Retrato de la investigadora.

Retrato de la investigadora. Christopher P. Michel Cedida

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La biofísica Eva Nogales: "La tecnología redefine la ciencia. Lo que yo descubrí en años a mis alumnos les lleva un mes"

La madrileña, que determinó la estructura de la tubulina en los 90, es una de las voces más reputadas de su campo y hoy continúa su labor desde Berkeley.

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2026 está siendo un año dulce para el ingenio humano. En los últimos meses, el mundo ha visto a los integrantes de la misión Artemis II orbitar la Luna —alcanzando la mayor distancia jamás recorrida por un ser humano— y ha celebrado avances contra el cáncer de páncreas de la mano del equipo español liderado por el doctor Barbacid.

Sin embargo, resulta paradójico imaginar que este goteo de éxitos para la investigación podría convivir hoy con la persistencia de corrientes escépticas o, incluso, negacionistas. En Estados Unidos, según datos del Pew Research Center, un 77% de la población tiene un nivel de confianza medio-alto en la ciencia, lo que lleva a pararse a pensar en ese 23% restante.

La cifra da una idea de hasta qué punto la magnitud de estos logros a veces supera nuestra capacidad de asimilarlos, precisamente porque no podemos tocarlos o verlos a simple vista. Aunque ahí también entra en juego el papel de investigadores como Eva Nogales (Colmenar Viejo, 1965) siempre dispuestos a acercar sus conocimientos al público general.

Eva Nogales es actualmente catedrática de Biofísica y Biología Estructural en el Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de California, Berkeley.

Eva Nogales es actualmente catedrática de Biofísica y Biología Estructural en el Departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de California, Berkeley. Christopher P. Michel Cedida

El trabajo de la biofísica es la prueba de que, como decía Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, "lo esencial es invisible a los ojos". La madrileña, criada en una familia trabajadora, saltó a los titulares internacionales cuando logró a finales de los 90 determinar la estructura atómica de la tubulina, una diana farmacológica clave en el tratamiento del cáncer.

Es una familia de proteínas a las que compara con piezas de Lego para explicar su funcionamiento: "Cuando se autoensamblan, estas forman microtúbulos. Son como autopistas que se encargan de organizar los contenidos de las células" y de los que depende la formación del huso mitótico, responsable de dirigir el proceso de división celular.

Y prosigue: "Las células tienen un genoma que es como un libro de instrucciones. ¿Qué pasa cuando una quiere aumentar su tamaño y dividirse en dos? Se hace una copia completa del genoma y luego este debe separarse: una copia va a una célula y otra a la otra. Los microtúbulos son los encargados de repartir ese manual".

Una diana contra los tumores

Entender este proceso es clave para comprender cómo se lucha contra la enfermedad. El cáncer se basa en una división celular descontrolada; para que el tumor crezca, las células deben repartir ese libro de instrucciones una y otra vez. El gran hito de Nogales fue valerse de la cristalografía de electrones para ver la estructura tridimensional de la tubulina y conocer cómo interacciona con ciertos compuestos.

Era algo que cientos de científicos perseguían desde hace décadas y que no quedó sólo ahí: ella también visualizó cómo esta proteína se une al taxol, "uno de los fármacos más usados contra tumores sólidos de mama, próstata u ovario", menciona. El mecanismo es tan eficaz como directo: el fármaco se pega a la pieza de Lego y bloquea los microtúbulos para que no puedan tirar del genoma.

Como resultado, "las células se quedan estancadas sin poder dividirse y el tumor no puede seguir creciendo", explica tratando de ser lo más cercana posible Nogales, a quien se atribuye el mérito de ser la primera persona en ver, átomo a átomo, este atasco salvador.

La biofísica, fotografiada en el laboratorio.

