La artista en un retrato para su entrevista con Magas.

La artista en un retrato para su entrevista con Magas. Esteban Palazuelos

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Izah: "Hubo un tiempo en que terminaba un concierto y salía corriendo a servir mesas. Hoy soy cantante, mamá y feliz"

La artista, bautizada por la prensa internacional como la 'princesa del neo soul', vive un momento dulce en plena promoción de su EP Flores en invierno.

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Eterno adversario cultural de Liverpool, Manchester lleva décadas siendo uno de los laboratorios musicales más influyentes de Europa. Años antes de que la crisis del petróleo de 1973 azotase al mundo, el norte de Inglaterra era uno de los grandes motores industriales del país y fue precisamente ese el contexto en el que la ciudad vio nacer el northern soul.

Los mancunianos tuvieron mucha relación con el crecimiento de un género que nació al otro lado del Atlántico y que siguió expandiéndose por Europa gracias a oídos pioneros como los de los hermanos Jack, Phillip e Ivor Abadi, fundadores del mítico club nocturno Twisted Wheel, abierto desde 1963 hasta 1971 y por el que pasaron iconos como Ike y Tina Turner.

En España, esta música llegó de otra forma, pero también se abrió paso. La televisión pública funcionó como su puerta de entrada, con actuaciones memorables de Aretha Franklin o The Temptations, mientras aquí se armaba una variante a la española de la mano de grupos dispuestos a fusionarlo con otros estilos, como hicieron Los Canarios o Shelly y Nueva Generación.

Isabel Hernández-Bronchud, conocida por su nombre artístico Izah (Manchester, 1984), está hecha de cachitos de los dos países. Nacida en la ciudad dividida por el río Irwell y criada después entre Barcelona y los veranos en Cádiz y Teruel, hoy es uno de los rostros más visibles del neo soul patrio.

Retrato de Isabel Hernández-Bronchud, más conocida como Izah.

Retrato de Isabel Hernández-Bronchud, más conocida como Izah. Esteban Palazuelos

Tanto es así que la revista Playground incluso llegó a bautizarla en su momento como la princesa del género. Ella se ríe cuando le preguntan por el apodo. "En ese momento estaba empezando y supongo que los medios querían animar y posicionarme como una artista a la que valía la pena escuchar", dice risueña y sin dar más importancia a la anécdota.

Desde que en su época de rebeldía adolescente comenzase a ensayar con su primera banda en el garaje de unos amigos, ha levantado un proyecto que se nutre de grandes iconos del R&B y del jazz, pero que se escribe desde casa seva, en inglés y castellano y con un nombre que termina en 'h' en homenaje a la estadounidense Erykah Badu, a la que admira.

Tras más de una década de carrera en solitario, acaba de publicar Flores en invierno, un EP que explora una faceta más personal de la compositora y que incluye temas como 610, "que trata de mi reciente maternidad", revela. Lo cantó hace unas semanas en la II Alfombra de la Cultura y el Liderazgo organizada por esta revista en Málaga.

En su entrevista con Magas, recuerda su paso por la gran gala que dio el pistoletazo de salida a las candidaturas de la próxima edición de 'Las Top 100', pero también habla de la precariedad estructural de la música, de sus influencias, del reto de ser madre a la vez que autónoma y artista, y de una carrera cocinada a fuego lento que hoy vive un momento dulce.

¿Cómo llega la Isabel niña a decidir que quiere dedicarse a ser la Izah cantante?

No vengo de familia de músicos, salvo por una tía pianista clásica. En mi casa son más del sector científico, así que el que yo me decantase por esto fue una sorpresa. Pero yo lo tuve claro desde niña. En el coche poníamos a Whitney Houston, Stevie Wonder… También recuerdo que mi padre, como creció en Italia, ponía temas italianos. Y mi madre cantaba mucho.

Todo ese bagaje de voces, sumado a un interés que ya tenía innato, me fue llevando; así fue como comencé a tomar clases. Primero toqué el violín y luego empecé clases de canto. A los 14 se me dio la opción de formar mi primera banda y descubrí los ensayos semanales en el garaje, el escribir y componer canciones, grabarlas...

Éramos tan pequeños que nos tenían que llevar a los conciertos [ríe]. Mirando hacia atrás, siento que siempre he estado en esto; ha sido algo muy orgánico y natural.

¿Y cómo se pasa de esos pinitos adolescentes a una carrera propia en un sector tan complicado como el musical?

Es verdad que en mi casa no se celebró especialmente que quisiera dedicarme a ello, no me lo pusieron fácil. Me dijeron: "Tú tienes que estudiar". Yo sacaba buenas notas y la condición fue hacer una carrera "normal y corriente" y dejar lo de cantar como hobby. Así que me gradué en audiovisuales.

