La artista sevillana, Premio Nacional de Artes Plásticas y una de las más reconocidas de la segunda mitad del siglo XX, falleció en 2021.

La artista sevillana, Premio Nacional de Artes Plásticas y una de las más reconocidas de la segunda mitad del siglo XX, falleció en 2021. Archivo EE

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Carmen Laffón, la artista de la calma que iluminó España, vuelve a emocionar cuatro años después de su muerte

Magas habla con Paula Luengo, jefa de exposiciones del Museo Thyssen y comisaria de la nueva muestra que celebra la obra de la pintora, Variaciones.

Más información: Carmen Laffón: “No he sido nunca ambiciosa, he pintado lo que sentía”

Alba Díaz
Publicada

Consumimos miles de imágenes al día y apenas detenemos la mirada en ninguna. Carmen Laffón (Sevilla, 1934–Sanlúcar de Barrameda, 2021) dedicó su vida entera a hacer justamente lo contrario.

Ella escogió mirar un mismo armario, una misma cesta, un mismo tramo de marisma durante décadas, hasta encontrar en la repetición algo parecido a una revelación.

Cuatro años después de su muerte, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza vuelve sobre su obra con Variaciones, una exposición comisariada por Paula Luengo, jefa de exposiciones del centro, que decidió alejarse de la retrospectiva tradicional para proponer una nueva lectura sobre la andaluza.

Una vocación temprana

Carmen Laffón nació en Sevilla en 1934, en una familia culta y vinculada al mundo intelectual. Creció en un ambiente que favoreció su sensibilidad artística en una época en la que la carrera de una mujer como creadora todavía estaba lejos de ser un camino sencillo.

Su vocación apareció muy pronto. Con apenas 15 años comenzó a recibir clases del pintor Manuel González Santos y poco después ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. Más tarde completaría su formación en la de San Fernando, en Madrid, y viajaría por Europa para conocer de cerca otras tradiciones pictóricas.

Pero, más allá de su formación académica, hubo un elemento decisivo en su trayectoria: la relación con su tierra. Sevilla, Sanlúcar de Barrameda y el paisaje del Bajo Guadalquivir no fueron sólo escenarios de su pintura, sino una forma de entender el mundo.

Imagen de archivo de la artista trabajando en una de sus obras.

Imagen de archivo de la artista trabajando en una de sus obras. El Cultural

Frente a la tendencia de muchos coetáneos a buscar una ruptura radical con la tradición, encontró modernidad en mirar de nuevo aquello que tenía delante.

Una mujer en camino

Cuando Carmen Laffón comenzó su carrera, ser mujer artista implicaba moverse en un territorio donde todavía existían barreras. La creación femenina ocupaba un espacio secundario dentro del relato oficial del arte español y las instituciones estaban lejos de ser igualitarias.

Sin embargo, ella no construyó su trayectoria desde la reivindicación explícita, sino desde el trabajo constante. Su respuesta fue la propia obra: una carrera sólida, independiente y coherente que acabaría llevándola, en el año 2000, a convertirse en la segunda académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Su reconocimiento llegó sin necesidad de abandonar una forma de hacer profundamente personal. Frente a las urgencias del mercado o las modas artísticas, mantuvo siempre una relación íntima con la pintura.

Quizá por eso su trayectoria resulta especialmente singular: fue una mujer que logró hacerse un lugar en un sistema dominado por hombres sin renunciar a una mirada propia.

Cuatro años después

"Es un homenaje, ya que Carmen Laffón falleció en noviembre de 2021 y no se había hecho ninguna gran exposición en Madrid desde el 92", explica Paula Luengo, jefa de Exposiciones del museo y comisaria de la muestra, que atiende a esta revista. Aquella última cita fue la que le dedicó el Reina Sofía, comisariada por María Corral.

El nuevo proyecto nació de la mano del entorno de la pintora: "Me puse en contacto con la familia y han colaborado en todo momento; de ahí comenzamos a trabajar en el proyecto en 2023". Tres años de trabajo que desembocan ahora en la primera gran monográfica que un museo nacional dedica a la sevillana desde su fallecimiento.

Esa decisión es también una declaración de intenciones, la de no mirar a Laffón como una artista encerrada en una época, sino como una creadora que durante más de seis décadas volvió sobre sus obsesiones para transformarlas.

