Imagen del pasillo de una vivienda.

Imagen del pasillo de una vivienda. iStock.

Interiorismo

Ana Hernández, interiorista: "Si tu pasillo de casa solo sirve para pasar, estás perdiendo metros útiles"

Según los expertos, un pasillo que solo sirve para pasar ocupa metros que podrían aprovecharse para ganar espacio en otras zonas de la casa.

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Durante años, los planos de muchas viviendas han seguido una fórmula prácticamente idéntica: una entrada que conduce a un corredor y, a ambos lados, diferentes habitaciones. Es una distribución fácil de entender y de organizar, pero no siempre es la que mejor aprovecha la superficie disponible.

El problema se hace más evidente cuando hablamos de pisos pequeños. En una vivienda de pocos metros cuadrados, dedicar una parte considerable del espacio a una zona que únicamente conecta unas habitaciones con otras puede condicionar el tamaño, la iluminación y hasta la sensación de amplitud del resto de la casa.

Por eso, la arquitectura y el interiorismo contemporáneos buscan cada vez más que las zonas de circulación tengan también una función dentro de la vivienda. La idea no consiste simplemente en eliminar paredes, sino en conseguir que cada rincón pueda integrarse en el uso cotidiano de la casa.

El pasillo puede convertirse en parte de la vivienda

La crítica a los pasillos convencionales no es nueva, pero algunos profesionales de la arquitectura han llevado este planteamiento mucho más lejos. Joaquín Torres, arquitecto y fundador de A-cero, tiene una respuesta clara: "eliminarlos".

Así lo ha explicado en una entrevista concedida a Arquitectura y Diseño, donde también ha cuestionado la necesidad de mantener un pasillo que ocupa metros de la vivienda y que únicamente sirve para ir de una habitación a otra.

La alternativa, según Torres, pasa por cambiar la manera de entender el propio pasillo. En lugar de concebirlo como una superficie exclusivamente destinada a caminar, puede incorporarse a una estancia y asumir parte de su función.

"El propio pasillo puede ser la zona de estar, un salón, una cosa así", explica. Incluso contempla que pueda formar parte de la cocina.

La diferencia puede parecer pequeña sobre el plano, pero tiene consecuencias importantes. Si el espacio que antes servía únicamente para conectar habitaciones pasa a integrarse en el salón, por ejemplo, esos metros dejan de ser una superficie residual y comienzan a formar parte de una zona que se utiliza realmente.

Torres se muestra especialmente crítico con la distribución tradicional basada en un pasillo central con habitaciones a ambos lados. La considera "absolutamente mediocre" y compara este esquema con el de un hotel: "un pasillo, una habitación a la derecha, una habitación a la izquierda".

Imagen generada con IA, para ilustrar el tema.

Imagen generada con IA, para ilustrar el tema. ChatGPT.

Esto no significa que todos los pasillos tengan que desaparecer y, de hecho, hay viviendas en las que resultan necesarios por cuestiones estructurales, de privacidad o de organización.

La clave está en preguntarse si ese espacio puede asumir alguna función adicional y si la distribución podría resolverse de una forma más eficiente.

Una de las herramientas que permite conseguirlo es precisamente la utilización de cerramientos que separan sin crear una barrera completamente opaca. Ahí es donde las paredes y mamparas de cristal adquieren especial importancia.

Separar estancias sin levantar una barrera visual

Eliminar un pasillo no significa que todas las habitaciones tengan que quedar completamente abiertas. La clave está en conectar directamente unas estancias con otras y utilizar las propias habitaciones como zonas de distribución, de manera que no sea necesario reservar varios metros cuadrados a un corredor.

Una de las soluciones que permite conseguirlo son las paredes y mamparas de cristal. En lugar de tener un pasillo que lleve hasta una cocina cerrada, por ejemplo, el salón puede comunicarse directamente con ella y ambos espacios quedar delimitados mediante un cerramiento acristalado.

Lo mismo puede hacerse con un despacho integrado en el salón o con otras zonas de la vivienda que necesiten cierta independencia.

Pia Capdevila resume una de las principales ventajas de este recurso: permite "separar ambientes sin perder luz ni profundidad visual". Es decir, el cristal marca dónde empieza y termina cada zona, pero evita que la pared se convierta en una barrera completamente opaca.

En un piso pequeño, esta diferencia puede ser importante. Un tabique cierra visualmente el espacio, mientras que una mampara permite seguir viendo lo que hay al otro lado.

Imagen de ilustración.

Imagen de ilustración. iStock.

De esta manera, la cocina puede seguir conectada con el salón aunque esté físicamente separada, o un despacho puede contar con su propio espacio sin convertirse en una habitación aislada.

Alberto Torres apunta precisamente a esta evolución en las necesidades de los hogares. Según el interiorista, existe una demanda creciente de espacios "luminosos, conectados y visualmente amplios, sin renunciar a la delimitación de usos". Su objetivo, en definitiva, es "dividir sin aislar".

En la misma línea, Ana Hernández destaca que estos cerramientos permiten realizar separaciones físicas sin perder visibilidad. El espacio queda dividido según el uso que se le quiera dar, pero la transparencia del cristal hace que las diferentes zonas continúen visualmente conectadas.

Sin embargo, es muy posible que en este punto nos preguntemos: ¿dónde queda la privacidad?

Pues bien, de acuerdo con los expertos, que una pared sea de cristal no significa que tenga que ser completamente transparente.

Pia Capdevila recuerda que "el vidrio no siempre debe ser transparente" y propone acabados como el estriado, ahumado o translúcido, que dejan pasar la luz pero dificultan la visión.

A esto se suman los cristales inteligentes, que según Ana Hernández pueden pasar de transparentes a opacos cuando se necesita intimidad. Una opción especialmente práctica para despachos, dormitorios o baños, donde las necesidades cambian según el momento.

Así, el cristal permite mantener la conexión entre espacios cuando interesa y reducirla cuando hace falta más privacidad, sin tener que recurrir siempre a una pared convencional.