De cara a afrontar un proceso de este tipo, son muchos los detalles a tener en cuenta.

De cara a afrontar un proceso de este tipo, son muchos los detalles a tener en cuenta. skynesher iStock

Qué hacer

Delia Rodríguez, abogada: "Una mala actuación puede perpetuar conflictos o alargar incertidumbres en el divorcio"

La experta aconseja a las mujeres en pleno proceso de divorcio sobre cuestiones legales y acerca de cómo afrontarlo también en el plano personal.

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Delia Rodríguez
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La decisión de divorciarse rara vez se toma de un día para otro. No responde a un impulso, sino al desgaste silencioso de una relación que lleva tiempo resquebrajándose tras los muros del hogar.

En demasiadas ocasiones, las mujeres pasan meses o incluso años intentando sostener un proyecto de vida que no las hace felices, retrasando la ruptura por sus hijos, por la incertidumbre económica o por la esperanza de que, esta vez sí, las cosas cambien.

Madres completamente exhaustas, emocionalmente desbordadas y con la sensación de haber llegado a su límite. Esposas que llevan demasiado sobreviviendo en lugar de viviendo y soportando en silencio una carga que termina por quebrarlas.

Porque ellas, durante años, han priorizado el bienestar de los demás, han relegado el suyo a un segundo plano y han seguido adelante cuando apenas les quedaban fuerzas, hasta que un día el cuerpo y la mente les recuerdan que permanecer en esa situación tiene un coste demasiado alto.

Pero todas sabemos que la decisión de divorciarse no es plato de buen gusto para nadie, ni tampoco hace desaparecer ese dolor que lleva mucho echando raíces en una misma.

De acuerdo a la abogada, un buen divorcio no es aquel que está libre de conflicto, sino el que se afronta con responsabilidad afectiva.

De acuerdo a la abogada, un "buen divorcio" no es aquel que está libre de conflicto, sino el que se afronta con responsabilidad afectiva. iStock

Al contrario, cuando por fin se reúnen las fuerzas necesarias para dar un paso adelante y recuperar las riendas de tu vida, el alivio pronto deja paso al miedo, que paraliza las piernas y nubla el juicio.

Porque la disolución del matrimonio no sólo implica despedirse del proyecto de vida que un día imaginaste, afrontando el duelo por todo lo que pudo haber sido; también supone abrirte a una nueva etapa llena de novedades, incertidumbres y de elecciones que condicionarán el futuro propio y el de tus hijos.

Tranquila, porque sentir vértigo ante esto no sólo es humano, sino absolutamente natural y comprensible.

Precisamente porque muchas mujeres llegáis a este momento emocionalmente agotadas, es fundamental garantizar que las decisiones fundamentales se adopten desde la serenidad, y no desde la desesperanza.

Una inadecuada gestión de este proceso de cambio puede tener consecuencias importantes en distintas capas de tu vida (personal, familiar, financiera), especialmente cuando existen hijos menores de edad, algunas más difíciles de reparar que otras.

Dicho esto, el paso más importante para encarar la separación no es necesariamente el jurídico, sino personal. Antes de iniciar cualquier actuación en este plano, debes dedicarte tiempo a reflexionar y a tener una charla honesta y pausada con la otra persona, si está receptiva a ello, y así poder construir acuerdos justos y realistas para ambos.

También puede resultar conveniente, y no tiene que conllevarte ningún tipo de apuro, culpabilidad o vergüenza, contar con el apoyo de un profesional de la psicología que te ayude a ordenar las ideas, comprender las emociones derivadas de ello y transitar el duelo de una manera más saludable.

El proceso legal ha de ir acompañado también de uno personal.

El proceso legal ha de ir acompañado también de uno personal. seb_ra iStock

Disponer de ese acompañamiento puede ser clave si estás atravesando esta difícil situación, ayudándote a restablecer el equilibrio y proporcionándote las herramientas necesarias para abordar con mayor seguridad las decisiones que deberás adoptar a lo largo del procedimiento judicial.

