La cantante catalana, en su primer concierto el 30 de marzo en Madrid.

La cantante catalana, en su primer concierto el 30 de marzo en Madrid. Live Nation/Sharon López EFE

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Y se hizo la ‘LUX’: expertos y fans consagran a Rosalía y la elevan hasta los cielos tras sus conciertos en Madrid

La artista culmina su Semana Santa de shows en la capital y se consagra como referente intergeneracional: "Es un festín de talento".

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Esta semana, a más de uno se le habrá venido a la cabeza Darío, ese niño que debe de tener unos ocho o nueve años y que había pedido a sus padres, como regalo de comunión, ir al que probablemente ya sea uno de los mejores conciertos de su vida. ¿Cómo se habrá levantado estos días?

Seguramente con esa misma sensación que tienen los chiquillos de su edad cuando les toca volver a clase tras el 6 de enero, con el recuerdo de haber recibido los regalos de los Reyes Magos de Oriente todavía palpable a través de los deditos y las ganas de que llegue el recreo para presumir de estos ante sus amigos.

Qué bonita es la ilusión cuando tiene la mecha larga y, sin embargo, qué poquísimo tarda Rosalía, ya consolidada definitivamente como cantante total, en prenderse cada vez que le da paso su orquesta, perfectamente instalada en medio del Movistar Arena madrileño.

Ese espacio aturquesado ha atestiguado miles de performances y, sin embargo, es difícil que haya resonado sobre sus paredes la palabra "barbaridad" más de lo que lo lleva haciendo desde el pasado lunes, cuando la artista de Barcelona viajó de Milán dispuesta a reventar el escenario.

30 de marzo, 1, 3 y 4 de abril son las fechas en las que la gira LUX reservó sus encantos a Madrid, después se ofrecerá a Lisboa y, para los próximos 13, 15 y 17 hará lo propio en la Ciudad Condal. Rosalía jugará entonces en casa antes de poner rumbo a Ámsterdam, una de las urbes más liberales del mundo, que seguro la recibirá gustosamente.

Rosalía, rodeada de su cuerpo de baile este lunes en el primero de sus conciertos de la gira 'LUX' en Madrid. Foto: Sharon López

Rosalía, rodeada de su cuerpo de baile este lunes en el primero de sus conciertos de la gira 'LUX' en Madrid. Foto: Sharon López

Aunque no crean que sólo ha venido a la capital de España por protocolo; ella misma ha confesado en sus conciertos el "cariño" que le tiene por todas las puertas que se le abrieron cuando ella misma vivió entre castizos en una etapa aún embrionaria. "Me he sentido muy acogida aquí porque me ha dado la oportunidad de cantar mil veces", ha dicho.

Su ascenso a la fama ha sido meteórico, desde el álbum de El mal querer (2018) como trabajo de fin de grado —uno tan absurdamente brillante que puede hacer que los demás sintamos algo de vergüenza por los nuestros— a las colaboraciones con artistas internacionales o la creación de su propio término con Motomami.

Y ahora, la divina renace, literalmente y tras una etapa marcada por algún que otro desengaño amoroso, con un disco conceptual que explora la transición de lo terrenal a lo celestial, de lo mundano a lo divino. En este sentido, LUX dejó al mundo boquiabierto en noviembre de 2025, marcando un antes y un después en la trayectoria de la artista.

En su momento más maduro, Rosalía se permite licencias como convertir una canción con guiños a la música clásica y a las raves berlinesas como Berghain en un éxito. ¿Alguien recuerda cuando dijeron a Freddie Mercury que Bohemian Rhapsody no funcionaría en la radio porque era muy larga?

Rosalía y su equipo de bailarines en el concierto del Lunes Santo en Madrid.

Rosalía y su equipo de bailarines en el concierto del Lunes Santo en Madrid. Gtres

Ahí Queen decidió dar un golpe sobre la mesa. Por eso, salvando distancias, que la catalana escogiera precisamente este tema como adelanto de su disco más experimental hasta la fecha también lo fue. Y, para que engañarse, lo cierto es que le ha salido estupendamente, y que ese hit es uno de los más esperados en cada concierto de esta gira.