Ideas, no cronología

Lo primero que se advierte al entrar en las salas es que esto no es una retrospectiva al uso. La muestra rompe con el recorrido cronológico y organiza las obras por temas, series y variaciones, un criterio que da título a la exposición.

El recorrido se despliega en nueve secciones dedicadas a los motivos que Carmen cultivó durante más de 60 años entre Madrid, Sevilla y Sanlúcar: los bodegones, los objetos cotidianos —cestas, máquinas de coser—, el paisaje urbano visto desde azoteas, el Coto de Doñana, la cal, la viña, las salinas y los armarios.

La única sala en la que aparece la figura humana es la dedicada a la muñeca y la cuna, donde los bebés se convierten en símbolo de la vulnerabilidad, y por ella arranca el recorrido.

'Inés Laffón en la cuna' (Carmen Laffón, 1995).

'Inés Laffón en la cuna' (Carmen Laffón, 1995). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Madrid

Un armario, el tiempo

Para Carmen Laffón repetir nunca significó copiar. Era una manera de profundizar. No pintaba un mueble; pintaba el tiempo que este acumulaba. No pintaba objetos; pintaba la memoria que contenían. Pocas series ilustran mejor esa forma de trabajar que la dedicada a los armarios, un motivo al que regresó de manera constante a lo largo de su carrera.

Son composiciones de apariencia clásica, casi doméstica: el retrato de algo que podría encontrarse en cualquier casa. En 1979 realizó una serie de armarios blancos que presentó en la FIAC de París de la mano de la galería Juana Mordó. A partir de ahí volvió a ese motivo una y otra vez, depurándolo hasta hacerlo cada vez más esencial y cercano a la abstracción.

En los 60 y 70, formó parte de una generación que buscaba renovar la pintura española. Su relación con artistas como Fernando Zóbel y con la galerista Juana Mordó la situó dentro de los circuitos más interesantes del arte contemporáneo español.

Sin embargo, su camino fue siempre singular: mientras otros exploraban la abstracción o las rupturas formales, ella encontró una vía propia en la tensión entre realidad y emoción.

Con los años fue depurando el objeto —abriendo, cerrando, tapando, cambiando su emplazamiento en el lienzo— hasta que, ya en 2002, el mueble aparece representado de una manera cada vez más abstracta.

"La gente tiene una imagen de Carmen como una pintora más clásica o tradicional, pero no lo es", señala Luengo. "En sus últimas series es una artista muy contemporánea". Por eso su obra ha sido definida muchas veces como un realismo poético, uno que poco a poco se acerca a eso, a la abstracción.

En 1995 dio un paso más y empezó a trabajar la escultura, un medio artesanal que le gustó desde el principio. Y sus primeras piezas fueron, de nuevo, pequeños armarios.

En la aparente mundanidad de estos cuadros, al fin y al cabo representaciones de muebles modestos, se abren espacios que parecen deshilarse del tejido del tiempo, como cofres que atesoran el misterio de la intimidad del hogar y también el camino a una pintura más libre.

Doñana en abstracción

Si existe un lugar inseparable de Carmen Laffón ese es el sur. La Jara. Las Salinas. El Guadalquivir. Y si los armarios son el ejemplo doméstico de esa mirada lenta, el Coto de Doñana lo es a escala de paisaje.

En las vistas pintadas desde Sanlúcar, el realismo se diluye poco a poco hasta rozar una abstracción casi rothkiana: una línea de horizonte que parte el lienzo en dos grandes bloques de color vibrante.

Pero sus paisajes no son postales andaluzas. No buscan representar un lugar concreto, sino transmitir una experiencia. La misma sensación ocurre en sus bodegones: unas cestas, una máquina de coser, una mesa o una pared encalada se convierten en escenarios donde el tiempo parece haberse detenido.

Siempre más moderna

"Yo lo que espero que el visitante descubra es cómo Carmen va más allá, cada vez es más contemporánea, cada vez trabaja formatos más grandes, temas más novedosos, cambia su estilo característico de pintar", señala Luengo.

'Bodegón del galletero' (Carmen Laffón, 1991-1992).

