La empresaria María Paz Hurtado posa para esta entrevista.

La empresaria María Paz Hurtado posa para esta entrevista. Álvaro Cabrera

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María Paz Hurtado, empresaria: "Es fundamental la pasión para estar 50 años al pie del cañón en una industria"

Empezó vendiendo aceitunas en su casa por teléfono a clientes extranjeros cuidando a su hijo. Hoy, Hutesa es un referente agroindustrial en Andalucía.

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Dice la empresaria María Paz Hurtado que el "mayor orgullo" de su vida fue ayudar a rescatar en 2021 a una familia de Afganistán con la llegada de los talibanes.

Ferozuddin Hussaini importaba las aceitunas de la empresa de Hurtado y las distribuía. Le escribió un mensaje pidiendo ayuda y, tras muchos trámites diplomáticos, Hurtado consiguió traérselo a él, a su mujer, una hermana y a sus dos hijos de seis y tres años.

Se escribió mucho sobre aquella historia. La hermana regresó a Kabul y el matrimonio sigue haciendo operaciones comerciales con Hurtado, pero desde una oficina en Barcelona.

María Paz Hurtado (Sevilla, 1958) es una referencia. De hecho, es Medalla de Andalucía y es de las primeras mujeres que se vienen a la mente cuando se piensa en alguna mujer empresaria. Empresaria de verdad, de las que fundaron la compañía con una mano delante y otra detrás, no heredera del imperio o directiva contratada.

María Paz Hurtado posa para esta entrevista.

María Paz Hurtado posa para esta entrevista. Álvaro Cabrera

En las escuelas de negocio se trabaja mucho el método del caso y el de Hurtado daría para matrícula de honor. "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla", decía Antonio Machado y, en el caso de Hurtado, se podría decir lo mismo.

Quería estudiar Periodismo, pero no pudo ser por motivos económicos. "En mi casa no había dinero. Era buena estudiante y con 14 años por la mañana iba al instituto y por la tarde sacaba 3.000 pesetas dando clase en una academia. Sé de qué va esto, de esfuerzo y trabajo", comenta.

Con 17 años entró a trabajar como "aspirante a auxiliar administrativo" en una empresa de aceitunas en Dos Hermanas en la que cobraba 8.500 pesetas al mes. Tuvo un jefe que la animó a formarse para crecer. Y lo hizo.

En el escandallo de la aceituna, en el departamento de personal, en el de compras...

"Terminaba a las seis de la tarde de trabajar y me iba todos los días de seis a diez de la noche a Sevilla a hacer dirección comercial y de marketing y a aprender inglés", señala.

Hurtado afirma que se acuerda mucho de aquel jefe que le dio alas. "Nadie llega a la cima ni al éxito solo o sola. Necesitas personas que son referentes, personas que te ayuden, que te abran puertas y que te avisen cuando te equivocas. Nadie nace sabio", indica.

Este es solo el principio de la historia de María Paz Hurtado y de su empresa agroalimentaria Hutesa, que vende aceitunas en más de 40 países y que factura más de 30 millones de euros anuales.

Nos recibe en una de las majestuosas salas del hotel Miramar en Málaga. Hurtado habla de forma pausada y muy clara. Con la sabiduría y la experiencia de una mujer que lleva 50 años trabajando y que "no piensa jubilarse".

María Paz Hurtado en el hotel Miramar en Málaga.

María Paz Hurtado en el hotel Miramar en Málaga. Álvaro Cabrera

Hemos dejado la historia en la introducción cuando trabajaba en Sevilla. ¿Cuándo y por qué se traslada a Málaga?

Llegué a Málaga por primera vez en 1981. Venía en un 600 con varias amigas. Mi idea era conocer a un hombre bueno y rico que fuera mi marido. Yo tenía mucha ilusión de casarme con un hombre rico porque llevaba muchos años trabajando (ríe).

Que la quitara de trabajar.