La biofísica, fotografiada en el laboratorio. Christopher P. Michel Cedida

De Madrid a California

Llegar a visualizar este proceso no fue un camino rápido ni sencillo. Su carrera es el resultado de un esfuerzo familiar que comenzó en Colmenar Viejo. La obsesión de sus padres era ahorrar para que sus hijos pudieran estudiar. Ella se decantó por las STEM y se licenció en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid en 1988.

Tras ello, se lanzó al extranjero con una determinación que ella define como ser muy "echada p'alante". Obtuvo el doctorado en la Universidad de Keele (Reino Unido) en 1992 mientras investigaba en la fuente de radiación de sincrotrón bajo la supervisión de Joan Bordas. Tenía la idea de volver a España "pero las circunstancias de la vida me mantuvieron fuera", dice.

Así, tras pasar por tierras británicas, Nogales comenzó a trabajar en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, en California, y se convirtió en profesora adjunta del departamento de Biología Molecular y Celular de la Universidad de California en la ciudad de la bahía de San Francisco. Desde allí atiende hoy a Magas con una diferencia horaria de nueve horas.

En 1998 la prensa internacional se hizo eco de su hito, merecedor de una portada en la revista científica Nature cuando ella tenía 32 años. Cuentan las informaciones de la época que su hallazgo desató grandes expectativas ante la posibilidad de que, gracias a él, se abriera una puerta a mejorar la acción del taxol y a evitar algunos de sus efectos secundarios.

A la vanguardia tecnológica

Desde aquel hito que la convirtió en uno de los nombres más reputados de su campo, el panorama tecnológico ha dado un vuelco radical: "La IA ha revolucionado la biología. Obtener la estructura de la tubulina a mí me llevó cinco años; ahora, a uno de mis estudiantes le lleva menos de un mes y puede ver cómo interacciona con otros elementos muy rápido".

"Imagínate el acelerón que hemos dado", remacha Nogales, que atribuye el mismo al surgimiento de metodologías desarrolladas gracias a años y años de labor experimental de profesionales como ella. Destaca especialmente la criomicroscopía electrónica y la aparición de métodos basados en tecnologías disruptivas que permiten predecir estructuras por ordenador.

"Son dos técnicas que han recibido un Nobel recientemente", comenta la investigadora, y con esa declaración no queda más remedio que preguntarle por el tema. Su nombre lleva años ligado a las quinielas del premio. Es una de las grandes favoritas, pero ella considera que es "un understatement" con el que no se siente demasiado cómoda.

Aunque reconoce que para alguien ajeno a su campo el galardón puede ser la "guinda" del pastel, para ella es vital no obsesionarse. "El objetivo debe ser seguir avanzando y aprendiendo cosas nuevas. No puedo dormir menos por estar preocupada por un premio. Prefiero que se hable de aquellos que ya se me han dado", confiesa.

Por citar algunos ejemplos, en 2000 fue reconocida por el Instituto Médico Howard Hughes, en 2015 se incorporó a la Academia Nacional de Ciencias de EEUU y en 2023 fue la primera española en recibir el prestigioso Shaw, que popularmente es conocido como el Nobel oriental. También es la primera española en formar parte de la distinguida Royal Society.

Eva Nogales en las instalaciones de Berkeley.

Eva Nogales en las instalaciones de Berkeley. Christopher P. Michel Cedida

Este año, la lista se engrosa con su Premio a la Excelencia Femenina, otorgado por el Club de Ejecutivas Españolas en el Exterior. Y, algo que la conecta con esta revista, ha sido nombrada una de 'Las Top 100 Mujeres Líderes' en la XIII edición de este listado que sirve como escaparate del talento femenino patrio dentro y más allá de nuestras fronteras.

Nogales no escatima en halagos hacia las "increíbles" mujeres que tiene a su alrededor y valora especialmente la valentía y capacidad de adaptación de las referentes españolas que hoy residen fuera, como ella: "Yo les digo que me hacen sentir síndrome de la impostora. En el Club, por ejemplo, veo a compañeras que quieren ayudarse las unas a las otras y también a su país".

