La artista, junto a una de sus obras.

La artista, junto a una de sus obras. Esteban Palazuelos

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Verónica Mar, la escultora del lujo a la que se rifan de Madrid a NY: "Estuve en bancarrota dos veces pero no tiré la toalla"

La artista y diseñadora de muebles y piezas de colección presenta Universo, la retrospectiva de su obra que llega a Gärna Gallery este 10 de septiembre.

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Hoy es jueves, 10 de septiembre, en todo el mundo y también en Madrid. La capital de los españoles despierta con el bullicio propio de una gran ciudad que retoma su anormal normalidad tras el fin de las vacaciones. La M-30 gana kilómetros estos días, el asfalto parece regurgitar más autobuses y los locales recuperan esa prisa que contagia a todos menos a los turistas.

El verano castizo ha sido sinónimo de noticias sobre refugios climáticos que surgían para cobijar a uno del calor y darle algo de tranquilidad. Lo cierto es que el mercurio de los termómetros sigue dilatado y seguimos agradeciendo hallar espacios de paz en la urbe. En el número 12 del callejón de Jorge Juan todo parece ir a otro ritmo, como movido por una energía distinta.

Tal vez sea porque allí, en Gärna Gallery, se exponen las obras de Verónica Mar (Granada, 1979). La artista de la energía y la luz, la que ha conquistado a galerías internacionales y clientes de lujo, presenta Universo, una retrospectiva que recorre décadas de carrera de una mujer "obsesionada por buscar la esencia de las formas", como ella misma suele decir.

Nació en Granada, ha vivido en Barcelona y hoy tiene su estudio en Madrid. De niña, La Alhambra y el Parque Güell alimentaron su apetito creativo. Desdibuja toda línea capaz de separar a quien crea por amor al arte y quien lo hace para el mercado, y es que tan posible es toparse con sus piezas en un parque de estilo Art Déco de Bruselas como que una familia las coloque presidiendo su jardín.

Antes de que la convocatoria de prensa llene las salas esta mañana y de que el público general cruce las puertas de Gärna a partir de la tarde, Verónica guía a Magas en primicia por este recorrido. Entre las paredes muestra cómo conviven los inicios de su carrera en 2007 creando mobiliario escultórico inspirado en la naturaleza hasta su producción más reciente.

Verónica Mar, en la sala principal de Gärna Gallery, donde se expone 'Universo'.

Verónica Mar, en la sala principal de Gärna Gallery, donde se expone 'Universo'. Esteban Palazuelos

Desde su primer columpio de madera y aluminio inspirado en las hojas que caen de los árboles o la exploración del movimiento en espiral —presente desde el ADN hasta las galaxias— hasta sus piezas clave inspiradas en el árbol sagrado del Ginkgo biloba, su famoso banco Soul Sculpture Bench, sus "meditaciones" al acuarela en un solo trazo al estilo sumi-e...

En este fascinante recorrido, se asoman fotos que trasladan a obras monumentales de varios metros para clientes a miles de kilómetros. También hay proyectos más personales, como la serie de tres esculturas dedicadas a la memoria de una perrita, Roma, mirando al mar en un chalet de Zahara de los Atunes.

Su producción se sustenta en un concepto de "geometría sagrada" que, defiende Mar, los antiguos constructores empleaban para levantar templos o catedrales. Asimismo, la artista tiene el gusto de calcular las medidas de sus creaciones a partir de la latitud del lugar de nacimiento de cada cliente, creando patrones únicos que buscan potenciar "energías" específicas.

Tras este paseo entre sus piezas, nos sentamos a conversar tranquilamente con ella para profundizar en su devenir profesional, los materiales nobles y el ímpetu interior que guía su trabajo.

¿De dónde nace esta pulsión artística? ¿Es un legado familiar o una búsqueda personal desde la infancia?