'Bodegón del galletero' (Carmen Laffón, 1991-1992). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Madrid

Ese recorrido estilístico arranca en un realismo casi mágico, pasa por las veladuras que se convirtieron en su sello, y desemboca en las series de gran formato de la madurez, "en las que cada vez tiene más importancia la pintura y menos la representación", comenta.

Ahí están los lienzos de las salinas, de más de dos metros, en los que la sevillana, ya octogenaria, jugaba con los blancos y dejaba que la pintura chorreara sobre la tela: un gesto, dice Luengo, "mucho más contemporáneo" de lo que el gran público suele asociar a su nombre.

Un oasis urbano

A Laffón se la ha etiquetado a menudo como ‘la pintora de la calma’. En plena era del consumo compulsivo de imágenes, esa quietud parece hoy casi una rareza.

Luengo lo comprobó de primera mano hace unos días: "El otro día vi a unos visitantes que al salir estaban comentando la paz, la tranquilidad, esa sencillez; yo creo que es verdad que cuando sales, y luego al final ves el audiovisual con esas imágenes tan bonitas de la Jara, de las Salinas, lo haces muchísimo más tranquilo".

Lo llamativo, añade, es la ubicación: "En medio de la vorágine de Madrid tienes como un remanso de paz". Esa serenidad, insiste la comisaria, no era un recurso estético calculado, sino una manera de estar en el mundo: "Ella ya era así, más pausada, más tranquila. Se nota, creo, además, en la obra".

Un lugar merecido

Carmen Laffón recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982 y, en el 2000, se convirtió en la segunda mujer elegida académica de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Preguntada por si ocupa hoy el espacio que merece en el relato del arte español, Luengo es tajante: "Yo creo que sí, que ocupa un lugar importante, que era una pintora conocida". A diferencia de otras compañeras de generación, matiza, su caso no es tanto una reivindicación desde el olvido como un tributo a una trayectoria ya consolidada.

"No es como Rosario Velasco, que no era conocida, o Isabel Quintanilla, que sí tenía fama pero a lo mejor se hablaba menos de ella; yo creo que Carmen sí era reconocida, pero esto es un homenaje a la artista", asegura.

'Canasta con ropa blanca' (Carmen Laffón, 1992-1996).

'Canasta con ropa blanca' (Carmen Laffón, 1992-1996). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Madrid

Sobre si la nueva oleada de exposiciones dedicadas a mujeres —que muchos sitúan en el hito de Clara Peeters en el Museo del Prado— ha transformado la forma en que los museos las presentan, la comisaria matiza.

"Yo no creo que haya cambiado la manera en la que las reivindican o las presentan. Lo que sí ha pasado es que cada vez hay más muestras de estas artistas porque interesan, porque al público le gusta verlas, y porque también es una manera de sacarlas del anonimato", dice.

En el caso de la andaluza, su objetivo era otro: "Quería presentar a Carmen como una pintora muy contemporánea, cuando la gente tiene de ella una imagen más clásica o tradicional, y no lo es".

Sorpresa sin fin

Después de varios años conviviendo con la obra de Carmen Laffón, Paula Luengo confiesa algo que suena a confidencia: nunca llegó a conocerla. "Yo empecé el proyecto sin haber hablado con ella personalmente; mucha gente sí la conocía, pero yo no, y me ha dado muchísima pena, porque todo el mundo dice que era simpatiquísima y encantadora".

Lo que sí ha aprendido de ella, a través de sus cuadros, es una lección sobre la vejez creativa: "Es una artista que va más allá, y eso es lo que más me sorprende y me encanta: con 80 y tantos años está haciendo cuadros de dos por tres metros, de las salinas, jugando con los blancos, con una pintura muy contemporánea".

Esas esculturas de gran formato de última hora, remata Luengo, desmontan cualquier idea preconcebida sobre lo que puede o no puede hacer una creadora casi al final de su vida.

'Repisa improvisada' (Carmen Laffón, 2002-2003).

'Repisa improvisada' (Carmen Laffón, 2002-2003). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza Madrid

Y es precisamente esa imagen, la de una mujer menuda y delicada que, sin embargo, sostuvo hasta el final una fuerza creativa fuera de lo común, la que la comisaria espera que el público se lleve al salir de las salas del Thyssen.