Imagen de una frutería.
Sara, mileurista en España: "Si quieres ahorrar dinero en la compra, no compres la fruta y la verdura en el supermercado"
A su juicio, el gasto en alimentación no depende solo de los precios, sino también de los hábitos de compra y de la educación financiera cotidiana.
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El coste de llenar la nevera se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los hogares españoles. Según los informes, en 2025, el gasto en la cesta de la compra subió un 5,8 % y a comienzos de 2026, marcó cifras récord.
El gasto medio en alimentación y bebidas para los españoles ronda los 1.787 euros al año por hogar, una cifra que refleja hasta qué punto la comida se ha llevado una porción creciente del presupuesto familiar. En el caso de las familias, el desembolso puede situarse entre 800 y 1.200 euros, dependiendo de hábitos y calidades.
Para muchos hogares con ingresos medios o bajos, estos importes son sencillamente inasumibles. Quienes cobran el salario mínimo o sueldos mileuristas tienen que hacer auténticos malabares para llegar a fin de mes sin renunciar a comer bien, como es el caso de Sara.
Cómo hace la compra Sara en España
El encarecimiento de la alimentación no es un fenómeno aislado. Está ligado al aumento de los costes energéticos, del transporte, de las materias primas y también a cambios en la cadena de distribución.
Los supermercados concentran cada vez más la compra diaria por comodidad, horarios amplios y la posibilidad de encontrar todo en un mismo lugar. Sin embargo, esa comodidad puede tener un precio.
Diversos estudios de consumo muestran que los productos frescos, especialmente fruta, verdura, carne y pescado, presentan variaciones de precio importantes según el canal de compra.
En este contexto aparece el perfil de Sara, una española que optimiza cada euro. Según ha explicado en sus redes sociales, su sueldo mínimo le obliga a comparar precios, planificar el menú semanal y recuperar hábitos que parecían olvidados, como comprar en comercios o adquirir grandes cantidades para congelar.
Sara cuenta que su tope son 160 euros al mes en comida y que incluso esa cifra le parece alta para su nivel de ingresos. Tal y como explica, la clave está en no concentrar toda la compra en el supermercado. Para ella, el error más común es comprar allí la fruta, la verdura y toda la carne.
Su rutina exige más tiempo, pero asegura que compensa. Reparte la compra entre frutería, carnicería, pescadería y supermercado.
@saraphidalgo Deja de gastar innecesariamente!!! 💪🏼 #ahorro #compras #tiktokviral #fyp #storytime #tips #consejos #fyf ♬ sonido original - Soy SARA 🩵💪🏼👩🍼
En la gran superficie adquiere sobre todo productos de limpieza, algunos procesados concretos que le gustan y básicos envasados.
Sin embargo, allí evita llenar el carro de frescos porque, según su experiencia, la cuenta puede dispararse hasta 130 euros semanales si se compra todo en el mismo sitio.
Uno de sus pilares es la carnicería de barrio. Relata que en una sola compra de unos 50 euros puede abastecerse para casi todo el mes.
Con ese dinero compra varios kilos de pollo, lomo adobado, magro para guisar y carne picada. Después organiza las raciones y las congela. Su congelador, dice, suele estar lleno hasta el límite, pero eso le permite cocinar con previsión y no caer en compras impulsivas.
También aplica pequeños trucos para ajustar el precio. Por ejemplo, opta por piezas menos vistosas pero igual de aprovechables, como el cabecero de lomo en lugar de filetes perfectamente cortados y presentados.
Son cortes que requieren algo más de preparación en casa, pero resultan más baratos. Esa diferencia, multiplicada por semanas y meses, acaba siendo relevante.
En la frutería encuentra otra fuente de ahorro. Pone como ejemplo el tomate a 0,90 euros el kilo, con el que puede preparar gazpacho, salmorejo o ensaladas para varios días. Comprar producto de temporada y en comercios especializados, afirma, reduce el gasto y además mejora el sabor y la calidad de los platos.
Su estrategia requiere tiempo, planificación, espacio en el congelador y cierta disciplina para cocinar en casa. No todo el mundo puede o quiere organizarse así, especialmente quienes tienen jornadas laborales largas o responsabilidades familiares que dejan poco margen.