Al preguntarle por un posible regreso a España, responde: "Me lo planteo, pero quizá no llevando un laboratorio como este. En los últimos años he pasado temporadas allí por una cátedra visitante del CSIC que me ha dado la oportunidad de dar charlas, hablar con científicos de otros centros y ver cómo puedo ser útil con la perspectiva de haber vivido en otro sistema".

La otra cara de la moneda

La velocidad a la que avanza la ciencia conlleva una presión que la sociedad rara vez percibe: "Un científico que lleva su laboratorio es como el emprendedor que tiene una pequeña empresa: debe encontrar financiación, contratar personal y fijar objetivos. Obtener fondos depende de lo que ha hecho y de lo que va a hacer. Tiene que ser muy productivo".

Y prosigue: "A mí, como investigadora del Instituto Médico Howard Hughes, se me hace un review cada cinco años y, si no soy el top de mi campo, no me renuevan. Eso hace que quieras superarte a ti misma constantemente. Requiere mucho sacrificio, pero da mucha satisfacción realizar una contribución sólida sobre la que otros puedan construir".

También hay una dimensión social de esa presión que convive con los científicos y que nace de las expectativas. "Los avances se van de las manos cuando se comunican buscando solamente la atención de la gente", lamenta Nogales. "Las noticias científicas deben hacernos sentir optimistas pero de forma realista. Los hitos son eslabones de una cadena mucho más larga".

La investigadora ha sido reconocida con el Premio a la Excelencia Femenina, otorgado por el Club de Ejecutivas Españolas en el Exterior, y reconocida como una de 'Las Top 100' este 2026.

La investigadora ha sido reconocida con el Premio a la Excelencia Femenina, otorgado por el Club de Ejecutivas Españolas en el Exterior, y reconocida como una de 'Las Top 100' este 2026. Christopher P. Michel Cedida

A pesar de la distancia, Nogales reconoce que California ha sido el escenario idílico para desarrollar su potencial. En Berkeley ha encontrado un ecosistema de libertad y recursos que la mantiene entusiasmada: "Es un lugar donde se valora muchísimo que la gente sea expuesta a distintas culturas y a distintas formas de hacer ciencia", explica.

Para ella, su etapa americana, más que un éxito profesional, representa la confirmación de una filosofía de vida que intenta transmitir a las nuevas generaciones: la necesidad de romper con el entorno conocido. "A los estudiantes les decimos que se vayan a hacer la tesis fuera; y a los que la terminan, que hagan el postdoc en otro lugar", afirma con convicción.

Nogales anima a los jóvenes a "abrir las puertas" y descubrir mundo, no como un exilio, sino como una herramienta de excelencia. En el pasado recibió ofertas para incorporarse a la Universidad de Harvard gracias a su hallazgo de la tubulina, pero decidió quedarse en Berkeley, donde ha equilibrado una carrera de élite con una vida personal plena.

Sin embargo, esa felicidad convive con una mirada crítica hacia los cambios que atraviesa su país de acogida. Lo que antes era un apoyo bipartidista e inamovible a la ciencia, hoy se enfrenta a la incertidumbre: "Este país llegó tan lejos porque siempre hubo un apoyo consistente a la investigación y mantuvo sus puertas abiertas al talento, atrayendo a los mejores cerebros".

Ahora, lamenta, "no saber cómo será el futuro nos ha descolocado". Si bien es cierto que en el laboratorio de Nogales "no estamos teniendo problemas de financiación", es consciente de que otras ramas como la medioambiental se están viendo más afectadas, y reconoce que la coyuntura actual afecta a sus compañeros, "sobre todo en el plano anímico".

Frente a muros que amenazan con frenar los avances que toda sociedad del bienestar necesita, la biofísica defiende una visión donde el conocimiento no tiene pasaporte. "La comunidad científica es global; entre nosotros no hay fronteras. Las conferencias son globales. Los artículos se escriben para que los lea todo el mundo. Esa ha sido siempre nuestra fuerza".