Mientras tanto trabajé en mil cosas: profesora de danza, camarera… Llegó un punto en que saqué un primer EP y la cosa empezó a funcionar, pero en algún momento me he ido corriendo del concierto sin bis porque tenía que marcharme a trabajar, a servir mesas. Durante un tiempo estuve en ese impás, compaginando las dos vidas, hasta que se volvió muy complicado.

Ahí me metí más a fondo en mi proyecto como solista. El mundo artístico en este país es muy precario y no sólo depende del talento. Yo he elegido un género que quizá no es el más comercial, pero es lo que quiero porque es lo que he mamado: esas vocalistas, esos sonidos. Hoy me dedico a la música y también a hacer locuciones. Me gusta estar delante del micrófono.

Siempre digo que soy madre, autónoma, cantante, millennial y feliz: lo tengo todo. Este año, además, estoy empezando un doctorado, dándole a mi vocación cuerpo y alma. No sé si haré esto toda la vida, pero no puedo evitar cantar y escribir: la voz es mi instrumento y la escritura mi terapia. Es algo que me conecta con otras personas.

La artista ha lanzado su último EP, 'Flores en invierno'.

La artista ha lanzado su último EP, 'Flores en invierno'. Esteban Palazuelos

¿Cómo se traducen las raíces en nuestra forma de estar en el mundo?

Me crié en Barcelona pero también me siento muy ligada a Andalucía. Mi abuela es de Sanlúcar de Barrameda y parte de mi familia está en Jerez; he pasado todos los veranos yendo desde mi ciudad hasta Puerto Real, a una casa familiar que tenemos en el barrio Jarana. Toda mi infancia está muy marcada por esas épocas allí.

Por parte paterna, en Aragón, mi abuela es de Sarrión, un pueblo de Teruel que ahora es noticia porque es uno de los grandes exportadores de trufa negra y también de caviar. Esa etapa suponía salir de Barcelona, ir al sur y, en el camino de vuelta, pasar por allí antes de regresar a casa. Así estábamos todo el mes.

¿Cómo suena hoy Izah? ¿Cómo define su estilo, los idiomas en los que compone y las escenas que la han marcado?

Escribo de lo que vivo, de lo que me rodea, de lo que siento y de lo que siente la gente de mi alrededor. Tengo la suerte de tener amigas a las que les pasan muchas cosas, y a mí también [ríe]. Eso es lo que me inspira: lo que veo y lo que tengo cerca. Si no vives, no compones.

La artista también ha ido evolucionando conmigo. Al principio empecé con un formato más de banda, con un punto de jazz, rodeada de músicos. En este último EP está Dany Noel al contrabajo, hay trompeta... También una colaboración con la rapera de Manchester Meduulla...

El sonido lo he desarrollado desde mi propio gusto. Y, respecto al idioma, siempre he tenido mucho aprecio a la música anglosajona, por eso he hecho muchos temas en inglés, que es fácil para mí. Soy trilingüe patológica: cambio de lengua con facilidad. Con este proyecto me apetecía volver al español; creo que es un momento dulce para las canciones en castellano.

La artista fue una de las encargadas de poner la nota musical a la II Alfombra de la Cultura y el Liderazgo Femenino organizada por Magas, este año en Málaga.

La artista fue una de las encargadas de poner la nota musical a la II Alfombra de la Cultura y el Liderazgo Femenino organizada por Magas, este año en Málaga. Esteban Palazuelos

¿Y en quién se fija Izah?

Mis grandes referencias son vocalistas como Sade, por la elegancia y la personalidad del sonido, y Erykah Badu o Jill Scott, que han mantenido una identidad muy clara a lo largo del tiempo. Entre las coetáneas, me fascina lo que está pasando en Reino Unido con artistas como Jorja Smith u Olivia Dean; me encanta lo que proponen y cómo suenan.

Flores en invierno se centra en cuestiones como la maternidad. ¿Qué nos puede contar de este último proyecto? ¿Cómo lo está viviendo?

Estoy muy contenta con el feedback tanto aquí como en Latinoamérica. Siento que estoy rearrancando con un EP que sé que es una apuesta particular, pero que está llegando a la gente, especialmente con 610. Esta la compuse con Leticia Sala, una escritora que me gusta mucho.

Queríamos hacer una canción sobre cómo habíamos vivido la maternidad sin que fuera demasiado pastel o dulce. Nos sentamos en el estudio y fue todo orgánico. Nos salió una propuesta que transmite mucho y que habla de las emociones que cabalgamos en esa etapa. Estoy especialmente feliz porque creo que le hemos dado un tono real y alegre.

Me sorprendió mucho que en la producción del EP apareciese Jet Vesper. Seguro que más de un amante del indie le ha visto sobre el escenario en algún Mad Cool. ¿Qué encontró en él como compañero de viaje musical?