O por lo menos que me lo pusiera todo un poco más cómodo. Es divertido, pero es así. Fui con mis amigas a un hotel de la Costa del Sol y allí conocí a Gregorio. Era el jefe de administración y de personal del hotel. No era rico, pero nos enamoramos. Nos casamos en 1985 y busqué algún empleo en alguna fábrica de aceitunas de Málaga que era donde tenía experiencia.

Y la encontró.

Sí, se llamaba Olivas Málaga y estaba en el municipio de Fuente de Piedra. Vendía a clientes y a los dos años cerró la empresa.

¿Qué hizo entonces?

Esos clientes se habían quedado sin recibir mercancía, pero yo les había dado mi palabra así que empecé a comprar y vender aceituna yo por mi cuenta. Vendía desde mi casa, en una habitación de ocho metros cuadrados en un piso pequeño de la calle Ayala de Málaga. Me acogí al pago único de lo que había cotizado anteriormente y compré una mesa, un teletipo, una grapadora o una máquina de escribir.

En ese momento tuve además a mi hijo Javier, al que le daba el pecho. También me daba tiempo a planchar y hacer la comida. Vendía aceitunas desde mi casa. Llegué a facturar 500 millones de pesetas y a ganar 24 millones en los años 1990 y 1991.

Desde el piso ya no podía hacerlo todo y compramos aquella fábrica que quebró en Fuente de Piedra.

Usted siempre habla maravillas de su marido y del buen equipo que hicieron.

Es un buen compañero de viaje y eso es fundamental. Dejó el hotel y se dedicó a la parte financiera y de recursos humanos de la empresa, que era su fortaleza. Las primeras partidas de aceituna me avalaba con su nómina.

Al principio, antes de comprar la empresa, no teníamos un céntimo. Al contrario, empezamos con cuatro hipotecas sobre nuestra casa en Málaga con un interés del 19% y sin confianza por parte de los proveedores.

¿Cómo consiguió esa confianza?

Dando pasos firmes, haciendo que los demás creyeran en mí y no perdiendo nunca la esperanza de que nos conseguiríamos quitar esa deuda.

¿Tardaron mucho en quitarse esas hipotecas?

No mucho, en seis o siete años estaban quitadas. Trabajamos duro y con mucho riesgo, pero los clientes nos acompañaron. No había internet. Hablaba con los clientes por teletipos, fax, cartas y teléfono. La clave era mostrar seriedad y respeto. Un apretón de manos tenía la misma validez que un contrato y había que tener solvencia personal.

La empresaria María Paz Hurtado.

La empresaria María Paz Hurtado. Álvaro Cabrera

También tuvieron otros momentos duros, temiendo incluso desaparecer.

Sí. Hubo un momento crítico con la devaluación del dólar. Sobrevivimos gracias al apoyo del IFA, que nos adelantó 30 millones de pesetas para poder trabajar. Les dije "o me ayudáis o tendremos que cerrar". Y lo hicieron.

Siempre insisto en que siempre hay una puerta abierta, siempre hay buenas personas y si crees en ti, en tu proyecto y transmites seguridad es muy difícil que alguien no te crea.

Usted era una mujer empresaria en el sector agroindustrial a finales de los años 80 y 90. Prácticamente una isla en el desierto. Y exportaba todo, por lo que estaba y sigue estando con empresarios de muchas partes del mundo, incluyendo a los árabes. ¿Ha tenido alguna vez algún problema?

Afortunadamente no. Nunca he tenido ningún problema con ningún hombre ni ninguna agresión. He tenido suerte o he sabido cortar a tiempo. Soy bastante seria y no suelo ir a cenar con clientes. Si hay que hacer alguna comida de trabajo, a mediodía, y las reuniones, los contratos y las discusiones profesionales hay que hacerlas en los despachos, no con una copa de vino en un bar.

Ese ha sido mi criterio siempre. En la compraventa de aceituna con agricultores se estila mucho ir a tomar copas. Yo nunca he necesitado eso y, al final, se llega al mismo sitio.

Usted siempre anima a las mujeres a ser empresarias.

Cualquier mujer puede ser empresaria si tiene un gran proyecto y si cree en ella. Insisto mucho en creer. Hay que asumir riesgos, evidentemente. Y si ves que en los dos o tres primeros años no hay rentabilidad dedícate a otra cosa, no estés 20 años perdiendo dinero.