Y es que en estos momentos suelen salir a la superficie heridas del pasado reabriendo conflictos que pueden dificultar la comunicación o generar una cierta frialdad en la negociación de acuerdos, incluso entre quienes en su momento fueron un soporte fundamental del uno para el otro.

Por ello, te aconsejo llegar a este punto con una preparación mental sólida y muy enfocada a los desafíos que vas a enfrentar.

Sin embargo, este entrenamiento personal resulta insuficiente si no se complementa al mismo tiempo con un adecuado asesoramiento legal. De poco te servirá enfrentarlo con la fortaleza necesaria si careces de una planificación jurídica clara y ajustada a tus deseos y a los intereses de la familia.

Es importante saber que una actuación inadecuada, lejos de facilitarte el proceso, puede generar y perpetuar conflictos o prolongar la incertidumbre familiar y económica, provocando un desgaste adicional que se suma al cansancio que ya arrastras desde hace mucho.

Por este motivo es fundamental el asesoramiento de un abogado especializado que, además de proteger estos intereses, anticipe riesgos, diseñe la mejor estrategia y te asista constantemente con la seguridad jurídica que exige algo de tal trascendencia. Porque, en un momento como este tu tranquilidad debe ser una prioridad.

Todo ello cobra especial relevancia en la adopción de medidas paternofiliales, como la guarda y custodia, el régimen de visitas o la pensión de alimentos. Muchas madres llegan al divorcio con la preocupación de que la separación deje huella en sus hijos y con el deseo de preservar, por encima de todo, su equilibrio y bienestar.

En estos ámbitos la negociación entre las partes encauzada por un abogado, no sólo facilita la resolución del conflicto, sino que también permite articular soluciones adaptadas a las necesidades concretas de los menores.

Dentro de esta actitud constructiva, la comunicación entre las partes desempeña un papel clave para facilitar el desarrollo de este proceso de cambio vital y la posible consecución de acuerdos.

Un diálogo sereno, respetuoso y desprovisto de impulsividad permite abordar las decisiones desde una perspectiva más racional, reduciendo tensiones y favoreciendo un marco estable en el que sea posible avanzar hacia soluciones consensuadas.

El divorcio puede llegar a cualquier edad.

El divorcio puede llegar a cualquier edad. SolStock iStock

En cualquier caso, también es importante que prestes atención al plano más personal y a la forma de gestionar el duelo, el estrés y la ansiedad de la ruptura. En este camino, es clave tener una red de apoyo. Ten meridiano que pedir ayuda no es un signo de debilidad.

Muchas mujeres pasan tanto tiempo sosteniendo a los demás que olvidan cuidar de sí mismas, hasta que el desgaste emocional termina por sobrepasarlas. Compartir lo que estás viviendo con personas de confianza te permite sentirte arropada y afrontar esta etapa con aún más fortaleza.

Ahora bien, ello no implica compartir cada detalle con el entorno ni convertir el divorcio en el eje central de toda conversación. Es vital delimitar con criterio ese círculo de confianza compuesto por aquellas pocas personas con las que una se siente verdaderamente cómoda y que contribuyen a mantener la calma.

Junto a ello, recuperar espacios para una misma, después de años priorizando a otros, también forma parte de esa reconstrucción personal.

En este sentido, el deporte y las aficiones pueden desempeñar un papel relevante, ya que no únicamente liberan tensión, sino que también mejoran el estado de ánimo, refuerzan la autoestima a través de pequeños logros y permiten desconectar temporalmente de los problemas, devolviendo la sensación de control sobre la propia vida.

En definitiva, un "buen divorcio" no es el que llega libre de conflicto, sino aquel que se afronta con responsabilidad afectiva, serenidad y una visión de futuro capaz de proteger el bienestar de todos los implicados.

Y, sobre todo, es primordial que sepas que no estás sola. Si llevas demasiado tiempo sosteniendo una situación que te está consumiendo, pedir ayuda no es un fracaso, sino el primer paso para emprender un viaje inesperado, pero también profundamente transformador.

Delia Rodríguez

Abogada especializada en Derecho de Familia, Infancia y Planificación Patrimonial, colegiada en ejercicio por el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid y mediadora civil y familiar. Es CEO de Vestalia Abogados.