Victoria de los Ángeles.

Victoria de los Ángeles.

Magas-Mujeres en la Historia

Victoria de los Ángeles, de niña prodigio a ser la primera española en conquistar el legendario Festival de Bayreuth

Nació en Barcelona en 1923 y triunfó en los mejores teatros, de La Scala al Metropolitan Opera de Nueva York.

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En el corazón de Barcelona, en 1923, nació Victoria de los Ángeles López García, la artista que conquistó las óperas más importantes del mundo con su voz aterciopelada y su emotiva expresividad.

Hija de Bernardo López, un bedel de la Universidad de Barcelona de origen andaluz, y de Victoria García, procedente de Puebla Sanabria, en la provincia de Zamora, creció en un entorno humilde dentro de la institución educativa, espacio que vio nacer su dedicación musical.

Su infancia se desarrolló en paralelo a la evolución de la Guerra Civil, una época marcada por la pobreza, el racionamiento y el rígido aislamiento internacional, así como las barreras que se imponían sobre las mujeres, confinadas generalmente al hogar, excluidas de la educación y con expectativas de matrimonio temprano.

Cantar ópera era un lujo elitista que parecía inalcanzable para la joven, aunque su casa siempre estuvo ambientada con música: su madre entonaba melodías y su tío tocaba la guitarra.

“Desde pequeña siempre viví en un ambiente muy favorable… Hacíamos música los domingos, de manera muy sencilla”, recordaba ella en una entrevista a la revista Scherzo en 1986.

A los 13 años, Victoria quiso entrar en el Conservatorio de Barcelona, sin embargo, el contexto político y su corta edad entorpecieron su comienzo, retrasándolo hasta 1940.

Fue entonces cuando consiguió estudiar canto, esquivando la discrepancia de sus padres y cautivando a los profesores con su timbre puro y luminoso, sus agudos flotantes y un legato impecable. “Se quedó entusiasmada conmigo y llamó al director”, apuntaba la soprano en referencia a su institutriz, Dolores Frau.

Precisamente, su voz, de un talento excepcional, le permitió continuar su formación pese a sus pocos recursos.

El 20 de diciembre de ese mismo año, a los 17, participó en el programa Concursos vivientes de Radio Barcelona y se hizo con la victoria interpretando Mi chiamano Mimì de La Bohème y Un bel dì vedremo de Madama Butterfly, obras que la acompañarían durante toda su carrera.

Así comienza su trayectoria artística, llena de éxito y reconocimientos. “No fue una decisión tajante… De pronto, me vi metida de lleno en el mundo musical”, aseguraba.

Fue en este tiempo cuando nació su relación profesional con Ars Musicae, el conjunto instrumental dirigido por Josep María Lamaña, figura que formó su visión musical y apoyó su carrera pagándole profesores privados mientras cantaba y estudiaba.

El 19 de mayo de 1944 debutó en solitario en el Palau de la Música Catalana, y poco después se estrenó en el El Liceu, el teatro de ópera activo más antiguo y prestigioso de Barcelona: “Fue un momento muy especial”, recordaba la artista en la citada entrevista.

En 1947 ganó un importante premio internacional en Ginebra que la catapultó al estrellato, sorteando el aislamiento de España bajo el liderazgo de Franco, cuando el país aún era rechazado en muchos eventos globales.

Tres años después, conquistó La Scala de Milán como Mimì en La Bohème, y en 1951 llenó el Metropolitan Opera de Nueva York, reconocido como el templo de la música clásica internacional.

Su época dorada se dio durante los años 50, en plena reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. Brilló en más de 35 grandes producciones escénicas, conquistando al público con personajes inolvidables como la trágica geisha Cio-Cio-San en Madama Butterfly, la inocente Desdémona en Otello o la majestuosa Elisabeth en Tannhäuser.

En 1961, Victoria de los Ángeles se convirtió en la primera española en conquistar el legendario festival de Bayreuth, un olimpo musical donde pocos mortales han tenido el privilegio de debutar.

Su voz, que conseguía transitar de soprano ligera a mezzosoprano casi sin esfuerzo, le permitió una interpretación estelar de Carmen, la gitana apasionada y rebelde de Bizet. Con este personaje, Victoria lució sus potentes y metálicas notas altas, capturando la sensualidad salvaje del papel y coleccionando innumerables elogios en la industria.

Más tarde, su trabajo junto al conjunto Ars Musicae le llevó de gira por EE.UU., Japón, Rusia y Latinoamérica en aviones precarios de posguerra. Sin embargo, el amor por su familia y su tierra natal le llevó a rechazar ofertas millonarias para regresar a Barcelona junto a su esposo Enrique Magriñá y sus dos hijos, Manuel y Juan.

Fue conocida como una antidiva por su humildad y naturalidad, alejada del glamour típico de las grandes estrellas de la ópera: “Una de las personas más sencillas, buenas y sinceras, en el terreno personal, y con una musicalidad y dicción perfectas, en el musical”, aseguró la gran Monserrat Caballé en su día.

La célebre artista falleció el 15 de enero de 2005 a los 81 años en la Ciudad Condal, dejando atrás una carrera llena de reconocimientos como la Medalla de Oro de Barcelona y de la Generalitat de Catalunya, la Cruz de Alfonso X el Sabio, el Commandeur de l’Ordre des Arts et des Lettres o el Doctorado Honoris Causa de diversas universidades, incluyendo la institución que la vio nacer.

Su legado, que se extiende durante más de cuatro décadas, continúa con su Fundación, una organización creada en 2007 que promueve su trabajo y concede becas, conciertos y educación a jóvenes talentos musicales.