Mi padre tenía una bollería y mi madre fue maestra de primaria. Ella me decía que con tres añitos dibujé un sol enorme en la pared de la casa y lo dejó ahí hasta que nos fuimos. De modo que desde pequeña me ha gustado dibujar y pintar. Con nueve me apuntó a clases al óleo. Disfrutaba jugando con mis hermanos a los Legos y la creación me apasionaba.

Al entrar en la Facultad de Bellas Artes, la primera vez que toqué el barro me sorprendió; era una maravilla no trabajar sólo en dos dimensiones, porque en tres tienes más información. Empecé la carrera en Madrid y después me fui a Barcelona a estudiar interiorismo, porque necesitaba trabajar a lo grande y vi que esa disciplina podía ser muy creativa.

La artista acompaña a Magas en un recorrido por su obra.

La artista acompaña a Magas en un recorrido por su obra. Esteban Palazuelos

Su obra bebe constantemente de la naturaleza y del entorno. ¿Cómo han influido en su imaginario creativo los distintos lugares en los que ha crecido y vivido?

Nací en Granada, pero enseguida nos fuimos al pueblo de mi madre, en Jerez del Marquesado, muy cerca de Guadix. Todos los veranos estaba allí, en la otra ladera de la montaña, rodeada de campo. Recuerdo quedarme maravillada con los almendros en flor o, cuando íbamos al río, viendo cómo se quedaban las rocas en su estado más puro. El mar también me relajaba.

Por otra parte, aún pienso en la primera vez que fui a La Alhambra o al Parque Güell. Me quedé alucinada. En la primera, al pisar el Patio de los Leones y ser testigo de sus proporciones, sentí algo que me movía por dentro. Esos momentos de visitar monumentos con tantos colores y formas orgánicas me marcaron.

Yo estaba enamorada de Gaudí y, por ejemplo, las forjas de los balcones de La Pedrera me parecían maravillas por cómo imitaban las contorsiones de la naturaleza. De pequeña tenía un libro de las siete maravillas del mundo y me fascinaban el Taj Mahal, Machu Picchu... Todas esas eran mis referencias.

Madrid es su casa desde hace 16 años. ¿Qué representa la capital en su dinámica de trabajo cotidiana?

Fue algo práctico. Vine aquí porque contaba con más artesanos con los que podía empezar a desarrollar mi obra, y me resultaba fácil ir al taller para estar con ellos, que es algo que me gusta. De hecho, una de mis primeras piezas, la lámpara Ginkgo, la trabajé en Torrejón con la fundición Esfinge y yo estaba con ellos soldando, con mi careta puesta horas y horas en la nave.

La capital actúa como mi campamento base para coordinar a todos los industriales, porque es verdad que tengo colaboradores en Almería, Valencia, Alicante, Barcelona, La Coruña... Hay un poco de todo, aunque donde más proveedores he tenido ha sido aquí.

Su obra se nutre de una profunda conexión con la naturaleza y la geometría sagrada.

Su obra se nutre de una profunda conexión con la naturaleza y la geometría sagrada. Esteban Palazuelos

Su red artesanal traspasa fronteras. Antes me hablaba de una mesa que elaboró a partir de un tronco buscado nada más y nada menos que en Rusia.

Sí. Hace unos 10 años, cuando empecé a trabajar con mi galería de Nueva York, me presentaron a unos artesanos. Con ellos hice el Soul en madera y la mesa Vortex, que proviene de un tronco siberiano de más de un metro de diámetro. Gracias a que la firma tiene artistas que, a su vez, trabajan con artesanos muy potentes a nivel internacional, pude dar ese salto.

Las formas de sus obras remiten a hojas, a olas, a reflejos del agua, animales... pero no son representaciones literales. Siempre van un paso más allá.

Busco encontrar la esencia de la forma con el mínimo material posible. Esa es mi obsesión e intento plasmarla en las esculturas. Estas poseen mucho volumen, pero realmente poca materia. Llegar a esa armonía es, para mí, un reflejo de lo que tenemos que hacer en nuestra propia vida, guiados por la sabiduría interior. Mi desarrollo personal se ve recorriendo mi producción.

