Las modelos presentan la nueva colección sobre la pasarela. Efe
Coosy x Miguel Palacio: el regreso del diseñador tras una década con una colección llena de lunares y movimiento
El diseñador regresa a Madrid con una propuesta donde la materia, el color y el gesto artesanal construyen una nueva mirada contemporánea.
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En la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, la firma Coosy protagoniza uno de los momentos más esperados de la temporada al invitar al creador Miguel Palacio a regresar a la pasarela madrileña tras una década de ausencia.
Una aparición que va más allá de un simple ejercicio estilístico: supone el retorno de una figura clave de la moda española, cuya mirada —a la vez sensible y estructurada— dejó una huella profunda en los años 2000.
En un escenario donde se proyectan imágenes que remiten a talleres de costura, con bustos Stockman y gestos propios del oficio, la propuesta se inscribe desde el inicio en una reflexión sobre la construcción de la prenda.
Aquí, la moda no sólo se muestra: se elabora ante nuestros ojos. Esta escenografía marca el tono, orientado hacia lo esencial, hacia la artesanía y el valor del proceso.
La colección se despliega como una secuencia cromática cuidadosamente orquestada. Las siluetas se suceden siguiendo un orden preciso —del amarillo al caqui, pasando por el blanco, el verde, el azul, el negro y, finalmente, el beis—, como si el color guiara la narrativa visual.
Algunas propuestas profundizan en una misma gama tonal: conjuntos construidos a partir de distintas variaciones se superponen y dialogan entre sí, generando matices, contrastes sutiles y una vibración casi táctil.
Capas de azul que construyen la silueta. Efe
Pronto se impone el trabajo sobre los volúmenes. Las piezas acolchadas introducen una dimensión casi escultórica, mientras que las líneas arquitectónicas estructuran la figura sin restringirla, manteniendo una sensación de equilibrio.
Esta precisión se ve suavizada por la fluidez de tejidos como el satén, presente en faldas, pantalones y vestidos que capturan la luz con cada desplazamiento. Los plisados, por su parte, aportan cadencia y una sensación de respiración dentro del conjunto.
El estampado de lunares recorre la colección como un hilo conductor. En blanco y negro, se presenta a veces de forma gráfica y, en otras ocasiones, más etérea, especialmente cuando aparece sobre tul o en juegos de transparencia. Estas superposiciones crean una tensión sugerente entre opacidad y ligereza, entre construcción y desaparición.
Uno de los looks más destacados es un vestido negro que capta especialmente la mirada: acompañado de una capa sujeta a la nuca, parece flotar alrededor del cuerpo, como suspendido en el aire. El tejido sigue el movimiento sin añadir peso, otorgando a la silueta una cualidad casi líquida, intangible.
Los accesorios prolongan este lenguaje. Bolsos de piel —en distintos formatos— y carteras acompañan las salidas, principalmente en tonos marrón y verde, en sintonía con la paleta general.
El lazo como lenguaje estético dentro de la colección. Efe
Los lazos, muy presentes, se convierten en un código propio: ceñidos a la cintura, integrados como detalle o dejados en libertad, parecen moverse con el cuerpo, reforzando esa idea de dinamismo.
El desfile culmina con una salida que condensa el conjunto del discurso: un vestido blanco de pequeños lunares negros, prolongado por una capa ligera que se arrastra suavemente. Una última imagen que se percibe como un susurro, entre control y ligereza.
Un vestido blanco de lunares pone el broche final al desfile. Efe
Con esta colección para Coosy, Miguel Palacio no solamente firma un regreso. Plantea una visión de la moda en la que técnica y emoción conviven, donde la estructura dialoga con el movimiento y cada pieza parece concebida para trascender el paso de las temporadas.
Un cierre que reafirma su lugar en la industria y deja en la pasarela una sensación de calma, precisión y permanencia.