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Estilo de vida

Marta Verona, chef: "Las pechugas de pollo más ricas no llevan ajo en polvo, échales 500 ml de leche evaporada"

La leche evaporada ayuda a que la pechuga quede más jugosa, tierna y cremosa, evitando que resulte seca.

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La pechuga de pollo es uno de esos alimentos que nunca faltan en muchas cocinas. Es sencilla de preparar, combina con prácticamente cualquier ingrediente y permite resolver una comida en pocos minutos, aunque su aparente facilidad también puede jugar en su contra.

Y es que cocinar una pechuga no consiste únicamente en ponerla en una sartén y esperar a que esté hecha. Un exceso de tiempo, una temperatura demasiado alta o una preparación poco cuidada pueden hacer que la carne quede seca y pierda buena parte de su atractivo.

Sin embargo, conseguir un resultado mucho más jugoso y sabroso no siempre requiere complicar la elaboración. Existen pequeños cambios en la forma de cocinarla que pueden transformar por completo un alimento tan cotidiano, y uno de ellos pasa por un ingrediente que no suele asociarse directamente con el pollo: la leche evaporada.

El ingrediente que puede cambiar por completo una pechuga de pollo

La chef y nutricionista Marta Verona ha puesto el foco precisamente en esta cuestión al compartir con sus seguidores una forma diferente de preparar las pechugas de pollo.

Su propuesta prescinde de recursos habituales como el ajo en polvo y apuesta por la leche evaporada como uno de los elementos capaces de aportar una textura más agradable al plato.

La elección no es casual. La leche evaporada es un producto lácteo que se obtiene al eliminar parte del agua de la leche mediante un proceso de calentamiento.

Al estar más concentrada que la leche convencional, presenta una textura más cremosa y un sabor ligeramente más intenso, pero sin llegar a tener la consistencia de una nata.

Cuando se incorpora a una elaboración caliente, puede contribuir a crear una salsa de textura más untuosa alrededor de la carne.

Esto resulta especialmente interesante en el caso de la pechuga de pollo, una pieza que destaca por su bajo contenido en grasa pero que, precisamente por esa característica, puede resultar seca si no se controla correctamente la cocción.

La clave está en que la jugosidad de una pechuga no depende únicamente de añadir grasa. La carne de pollo contiene una elevada proporción de agua y, cuando se somete a temperaturas altas durante demasiado tiempo, parte de esa humedad se pierde.

El resultado es una carne más firme, seca y con una textura menos agradable.

Imagen de unas pechugas de pollo.

Imagen de unas pechugas de pollo. iStock.

Por ello, la presencia de un medio líquido y cremoso durante la elaboración puede ayudar a conseguir una sensación mucho más jugosa al comerla.

La leche evaporada, además, permite construir una salsa que se adhiera a la superficie de la carne y aporte una textura más suave, haciendo que una preparación que podría resultar algo monótona gane cremosidad.

Este tipo de recursos tiene especial interés cuando se busca mantener el pollo dentro de una alimentación equilibrada sin convertirlo necesariamente en un plato poco apetecible.

La pechuga es una fuente de proteínas de alto valor biológico y contiene poca grasa y pocos carbohidratos, por lo que es habitual encontrarla tanto en dietas saludables como en planes de alimentación vinculados al deporte.

Al compararla con la nata, tiene una menor proporción de grasa, aunque esto no significa que cualquier elaboración que la incluya sea automáticamente ligera. El resultado final dependerá también de las cantidades utilizadas y del resto de ingredientes que formen parte del plato.

Desde Magas, por ejemplo, te recomendamos esta receta.

Ingredientes

4 filetes de pechugas de pollo

250 g de champiñones laminados

1 cebolla grande

2 dientes de ajo

500 ml de leche evaporada (si quieres una salsa más ligera, 250 ml de leche evaporada y 250 ml de caldo de pollo o verduras)

Paso 1

Pica la cebolla y los ajos en dados finos y reserva.

Paso 2

Salpimenta las pechugas de pollo y cocínalas a la plancha con un chorrito de aceite de oliva. Una vez hechas, resérvalas.

Paso 3

En la misma sartén, para aprovechar el sabor que ha dejado el pollo, pocha la cebolla y el ajo a fuego medio/bajo y, si es necesario, añade un poco más de aceite.

Paso 4

Añade los champiñones, integra el conjunto y tapa la sartén. Después cocina todo a fuego medio unos 5 minutos, hasta que los champiñones se hayan pochado también.

Paso 5

Cubre todo con la leche evaporada (o la leche evaporada y el caldo) y cocina el conjunto a fuego fuerte un minuto. Luego tritura todo en un vaso de batidora o batidora de vaso hasta tener una salsa fina.

Paso 6

Reincorpora la salsa y los filetes de pollo a la sartén, cocina la mezcla un par de minutos y listo.