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Isabel II de Inglaterra ha sido, sin duda, una de las soberanas más importantes del siglo y también de la historia de su país. Varios hitos lo confirman: fue la más longeva de Inglaterra y la que tuvo el reinado más largo del mundo, 70 años, sólo por detrás de Luis XIV de Francia.

Toda una vida portando la corona y trabajando para la monarquía, siendo testigo de importantes acontecimientos políticos que han marcado el devenir de la sociedad, presidiendo actos institucionales, realizando viajes oficiales, asistiendo a bodas reales...

Y toda esta labor acompañada de una imagen externa que construyó y cuidó al detalle. Hoy su imponente armario se expone en la King's Gallery del Palacio de Buckingham, como conmemoración al 100 aniversario de su nacimiento, el 21 de abril de 1926 en Mayfair.

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Bajo el título Reina Isabel II: su vida con estilo, la muestra reúne alrededor de 200 vestidos del armario de una royal icónica que convirtió lo clásico en atemporal, que supo conjugar glamour y lujo sin excederse, que hizo del color su seña de identidad y que fue embajadora única de los diseñadores británicos.

Ellos tuvieron el mayor protagonismo en su vida pública, aunque en contadas ocasiones recurrió a maestros como el español Balenciaga o Dior. Desde que era princesa, antes de portar la corona, Lilibeth —como la llamaban familiarmente— se destacó por su elegancia tradicional, un dress code del que nunca se apartó, aunque lo fue adaptando con la edad.

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Ahora, esta muestra histórica nos permite acercarnos a piezas emblemáticas que lució, algunas muy conocidas como su vestido de boda o el de la coronación, pero otras quizá hayan quedado un poco en el olvido. Aquellos increíbles diseños de gala, cuajados de pedrería y confeccionados en tejidos lujosos que usaba para las ocasiones importantes.

Durante sus primeros años como reina, Isabel II recurrió a la experta aguja de Norman Hartnell, creador del look nupcial y del día que subió al trono, entre otros. Otros como el galés Tommy Nutter y Victor Stiebel firmaron muchos de sus trajes de chaqueta y abrigos durante los 60 y 70.

Pero sin duda, su modista de confianza durante décadas fue Angela Kelly, la guardiana de su imagen, que además de vestirla y elegir sus sombreros y joyas para que siempre fuera conjuntada, diseñaba muchas de las prendas que llevaba en el ejercicio de sus deberes reales.

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Para resumir el estilo de la madre de Carlos III 200 vestidos no bastan, pero sí dan buena cuenta de cómo creó todo un lenguaje a través de la moda en sus más de siete décadas en el trono. Repasamos algunos de ellos.

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    El vestido de novia

    El 20 de noviembre de 1947, la entonces princesa Isabel se casaba con Felipe Mounutbatten en la abadía de Westminster. Norman Hartnell diseñó para ella este magnífico vestido de satén duquesa, ricamente bordado con perlas, inspirado en el renacimiento y la renovación tras las dificultades de la Segunda Guerra Mundial

    Estaba profusamente decorado con más de 10.000 perlas, hilos de oro y plata, strass y cristales Swarovski, distribuidos en motivos que representaban flores de los países de la Commonwealth. El modisto incluso añadió un trébol de cuatro hojas irlandés como signo de buena suerte. 

    La cola, en forma de abanico, medía entre cuatro y cinco metros. Le añadió un velo de tul de seda egipcia y la diadema de diamantes de la reina María. 

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    La coronación

    El 2 de junio de 1953, era coronada nuevamente en la Abadía de Westminster y volvía a Norman Hartnell, que confeccionaría una de las piezas más icónicas de la historia de la monarquía británica. 

    El diseñador creó nuebe diseños diferentes para que la Reina los considerara. Ella eligió el octavo, pero solicitó que el bordado dorado y plateado se realzara con sedas de colores, enriqueciendo así la paleta cromática.

    La falda está bordada con capas de cristales, cuentas y perlas que representan los emblemas nacionales de Gran Bretaña: la rosa Tudor inglesa, el trébol irlandés, el cardo escocés y el puerro galés.

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    De invitada

    Asistió al enlace de su hermana, la princesa Margarita con el fotógrafo Antony Armstrong-Jones en 1960 con este vestido azul con falda de crinolina y la chaqueta bolero a juego. 

    El sombrero, en el mismo tono con grandes flores.

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    Visita oficial

    En la década de 1950, el comienzo de su reinado, Isabel II lució este vestido enun viaje oficial a Nueva Zelanda. Confeccionado nuevamente por Norman Hartnell es de lamé dorado, con un corpiño con ballenas y corsé y una falda amplia fruncida.

    Como explican los reponsables de la exposición, es un raro ejemplo que se conserva de la Gira de la Commonwealth realizada en 1953-54, la más larga jamás realizada por Isabel II, que abarcó las Indias Occidentales, Australia, Asia y África, y cubrió más de 40.000 millas.

    De escote corazón, con bordados blancos y una capa de encaje asimétrica, es un claro ejemplo de cuál era su estilo para las ocasiones de gala en aquella época.

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    Elegancia de gala

    A la soberana británica siempre le gustaron los tonos llamativos, aunque más allá de los gustos tiene un explicación más profunda. En 1960 lució en otra visita institucional este vestido de noche color melocotón. Su inspiración reside en los diseños con polisón de finales del siglo XIX y está ricamente bordado, adornado con cuentas, perlas y lentejuelas iridiscentes.

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    Guiño a los anfitriones

    En 1986, Isabel II se convirtió en la primera monarca británica en visitar China. Para un banquete de Estado celebrado en su honor en Pekín, lució un vestido de noche diseñado por Ian Thomas en crepé de seda rosa, profusamente bordado con cristales y cuentas de cristal, con ramilletes de peonía china, la flor nacional del país y un símbolo venerado de prosperidad en el arte y la cultura.

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    A todo color

    Si algo definía a la soberana era su colorido armario: los tonos pastel y los vitamina tenían protagonismo por igual. Era una estrategia deliberada para que el público pudiera identificarla estuviera donde estuviera, aunque hubiera miles de personas. También era útil para el equipo encargado de su seguridad.

    Sus llamativos trajes de chaqueta y abrigos, siempre combinados con sombrero y guantes, eran obra de Hardy Amies, Stewart Parvin y Angela Kelly, entre otros. Fueron su uniforma de trabajo durante toda su vida.

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    Alta costura

    El diseñador Hardy Amies comenzó a diseñar para la soberana en 1951 y continuó haciéndolo hasta 2002. Fue uno de los tres únicos modistos (junto con Norman Hartnell e Ian Thomas) nombrados oficiales durante su reinado. 

    Este es uno de sus vestidos de noche, de satén de seda color amarillo pálido con corpiño ajustado y cola. Lo llevó en una cena ofrecida por el gobernador de Lahore el 10 de febrero de 1961.

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    En el jubileo

    Este vestido de Angela Kelly lo eligió para aparecer en el balcón del Palacio de Buckingham durante el desfile Trooping the Colour, que marcó el inicio de las celebraciones de su Jubileo de Platino en 2022.

    Su patrón, tipo túnica de largo midi con cuello redondo decorado, fue habitual durante las últimas décadas.