Con toda la expectación de estos meses, el paso de LUX por Madrid prometía no dejar a nadie indiferente. Jóvenes, mayores… las colas del recinto han recibido estos días a un público diverso que se ha impuesto un dress code para la ocasión: novias y monjas cobraban protagonismo entre velos románticos y lencería combinada con rosarios y plataformas XXL.

Esa imagen da una idea del tipo de artista que es Rosalía: una capaz de influir sobre las tendencias de una época, de hacer que la gente tenga un motivo de peso para quedarse en Madrid en Semana Santa, cuando bien sabido es que el turismo tiende a movilizarse hacia otras regiones —como su sur querido— en busca de pasos.

Pero la Pasión de Rosalía tiene muchos de esos elementos en su espectáculo: nace con Sexo, violencia y llantas, nos advierte de que Mio Cristo Piange Diamanti, alcanza La Fama en el ecuador del concierto y muere De Madrugá, cayendo sobre sus propias alas blancas en una imagen que quedará en la retina de los presentes por mucho tiempo.

Mientras ella yace en algún lugar vestida como las bailarinas de Edgar Degas, de alguna forma resuenan los ecos de Frankie Valli —¿el apóstol Frank?— con una romántica versión de Can't Take My Eyes Off You. Y desde arriba, Dios, que es un stalker, vigila cómo se comportan los asistentes, de la pista a los palcos.

Al final de la actuación, Rosalía resucita y regala —además de múltiples cambios de vestuario entre el blanco más puro y el negro goyesco— temas como La rumba del perdón, Bizcochito o Despechá, y se va tirando Magnolias en un ejercicio de generosidad que el público recibió con una espectacular ovación.

Rosalía es una fuerza de la naturaleza, y como la mejor siempre se rodea de los mejores, en esta nueva gira, la artista va perfectamente bien flanqueada por grandes mujeres que la hacen brillar aún más: no solo bailarinas y músicas a las cuerdas, los vientos y la percusión, sino también figuras clave como Claudia Lachispa, que repite como su vocalista tras girar con ella por todo el mundo en 2018 y 2019 durante la era de El Mal Querer.

Junto a Lachispa, Aroa Fernández y Makarines asumen el peso de la pata flamenca del show, el origen de todo, la raíz y la fuente de la que bebe el universo de Rosalía. Y al frente de la orquesta del Lux Tour, llevando la batuta como directora, otra mujer imprescindible: la cubana Yudania Gómez Heredia.

Palabra de expertos

Rosalía, en el primero de sus conciertos en Madrid.

Rosalía, en el primero de sus conciertos en Madrid. EUROPA PRESS

El tiktoker y divulgador musical Álex Knowles —uno de los jóvenes más populares en internet a la hora de analizar discos y artistas como Beyoncé o Raye— sale de uno de los conciertos con la sensación de haber presenciado algo difícil de explicar desde fuera. Algo que, según él, no se puede juzgar del todo a través de vídeos o debates en redes.

Su diagnóstico general es rotundo: "No le puedo poner peros. Si te pones tiquismiquis puedes buscar detalles, pero el cómputo global es que no te deja respirar. Es un festín de talento".

Y no lo dice desde la novedad: calcula haber asistido a entre 30 y 40 conciertos de pop en su vida. Aun así, asegura que este ha sido uno de los que más le ha impactado: "Salí súper excited. Mi fan interior estaba chillando porque no asumía lo que acababa de ver".

Para Knowles, el momento vital de la artista se percibe desde el primer minuto. "La vi en paz, como si no tuviera nada que demostrar", explica. Sitúa el gran salto comercial de Rosalía en la era Motomami, mientras que la etapa actual la interpreta como la consolidación definitiva: ya no necesita conquistar al público, ahora juega con él.