Crea tanto para el espacio expositivo como para coleccionistas privados. ¿Cómo se gestiona el equilibrio entre la libertad creativa total y los encargos más personalizados?

Cuando concibo para una exposición porque me nace explorar un concepto o una energía determinada, soy libre. Pero la gente que me encarga una pieza única para su hogar ya sabe lo que se va a encontrar, ha visto mi trayectoria y confía en mí. Yo no me adapto a que cambien el trasfondo que hay detrás; los clientes se dejan llevar por el estilo con el que trabajo.

Una de las tres piezas de la serie 'Roma', encargo de un cliente para los exteriores de su casa en Zahara de los Atunes.

Una de las tres piezas de la serie 'Roma', encargo de un cliente para los exteriores de su casa en Zahara de los Atunes. Página oficial de Verónica Mar

Emplea materiales rotundos y pesados como el mármol o el acero, pero es curioso cómo logra hacer que parezcan ligeros y en movimiento. ¿Le gusta retar a la gravedad?

Me rodeo de los mejores artesanos de cada material; ellos son mis manos. La pintura la hago yo en mi estudio, pero para volúmenes de tres metros que pesan 800 o 900 kilos, o bloques de piedra muy delicados, me tengo que apoyar siempre en ellos.

Es difícil mover este tipo de obras porque son muy delicadas, pero la idea es dar la sensación de que se están elevando juntas. Por ejemplo, las esculturas terminan en punta porque simulan aparecer, generarse y luego desaparecer en el aire. Es complicado llegar a esas formas tan minimalistas pero es algo tan canalizado e innato que me sale solo.

Verónica Mar ante el objetivo.

Verónica Mar ante el objetivo. Esteban Palazuelos

¿Hacia dónde se dirige el diseño de mobiliario de colección y el arte más exclusivo?

Lo más valioso es el oficio artesanal: colaborar con expertos o que el artista use sus manos. Ahora que viene la robótica y la IA, la huella humana es insustituible. Es imposible que lo que te viene de la inspiración se pueda reflejar a través de una máquina. Por eso el trabajo manual con materiales nobles es la tendencia. Ah, y la cerámica, que también quiero usarla pronto.

Lo ha mencionado usted, así que es de obligación preguntar... ¿Cómo se lleva Verónica Mar con la IA? ¿La integra en su trabajo o la descarta por completo?

La utilizo como una herramienta. Si le mando un dibujo que ya tengo hecho a mano, me hace un render hiperrealista en dos segundos. Me parece un recurso tremendo porque ahorra tiempo que antes gastaba con una tarea que no soportaba [ríe]. La verdad es que ayuda muchísimo.

¿Cómo selecciona los materiales de sus obras en función del espacio o del cliente?

Este me dice qué prefiere, pero yo también puedo proponer si, por ejemplo, la casa no soporta más de 500 kilos y no tiene sentido poner mármol.

Aparte de eso, puedo analizar el nivel de vibración de los elementos, las formas y los colores en la escala Bovis [una escala de medición usada en la radiestesia −considerada una pseudociencia− para evaluar la energía y vitalidad de personas, lugares y objetos].

Dependiendo de lo que necesite el cliente, se le puede ofrecer un material que vibre más alto. Me han pedido desde piezas diseñadas para infundir fuerza interior hasta esculturas y joyas pensadas para transmitir la serenidad necesaria para ayudar a salir de una depresión.

La pieza 'Soul Sculpture Bench' en su versión de madera y la silla escultórica 'Ebba'.

La pieza 'Soul Sculpture Bench' en su versión de madera y la silla escultórica 'Ebba'. Página oficial de Verónica Mar

¿En qué escala de precios se mueven estas piezas de arte y diseño?