Me encanta que se conozca su trabajo. Me parece un genio y creo que su talento como productor es increíble. Para este proyecto ha sido el aliado perfecto. Nos entendimos muy bien. Es australiano y, aun así, compartimos un bagaje muy parecido. Me ilusiona que la gente lo descubra porque no hace la música más popular aquí, pero está lanzando cosas interesantes.

Izah, fotografiada en Málaga antes de su actuación para la gran gala organizada el 27 de mayo por esta revista y 'Las Top 100'.

Izah, fotografiada en Málaga antes de su actuación para la gran gala organizada el 27 de mayo por esta revista y 'Las Top 100'. Esteban Palazuelos

Sus letras miran de frente a temas como la hipersexualización. ¿Qué le preocupa de la industria musical, de la cultura y del entretenimiento actual?

Podríamos estar horas hablando de esto. Venimos de una época marcada por artistas como Amy Winehouse, con bandas y un sonido vocal muy cuidado, y luego hemos tenido una década casi opuesta, en la que parecía que la voz importaba menos y todo pasaba por el autotune, la letra ligera y mover el culo al ritmo de... ¿sabes?

Pero claro, yo también salgo de fiesta, bailo y me lo paso bien, pero por eso mi reivindicación es ir más allá del reggaeton porque, sinceramente, no todo es un perreo. Hay momentos del día en los que se puede dar cabida a otra música, a otras emociones.

También es cierto que, aunque hay excepciones y no todo el género es igual, existe una tendencia a promover mensajes con los que no me identifico, machistas o directamente denigrantes. Yo me considero una feminista que intenta sostener a todas las mujeres que lleva dentro, pero creo que hay una parte que recae en nosotras y que es un gol del patriarcado: el sexualizarnos a nosotras mismas.

Hace unas semanas abrió en Málaga la II Alfombra de la Cultura y el Liderazgo, una gala precisamente centrada en el talento femenino. ¿Cómo fue llevar esa canción a ese escenario?

Fue una invitación muy especial. Ese día yo tenía que estar tocando en Portugal, pero se canceló y pude ir a la cita, aunque sin mi guitarrista ni mi DJ habituales. Decidimos hacerlo sobre instrumental y me lancé.

Abrir la gala imponía, pero el Castillo de Gibralfaro era espectacular y el ambiente muy bueno. Elegí 610 porque, en una gala que pone el foco en lo que dices, me parecía que tenía todo el sentido. Al acabar la actuación la dediqué a todas las mujeres con proyectos, sueños, equipos y familias. Fue muy bonito.

Entre medias la hemos visto también en la pantalla —sorpresa para lectores: en 2006 trabajó con Bigas Luna como parte del elenco de Yo soy la Juani— y levantando un festival. ¿Qué lugar ocupan esos otros proyectos en su vida ahora mismo?

[Ríe] Lo de Yo soy la Juani llegó a través de la compañía de danza en la que estaba. Fui al casting pensando que sería sólo un día de rodaje y la cosa funcionó. Mi papel era muy pequeño, una escena de baile en la que competía con el personaje de Verónica Echegui, pero me dejó alucinada porque nunca había querido ser actriz ni lo buscaba.

Con el tiempo he ido revisitando la película, que marcó a una generación, y de aquella etapa he mantenido amistades. En el reparto estaba también gente como Dani Martín o Gorka Lasaosa, que hoy es muy amigo de mi marido, Carles Francino, y con quien hemos terminado montando un festival de cine en Altafulla, junto a Sonia Bautista-Alarcón.

Es una iniciativa que impulsan ellos y en la que yo echo una mano en lo que puedo. Nos gusta hacer cosas: discos, películas, eventos... Reconozco que soy un culo inquieto y que me cuesta estar parada; hay personas que son más de quedarse en su sitio y otras que necesitan arrancar, emprender y tirar del carro, y yo estoy claramente en el segundo grupo.

Izah ante el objetivo.

Izah ante el objetivo. Esteban Palazuelos

¿Cómo se inspira Izah? Y, para conocer mejor a la persona tras el personaje, ¿tiene rituales o manías, también antes de subirse al escenario, o es más de improvisar?

Yo tengo un lado místico que siempre mantengo, pero intento no volverme loca: me cuido la voz y el antes del concierto, pero sin exagerar. En realidad me inspira la vida, lo que me pasa a mí y a la gente que quiero; a veces es un mensaje de una amiga o una ruptura, y necesito escribirlo para sacarlo.

Con los años me he dado cuenta de que los artistas somos recolectores: guardamos frases, experiencias y emociones y luego las transformamos en algo bello, en canciones que nos conectan con nuestro público.