Estefanie en una fotografía de sus redes sociales.

Estefanie en una fotografía de sus redes sociales.

Estilo de vida

Estefanie ha elegido la profesión más demandada de España: faltan 150.000 como ella y se ofrecen sueldos de 36.000 €

La tasa de desempleo en perfiles técnicos como este ronda apenas el 2,3%, señal de que quien está formado encuentra trabajo con facilidad.

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La soldadura sostiene buena parte del esqueleto industrial de España, aunque a menudo pase desapercibida fuera de fábricas y astilleros. Detrás de infraestructuras, barcos, coches, plantas energéticas o grandes edificios hay miles de uniones metálicas que dependen de la precisión de un soldador.

Sin embargo, esa importancia contrasta con una escasez creciente de profesionales. Las empresas llevan años reportando dificultades críticas para cubrir vacantes cualificadas, especialmente en construcción naval, automoción y energía.

Con una plantilla envejecida y jubilaciones en aumento, muchos analistas prevén que en los próximos años estos profesionales sean completamente esenciales, elevando aún más su valor en el mercado. Antes de que esa tensión llegue a su punto máximo, hay quienes ya construyen su futuro en este oficio, como Estefanie.

El futuro de la soldadura

La soldadura es, en esencia, la técnica de unir materiales —principalmente metales— mediante calor intenso, ya sea con arco eléctrico, gas u otros procedimientos.

El soldador interpreta planos, prepara superficies, selecciona materiales de aporte y ejecuta cordones que deben cumplir estándares de resistencia y seguridad muy estrictos. Un error puede comprometer desde la estanqueidad de una tubería hasta la integridad de una estructura completa.

Esa combinación de habilidad técnica y responsabilidad explica por qué la soldadura es clave en construcción, industria naval, automoción, energía o petroquímica. Son sectores que mueven miles de millones de euros y que no pueden permitirse fallos.

Cuando faltan soldadores cualificados, se retrasan proyectos, suben los costes y, en ocasiones, se recurre a profesionales extranjeros o se compite por talento dentro de Europa. De hecho, no es casual que soldadores españoles sean valorados en países como Alemania, Holanda o Noruega.

Su valor siempre ha sido reconocido por las grandes empresas que necesitan su labor; sin embargo, se prevé que para los próximos años se duplique debido a la llegada de la Inteligencia Artificial.

Una IA puede analizar datos de sensores o predecir fallos en una instalación, pero no puede desplazarse a una obra, posicionar una antorcha y ejecutar una soldadura en un espacio reducido o en altura.

@iamgwelds problema tuyo pa #gwelds #fyp #travelwelder #soldadora ♬ Ovarios - Jenni Rivera

Con una demanda estable o creciente y menos relevo generacional, los expertos anticipan que estos oficios experimentarán una revalorización salarial significativa en los próximos años.

Hoy ya se está observando esa tendencia. Un soldador en España puede moverse habitualmente entre 1.500 y más de 2.500 euros brutos mensuales según experiencia y especialización, con medias en torno a 2.000 euros al mes.

En términos anuales, muchas ofertas se sitúan entre 28.000 y 36.000 euros, y los perfiles cualificados con certificaciones avanzadas pueden superar los 55.000.

Además, hay especialidades que elevan el listón salarial, como el TIG de alta precisión o soldadura de tubería en entornos industriales, en ciudades como Bilbao, Gijón o Barcelona, o en sectores como el naval, petroquímico y energético.

Para acceder a la soldadura no se exige una carrera universitaria larga, sino formación profesional y cursos específicos. Una FP en calderería o soldadura, junto con certificaciones y homologaciones, abre la puerta a empleos bien remunerados.

La empleabilidad mejora cuanto mayor es la variedad de procesos que domina el profesional y cuantas más homologaciones posee. En un mercado con escasez, cada competencia adicional tiene un impacto directo en el salario y en la estabilidad laboral.

Estefanie es una de las mujeres que ya ha elegido este camino, algo mucho menos común, ya que la soldadura sigue siendo un ámbito muy masculinizado, donde la presencia femenina es minoritaria.

Además de trabajar en el sector, comparte su experiencia en redes sociales. Mostrar el día a día del oficio, las técnicas, las condiciones reales de trabajo y las oportunidades laborales ayuda a desmontar estereotipos y a acercar la profesión a jóvenes que quizá nunca se la habían planteado.

Y es que, precisamente, el gran reto del sector es atraer nuevas generaciones. Durante años, muchos jóvenes se han orientado hacia estudios universitarios o empleos percibidos como menos duros físicamente.

Mientras tanto, talleres y grandes compañías ven cómo parte de su plantilla se jubila sin relevo suficiente. Esa tensión explica por qué empresas y asociaciones insisten en la formación profesional y en dignificar la imagen de estos oficios.