En su lectura de la evolución, dibuja una especie de trilogía artística: primero el respeto crítico, después la explosión pop global y ahora una fase en la que la artista ya posee el interés del mundo y simplemente decide qué hacer con ella. "Es como decir: ya tengo vuestra atención, ahora vais a flipar", resume.

Uno de los debates más repetidos ha sido la escenografía y la supuesta falta de infraestructura. Knowles lo tiene claro: la percepción cambia radicalmente en directo. "Se ha dicho que parece una urna o una puesta de escena de fin de curso, pero no lo sentí así en absoluto. Todo está muy cuidado y el juego de cámaras está igual o mejor trabajado que en Motomami", sentencia.

Y, sobre todo, subraya el salto musical: orquesta, más bailarines y muchos más momentos vocales. Y ahí llega uno de los puntos clave de su testimonio: la voz. "He visto grandes vocalistas en directo, pero algunas interpretaciones me dejaron absolutamente flipando".

Cita especialmente Mio Cristo Piange Diamanti como uno de los momentos más impactantes: "Terminó y todo el mundo estaba en shock. La gente callada, pidiendo silencio en pista… increíble".

Sobre el setlist, Knowles reconoce que hay decisiones que pueden parecer extrañas sobre el papel, pero que funcionan perfectamente en el contexto del show. "Si te pones a analizar fríamente dices: ¿esto por qué está aquí? Pero en directo estás tan en el mood que encaja".

Si hay algo que destaca especialmente es el trato con el público. "Es imposible salir del concierto y que Rosalía te caiga mal", afirma. Para él, esa naturalidad es clave: "Su magia está en eso, en lo que hace bien, lo que hace mal, en sus cagadas… en ser persona".

Su conclusión final es casi reverencial: “Te vas del concierto con la sensación de haber visto a un artista generacional y de que no tendrás muchas oportunidades de ver algo así de grande”.

Por otro lado, para el crítico musical Fernandisco, LUX es una gira irrepetible: "Nunca un espectáculo terrenal fue tan cósmico. Es la fusión de Nina Hagen con Kate Bush, con Rocío Jurado, con Maria Callas, con Leonardo da Vinci, con Karajan, con Queen. Ha sabido juntar todas esas frecuencias en una sola".

La comparación parece hiperbólica hasta que uno recuerda que nadie había colocado un botafumeiro en escena y lo había convertido en un instrumento artístico. "Sólo podía hacerlo ella", comenta el experto, quien también aprovecha para destacar la impecable "preparación física" y disciplina de la catalana para afrontar tal gira maratoniana.

El show debe continuar

La artista, en un momento determinado del concierto, el 30 de marzo en la capital.

La artista, en un momento determinado del concierto, el 30 de marzo en la capital. Gtres

En cualquier caso, en sus merecidos turnos de descanso, las pausas entre canciones son tan memorables como los temas. Rosalía sustituye la clásica kiss cam por una cámara junto a la que aparecían proyectadas distintas obras de arte: El Grito, La Joven de la Perla, el Ecce Homo... El público debe imitar la pose de cada pieza.

Así, el espacio se convierte por momentos en una sala de museos enloquecida. Por supuesto, la catalana también comparte el micrófono con personas que se atreven a cantar, y los hay que incluso le proponen acompañarla al piano en Sauvignon Blanc. "No he dormido nada porque quería estar la primera en la cola", comenta Claudia, una fan.

"Es curioso cómo aquí la gente no canta a viva voz como en otros conciertos. No sientes esa necesidad porque te quedas tan embelesado con ella que ¿para qué ibas a querer opacarla?", dice otro a su lado, mientras un acompañante menos conocedor del trabajo de la artista, se pregunta: "¿Entonces en cuántos idiomas canta en LUX?".

En un momento dado, sus propios bailarines toman el micro y empiezan a cantar jocosamente y exageradamente mal, casi como gárgolas alocadas que hubieran escapado de alguna catedral gótica, arrancando las carcajadas de una pista ya rendida. Y, en el caso del concierto del miércoles, apareció Métrika.

