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Interiorismo

Leticia Poole, economista: "En vacaciones, preparar al menos dos comidas en casa reduce el gasto total hasta en un 60%"

Planificar las comidas, elegir alojamientos con cocina y organizar mejor el presupuesto son algunas de las claves para gastar menos en verano.

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Los españoles gastan cada verano una parte muy importante de su presupuesto anual en las vacaciones. Según distintos estudios sobre hábitos de consumo, el desembolso medio por persona supera los 1.100 euros y, aunque muchos hogares planifican con antelación, los gastos imprevistos suelen hacer que la factura final sea bastante más elevada de lo esperado.

El alojamiento y el transporte siguen concentrando gran parte del presupuesto, pero hay otro gasto que crece casi sin que apenas se perciba: la alimentación. Desayunar en una cafetería, comer en un chiringuito y terminar el día cenando fuera puede parecer un gasto asumible de forma aislada, aunque multiplicado durante una o dos semanas acaba teniendo un impacto muy importante en la economía.

Esta tendencia es la que analiza Leticia Poole, economista y profesora de Economía de la Universidad Europea de Valencia, quien sostiene que pequeños cambios en la planificación pueden reducir notablemente el gasto sin renunciar a unas buenas vacaciones.

Ahorrar en vacaciones

Las vacaciones suelen asociarse con desconectar de las rutinas y darse algunos caprichos, pero también representan uno de los momentos del año en los que más se resiente la economía doméstica.

Para muchas familias, especialmente aquellas que viajan con niños, el reto consiste en encontrar un equilibrio entre disfrutar del tiempo libre y evitar que la vuelta a la normalidad venga acompañada de una cuesta de septiembre especialmente complicada.

La economista Leticia Poole, considera que la planificación sigue siendo la herramienta más eficaz para controlar el presupuesto sin renunciar a una buena experiencia vacacional.

Su planteamiento parte de una idea sencilla: el verdadero valor de un viaje no debería medirse por el dinero gastado, sino por el tiempo compartido y las experiencias vividas.

A este enfoque lo denomina "economía de la experiencia", una forma de entender las vacaciones en la que el recuerdo no depende del precio del hotel, del restaurante elegido o del número de actividades de pago realizadas, sino de la calidad del tiempo que se pasa en familia.

Desde esta perspectiva, muchas actividades gratuitas pueden resultar igual o incluso más satisfactorias que otras mucho más costosas.

La especialista también propone aplicar una estrategia muy sencilla para repartir mejor el presupuesto durante todo el viaje. Se trata de la conocida regla del 50/50, que consiste en alternar jornadas con un gasto elevado con otras prácticamente gratuitas.

Así, una visita a un parque temático, un parque acuático o una excursión organizada puede compensarse al día siguiente con un picnic en la playa, una ruta de senderismo, un paseo por un entorno natural o una tarde en un parque infantil.

Imagen de una familia cocinando.

Imagen de una familia cocinando. iStock.

Esta forma de organizar las vacaciones permite mantener el equilibrio económico sin tener la sensación de estar renunciando continuamente a actividades de ocio. Además, ayuda a distribuir mejor el dinero disponible durante toda la estancia y evita concentrar demasiados gastos en los primeros días del viaje.

Sin embargo, donde realmente puede lograrse un ahorro muy significativo es en la alimentación. Comer fuera varias veces al día suele convertirse en uno de los mayores desembolsos de cualquier viaje.

A diferencia de otros gastos que se realizan una sola vez, como el alojamiento o el transporte, las comidas se repiten diariamente y su impacto aumenta cuanto mayor es la duración de las vacaciones.

Por ese motivo, Leticia Poole recomienda dar prioridad a alojamientos que dispongan de cocina. Aunque en ocasiones puedan tener un precio ligeramente superior al de una habitación de hotel convencional, esa diferencia puede amortizarse rápidamente gracias al ahorro conseguido en restaurantes y cafeterías.

Según explica la economista, preparar al menos dos de las tres comidas diarias en el apartamento o vivienda vacacional puede reducir el gasto total en alimentación hasta en un 60%.

La razón es que desaparecen los márgenes comerciales propios de la restauración y también otros costes asociados, como el servicio, las bebidas o determinados suplementos que elevan considerablemente el importe de cada comida.

El ahorro no es la única ventaja, ya que cocinar en el alojamiento también ofrece una mayor flexibilidad para adaptar los horarios a las necesidades de cada familia.

Cuando se viaja con niños pequeños, por ejemplo, no siempre resulta sencillo encontrar una mesa libre en el momento adecuado o esperar largos tiempos de servicio después de una jornada intensa de playa o excursiones. Tener la posibilidad de preparar una comida rápida permite descansar antes y organizar el día con mayor tranquilidad.

Además, hacer una compra al inicio de las vacaciones facilita controlar mejor el presupuesto desde el primer momento. Saber cuánto se va a destinar a la alimentación reduce las posibilidades de realizar gastos impulsivos y ayuda a evitar la sensación de que el dinero desaparece poco a poco sin saber exactamente en qué.

Eso no significa renunciar a la gastronomía del destino. Muchos expertos en economía doméstica coinciden en que una estrategia equilibrada consiste en reservar las comidas fuera para momentos concretos, como probar un restaurante recomendado, celebrar una ocasión especial o descubrir la cocina típica de la zona.

De esa manera, la experiencia mantiene su atractivo, pero el impacto sobre el presupuesto resulta mucho menor.