Las cocinas estilo 'cottagecore' vuelven a estar de moda.

Las cocinas estilo 'cottagecore' vuelven a estar de moda. Giselleflissak iStock

Decoración

La regla 70/30, el truco de decoración favorito de los interioristas para mezclar estilos en casa con elegancia

La personalidad copa un lugar central entre las tendencias del hogar y desplaza una estética que sólo giraba en torno a los tonos neutros y el minimalismo.

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Cuando se alude a algo o a alguien como vainilla, se hace referencia a su convencionalidad, señalando el comportamiento o el gesto como predecible, aburrido o común. Esto se puede extrapolar a diferentes facetas de la vida y aquí entra también la decoración.

Durante años, un minimalismo que hacía que cada vivienda pareciera un piso piloto en lugar de un hogar ha sido la tendencia. Aunque no ha desaparecido del todo, lo cierto es que ha evolucionado. Ahora, esta estética también se encuentra invadida por volúmenes y juegos de texturas, haciéndola más interesante.

No obstante, ha quedado relegada a un segundo plano, ya que propuestas como el maximalismo, detalles vintage, el cottagecore o el eclecticismo se han convertido en el must del momento.

En la actualidad, las beige moms —puramente millennials— chocan con la excentricidad de la Gen Z, que va contaminando también a sus predecesores.

Hacer que todo esto funcione en casa —la idea de mezclar distintas épocas y tendencias— no es tarea fácil, pero se antoja como una de las ambiciones de aquellas que pasan parte de su tiempo haciendo scroll en Pinterest y viendo vídeos de medios que se cuelan en las nuevas —y poco humildes— moradas de las celebrities.

Aunque parte del encanto de este mix and match reside precisamente en el caos y que, como popularmente se dice, cada cosa sea 'de su madre y de su padre', lo cierto es que incluso en esa situación hay que mantener una suerte de orden para que todo encaje. Si quieres lograrlo, una buena idea es tener presente la fórmula del 70/30.

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Este truco es uno de los mejores recursos visuales para conseguir crear espacios que tengan un balance entre lo estético y lo funcional. Se trata de algo que aplican los profesionales del sector habitualmente en diferentes aspectos: desde la selección de la paleta de colores, mobiliario y objetos decorativos.

Además, en la actualidad, hay que mantener una máxima junto a esta proporción: se buscan casas que sean hogares, que parezcan vividas.

Tal y como Alicia García, directora general de Casa Decor, comentaba a este vertical en una entrevista antes de inaugurar la última edición del evento de la plataforma de interiorismo: "Se están haciendo entornos más humanos, pensando en quien los va a habitar. Nos alejamos de la foto perfecta y del minimalismo".

El sillón Sanami, una propuesta de nogal macizo y tejido jacquard, disponible en La Redoute por 989,10 € (antes 1099 €).

El sillón Sanami, una propuesta de nogal macizo y tejido jacquard, disponible en La Redoute por 989,10 € (antes 1099 €). La Redoute

Por lo tanto, partiendo de este punto, hay que pensar en dos pilares del truco: el reparto numérico. El primero —el 70— hace alusión al estilo que debería predominar, aquello que funcione como una especie de zona de confort para los dueños.

El segundo supone el conocido como factor wow, es decir, aquello que aporta el contraste al planteamiento. Hay profesionales que también lo denominan como acento en el mundo del branding.

Movimiento dominante

El 70% es el porcentaje que representa el lienzo general de cada habitación, por lo que va a ser aquel que predomine.

¿En qué se traduce esto? En aplicarlo en los elementos de mayor tamaño, más caros y complicados de cambiar. ¿Por qué? Para que resulte una inversión, no un gasto, e ir modificando el otro 30%, lo que sería más sencillo a todos los niveles.

Se trataría de enfocarlo en el color de las paredes, el suelo, el sofá principal, las cortinas o mobiliario como estanterías o la mesa principal del comedor.

Mesa de comedor que combina el mármol con la madera de haya pintada. Su precio es de 999 €,

Mesa de comedor que combina el mármol con la madera de haya pintada. Su precio es de 999 €, Westwing

La finalidad es darle al ojo —y también al espíritu— algo de paz visual que, además, sea el hilo conductor no sólo de un espacio, sino de la casa al completo haciendo así que cada habitáculo tenga su personalidad pero forme parte de un conjunto con sentido.

Es buena idea reservar la estética minimalista o, por ejemplo, el estilo Japandi —la tendencia que además añade a la ecuación la calma de la filosofía de vida nipona, la practicidad, el confort y la calidez— para este porcentaje.

Movimiento en contraste

Y tras un arranque que, de entrada, puede resultar más aburrido o predecible, llega la hora de la acción: adiós a las ideas propias de catálogo y al piso piloto, hola al derroche de personalidad. Ya no se trata de la expectativa que las redes sociales transforman en aspiracional, sino de hablar de ti misma y de romper la monotonía.

¿Dónde hace acto de presencia este acento? En elementos secundarios como butacas, lámparas de mesa —cálidas, por favor—, cojines, por supuesto, obras de arte y alfombras. No hace falta decir que todos los objetos de segunda mano conseguidos en rastros, mercadillos, ventas privadas y algo heredado.

Cabecera Promesse con dos cojines integrados de Tréca Paris.

Cabecera Promesse con dos cojines integrados de Tréca Paris. Tréca Paris

¿La clave? Ese guiño sorpresa que aporta dinamismo, sofisticación y un punto de alegría y que ayuda a construir y reflejar una narrativa personal.

La conclusión es que la fórmula del 70/30 es una especie de invitación a perderle el miedo a la personalidad.

Una casa excesivamente correcta supone el riesgo de entrar en esa catalogación de vainilla, ¿y qué clase de persona que va a una heladería se decanta por ese sabor cuando las posibilidades son tantísimas? A menos que se trate de la especialidad, merece la pena hacer un all in por la diferencia.

Además, cuando las tendencias cambian a base de algoritmos y creadores de contenido, ¿qué mejor que apostar por la identidad de cada uno para que el resultado no sea algo caduco ni de lo que arrepentirse?

Un lugar en el que conviva lo básico con piezas más especiales que aderecen la historia de cada cual, que hable de contradicciones y de esencia.