que, no habiendo contraído matrimonio, mantengan relaciones sexuales entre ellas".

El ministro de Justicia del islamista moderado Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), Mustapha Ramid, defiende esta ley y mantuvo en el Parlamento que "los jóvenes se ponen a convivir sin legalizar la unión y después el hombre no honra sus compromisos conyugales".

Este partido, en el Gobierno desde 2011, solicitó el año pasado establecer la edad legal para el matrimonio en 16 años con el fin de adaptar la ley a la realidad cultural y poner fin a los matrimonios ilegales. No contó con el apoyo del Partido Popular Socialista (PPS), que se opuso por ir en contra de los derechos humanos.

Valor social

En la cultura marroquí el matrimonio tiene un valor positivo y en diferentes partes del país una chica que no está casada a los 18 años está considerada como "una mujer perdida, sin futuro", denuncia el periodista de investigación Hicham Houidifa en su libro 'Dos de femme, dos de mulet' (Espalda de mujer, espalda de mula).

Además los padres, las autoridades locales y los jueces continúan casando a las niñas a las edades tempranas como un contrato. Estos acuerdos en muchas ocasiones también se deben a embarazos no deseados entre menores a quienes se les obliga a contraer matrimonio por cuestiones de honra.

La última víctima de un matrimonio no deseado es Khadija. Una de las hermanas encontró su cuerpo colgado de un árbol en la finca familiar en la localidad de Ouled Mrabet, cerca de Essauira, en la costa sur de Marruecos.

Los vecinos se adelantaron a los resultados de la autopsia y aseguraron en los medios locales marroquíes que la chica se había suicidado "porque su padre la había casado con un hombre del pueblo, viudo después de algunos meses". Se quitó la vida el pasado mes de octubre, apenas había cumplido los 18 años.

Igual en el medio urbano y rural

El matrimonio de menores ha resurgido en los últimos tiempos, y según ha declarado el propio Gobierno "afecta por igual al medio urbano, donde se celebraron casi la mitad de los enlaces, que al rural". El Estado realiza campañas de concienciación para que este tipo de costumbres desaparezcan, sobre todo los matrimonios de jóvenes sin regularizar, que se mantienen principalmente en las zonas más inhóspitas del país donde no hay fácil acceso a la administración.

En el Alto Atlas, EL ESPAÑOL acudió al festival de Imilchil o de los novios, que celebra un matrimonio colectivo una vez al año entre parejas de diferentes tribus beréberes antes de la llegada del invierno con el fin de registrar esos matrimonios, en muchas ocasiones incluso entre familiares.

Así adquieren un valor civil y son aptos ante la ley para defender derechos como el divorcio, recientemente aceptado. Por ello las propias autoridades fomentan esta fiesta que permite que matrimonios ya consumados desde hace algunos meses bajen de las montañas al final del verano y firmen un acto legal de matrimonio.

Rabha Boubker, una chica soltera, explica en el festival que "participan mujeres de todas las edades, incluso menores. La ley es un poco laxa con este tema. También llegan divorciadas que pueden volver a casarse".

Sobre el matrimonio de menores, Haddou Maadid, presidente de la asociación El-Kheir para el desarrollo rural y protección del medioambiente y el cordero, asegura que "no hay menores de 15, pero las chicas de 16 y 17 sí se pueden casar, aunque necesitan el consentimiento de los dos padres".

Un colegio del sur de Marruecos.

Un colegio del sur de Marruecos. SONIA MORENO

Padres y jueces pueden validar estos enlaces a pesar de que en 2004 se creó el Código de Familia o Mudawana, con la intención, entre cosas, de prohibir todo matrimonio de menores salvo autorización de un juez, pero desde la asociación democrática de las mujeres de Marruecos apuntan que "los jueces hacen un mal uso de los artículos 20 y 21 del Código de la Familia porque autorizan a los menores a casarse aunque está prohibido, y así la excepción legal se convierte en algo habitual en el país".

De esta manera la sociedad marroquí, muy vinculada a sus tradiciones y costumbres, no ha llevado el cambio hasta el final, con la celebración de más de 102.000 bodas de niñas menores en Marruecos entre 2004 y 2014, según el último censo realizado por ACNUR.

Las asociaciones de derechos humanos luchan porque haya un organismo que regule estas prácticas. Najat Anwar, presidenta y fundadora de la asociación Touche pas à mon enfant (No toques a mi hijo), considera que estos temas sociales no deberían depender del gobierno. "Se necesita trabajar en colaboración con todas las instituciones no gubernamentales para poner en marcha un sistema de protección de los menores y que no esté dependiendo del político de turno", reivindicó.

Los matrimonios precoces llevan en muchas ocasiones al fracaso escolar y al abandono de los estudios en Secundaria. De esta manera las tasas de analfabetismo en el país son más elevadas cuando nos referimos a mujeres (47,6%) frente al porcentaje de hombres que no saben leer ni escribir (25,3%).

En un colegio de la región de Ourzazate, que visitó este periódico en el sur del país, cerca del desierto, el abandono escolar femenino es del 25% aproximadamente, a pesar de que ha descendido en los últimos años.

El director explica que "las niñas dejan el colegio para ayudar en casa, trabajar o casarse". La solución para Tarik Moudden, el responsable del desarrollo local en la zona de la agencia marroquí de la energía solar MASEN, "es trabajar en la mentalidad, a través de la sensibilización y de la comunicación, estableciendo una confianza con esta población y poder explicarles a los padres el posible futuro de estas niñas".