Usted también ha sido siempre una firme defensora de la independencia de las mujeres.

La mujer, como el hombre, debe aspirar a tener una formación, una profesión y unos ingresos. Y si una pareja decide que uno de los dos se queda en casa cuidando a los niños pequeños tiene que ser una elección, no una obligación.

Los jóvenes, además, están muy preparados.

Sí, yo veo a muchos jóvenes emprendedores en la Cámara de Comercio de Málaga con ideas formidables. No les veo nada vagos, sino muy formados y con ganas de hacer cosas.

Tenemos jóvenes brillantes y lo lamentable es que muchos de ellos, con gran talento, se tengan que ir fuera. Hay que darles salarios y proyectos que los retengan aquí.

Creo mucho en la juventud. Hay una generación potente de chicos y chicas de 25 ó 30 años con ideas formidables.

María Paz Hurtado en un momento de la entrevista.

María Paz Hurtado en un momento de la entrevista. Álvaro Cabrera

Estoy en la Cámara de Comercio de Málaga, en la Confederación de Empresarios y en el Consejo de Empresa Familiar. Es muy satisfactorio poder ayudar a los que empiezan, aportar tu experiencia, y animo a las mujeres a que participen de manera activa en el mundo asociativo.

Cuando me vienen jóvenes y me dicen que no tienen recursos les digo que yo tampoco los tenía; que no tienen experiencia les digo que yo tampoco la tenía; que no saben por dónde empezar y les digo que yo tampoco lo sabía. Pero todo se aprende y es mejor ir acompañado de instituciones que ayudan con equipos especializados.

Mi ego está satisfecho, pero hay que ser útil. La gente tiene que ver que si se quiere se puede.

¿Qué queda intacto de la María Paz Hurtado que empezó a trabajar hace 50 años?

Muchas cosas. Y otras que no están intactas están mejoradas. Están intactas la ilusión, la pasión y la motivación. Es fundamental para permanecer 50 años al pie del cañón.

¿Cómo definiría su estilo de dirección?

No sabría decirte, pero pasional, reflexiva, emotiva, siempre tratando de ser lo más justa posible, mirando a los demás como son y no como parecen ser y dando servicio a los que tengan razón.

Este equilibrio emocional se gana con el tiempo. No se tiene con 20, 30 ni incluso 40 años. Es un poso que va viniendo con el paso del tiempo y de rodearte de personas que te aporten. Mi madre siempre me decía que me rodeara de personas en las que la peor fuera yo. Es la única manera de avanzar y aprender.

Soy una persona aparentemente muy dura, pero bastante sensible. Por eso me van bien las cosas desde el punto de vista comercial.

La empresaria andaluza María Paz Hurtado posa en el hotel Miramar de Málaga.

La empresaria andaluza María Paz Hurtado posa en el hotel Miramar de Málaga. Alvaro Cabrera

¿Qué no es negociable para usted en la cultura laboral de la empresa? ¿Cuáles son sus líneas rojas?

La ética. Los valores, la dignidad. Son líneas rojas que no pueden cruzarse. Los que somos de otra época tenemos ciertas líneas muy claras y no permitimos que nadie las traspase empezando por uno mismo.

Su hijo está integrado en Hutesa. ¿Está ya confirmado el relevo generacional?

Mi hijo tiene 40 años, está muy bien formado e integrado en la empresa. Hutesa está profesionalizada, robotizada y digitalizada con todas las certificaciones a nivel internacional y descubriendo nuevos mercados en otros países. El relevo está garantizado.

Pero usted también sigue ahí y no tiene interés ninguno en jubilarse.

No me pienso jubilar si no se me merman las facultades. Para mí no es un trabajo. Disfruto mucho haciéndolo. Me levanto con gusto, voy a la fábrica y vuelvo. No me cuesta ir a trabajar. Al contrario, un fin de semana sin ir me parece un poco largo y unas vacaciones de cinco días ni te cuento.