La horquilla es muy amplia. Una en acero corten puede estar en torno a los 31.000 euros; pero el mármol White Onyx, que es carísimo, alcanza los 98.000 por la materia prima. Luego, esta galería ha llegado a vender un trabajo de cuatro metros por 530.000. Tengo propuestas desde 1.200 hasta volúmenes monumentales de hormigón que están muy cerca del millón.

También hay en su porfolio colaboraciones importantes con marcas como Porcelanosa o Cosentino. ¿Cómo nacieron estas sinergias?

La de Porcelanosa fue en 2014. Conocían mi obra, se enamoraron de uno de mis bancos (Cala) y les propuse exponerlo y crear cuatro colecciones con su Krion, un material blanco puro que se termoforma con calor y con el que hice las primeras esculturas y colecciones de joyería.

En el caso de Cosentino, en 2019 querían presentar su gama Stonika y me propusieron hacer una pieza. Me inspiré en las columnas de basalto de Islandia para crear unos tótems alargadísimos, casi de tres metros y con luz interior que se proyectaba hacia arriba.

¿Qué experiencia busca propiciar en el espectador que recorra Universo en Gärna Gallery?

Que sienta la obra y esa energía que emite y esa conexión que genera paz y calma. Que vea el recorrido desde el comienzo con mis piezas quizás más emblemáticas, el Soul o la lámpara Ginkgo, hasta las últimas. Verlas en fotos está bien, pero cuando uno se puede sentar, las puede tocar y puede percibir lo que están transmitiendo, es totalmente diferente.

Retrato de la creadora granadina.

Retrato de la creadora granadina. Esteban Palazuelos

Viendo todo este camino... ¿ha sido fácil hacer de la creación un modo de vida?

Ha sido muy complicado. Estuve en bancarrota total dos veces.

¿Y de dónde se sacan las ganas después de eso?

Yo también me lo pregunto; nunca tiré la toalla. En 2018, antes de irme a una residencia de artistas importantísima en Shanghái, me dijeron que tenía cáncer de mama y no me pude mover.

Pero siento que es una fuerza interior: todos venimos con un propósito a esta vida y el mío es traer luz a través de mi obra escultórica y de mobiliario. Eso no se entiende con la mente, se lleva siempre con el corazón.

Además de esta muestra en Madrid, acaba de llevar Enso Gate a Bruselas... Hablamos de una escultura de dos metros que el público podrá ver en el parque Square Armand Steurs y que se inspira en el Ensō, círculo sagrado del budismo zen.

Sí, fue a raíz de una invitación para una exposición colectiva por la 34ª edición de The Art Square. Está realizada en acero corten y estoy muy contenta con cómo ha quedado. Se instaló el 25 de agosto y la presentamos el 29 con el alcalde. Crear piezas de ese calibre tiene un coste superelevado, pero fue una apuesta muy bonita.

La escultura 'Enso Gates' presentada en la capital belga.

La escultura 'Enso Gates' presentada en la capital belga. Cedida

¿Cuáles son los lugares más especiales donde ha estado Verónica Mar?

Tener representación en Nueva York desde 2017 me parece un reto precioso. También haber expuesto con Rossana Orlandi en Milán, en Londres, el proyecto que estoy haciendo ahora con el puerto de Sotogrande o una gran lámpara de tres metros para McKinsey en Japón. Mira, esto último justo ocurrió gracias a no haber podido ir a Shangái.

De todas formas, lo que más me gustaría en el futuro es tener más obras colocadas en los espacios públicos para que la gente disfrute de ellas aunque no pueda comprarlas, que pueda ir a una plaza o a un jardín y sentirlas.

Tras transitar por disciplinas tan diversas como la joyería, el diseño o la pintura, ¿hacia qué nuevo territorio le gustaría encaminar su trabajo?

La arquitectura. Cuando fui a Japón me enamoré del Museo de Teshima, que es un edificio como un útero blanco donde la única obra es una gota que sale del suelo. Diseñar espacios que lleven a las personas a esa elevación del espíritu es mi siguiente nivel.