Ambas se metieron juntas en un confesionario, la rapera le contó cómo se enteró de una infidelidad y Rosalía respondió cantando La Perla, envuelta en telas que simulaban precisamente el interior de esa concha iridiscente, como si la música fuera la única absolución posible.

Fiel, pero transgresora

Berta Mateos Romero, experta en marca personal y corporativa en LinkedIn, observa en todo esto una estrategia que va mucho más allá del entretenimiento: "Rosalía no sólo crea música; construye comunidad y relato en cada gesto. Sus acciones no son simples ocurrencias, sino tácticas cuidadosamente alineadas con su posicionamiento de marca".

La ruptura de la barrera entre artista y público —esa proximidad que hace que uno sienta que ella podría sentarse a desayunar en el piso de tu amiga la de Malasaña al día siguiente— refuerza, según la especialista, una percepción de autenticidad que pocas figuras del pop contemporáneo logran mantener a su escala.

"Ha cambiado estética y tono varias veces, pero siempre bajo la misma premisa: seguir siendo fiel a su visión creativa", dice. Por su parte, Ángela García-Monzón, del departamento de Marketing y Comunicación de la Universidad Villanueva de Madrid, profundiza en esa evolución visual.

Desde el rojo folclórico y el negro de uñas imposibles de El Mal Querer, pasando por la irreverencia de Motomami, hasta la paleta etérea de blancos y neutros de LUX: "Es más sutil, conceptual y sofisticada, pero igual de libre. Tiene un halo de verdad que la acompaña en cada giro de guion. No se perciben como cambios impostados o fruto de tendencia".

Al César lo que es del César, ¿no? Lo cierto es que casi 70.000 personas agotaron las entradas de cuatro noches en el Movistar Arena en menos de una hora —con colas online de hasta 50.000 y reventa que superó los 1.200 euros— y eso no puede entenderse sólo como un fenómeno comercial.

Es un síntoma de algo más profundo que la socióloga Alicia García-Sierra, doctora por la Universidad de Oxford, describía en un anterior reportaje de Magas: "En un mundo fragmentado y cada vez más individualizado, donde las comunidades se disuelven, ella consigue generar pertenencia".

El público más fiel de Rosalía encuentra en su universo lo que García-Sierra llama "un refugio simbólico, una forma de conexión y sentido compartido". Entre los que eligieron compartir esas noches han estado el director Pedro Almodóvar, las actrices Hiba Abouk y Ester Expósito o la recientemente retirada del bádminton Carolina Marín.

Una angelical reina del pop

En febrero, en los BRIT Awards 2026, Rosalía actuó junto a Björk interpretando Berghain en una puesta en escena inspirada en el legendario club, se fue con el premio a Artista Internacional del Año y los presentadores la describieron como un ejemplo de cómo está "cambiando la cara del pop global".

El experto Fernandisco añade una capa más: "Su primer álbum se llamó Los Ángeles. No creo en las casualidades: la vida es un trabajo en profundidad hasta llegar a este momento". Y apostilla: "Tengo la sensación de que los ángeles han encontrado en la Tierra a uno de los suyos".

Hay una santa iraquí del siglo VIII llamada Rabia al-Adawiyya, precursora de la mística sufí, que dejó escrito que "ninguna mujer pretendió nunca ser Dios". Rosalía, que recoge esa frase en su disco, no pretende serlo, pero en estos días de Semana Santa, mientras los pasos recorren las calles del país, ella ha montado la suya propia.

Ha muerto sobre el escenario y ha resucitado. Ha convertido la luz —lux, la luz de Simone Weil, que simboliza el amor— en el nombre de un álbum y de una gira que ya forma parte, como sentencian los expertos, de la iconografía de la historia.

A Darío le queda toda una vida por delante para contárselo a quien quiera escucharle. Porque lo que ha visto no le cabrá en un recreo.