Carmen en un reportaje de Espejo Público.

Carmen en un reportaje de Espejo Público.

Estilo de vida

Carmen, jubilada en España: "Empecé a trabajar con 11 años y ahora mi pensión apenas llega a 300 euros"

Debido a los contratos a tiempo parcial y la dedicación a tareas de cuidados, las mujeres cobran pensiones inferiores a los hombres en España.

Más información: Minerva, gerente de un restaurante: "Las empresas no se crean para despedir, te despides tú con tus actos"

Publicada

La jubilación en España se sustenta, en su mayor parte, en un sistema público de pensiones basado en cotizaciones. Durante su vida laboral, los trabajadores aportan a la Seguridad Social para asegurarse una prestación económica al alcanzar la edad de jubilación o en caso de incapacidad.

Los datos oficiales sitúan la pensión media de jubilación en torno a 1.500 euros mensuales, aunque varía según los años cotizados y el tipo de empleo. Esta cifra proporciona una renta que busca sustituir el salario cuando concluye la vida laboral, con la esperanza de que puedan dejar de trabajar y vivir de forma autónoma con ese ingreso.

Sin embargo, esta intención se encuentra con realidades muy distintas. No todos los pensionistas reciben una cuantía digna y un porcentaje relevante de pensiones se sitúa por debajo del umbral de pobreza en España, especialmente entre las mujeres, cuya pensión media es más de un 30 % inferior a la de los hombres.

La brecha de las pensiones en España

Aunque la pensión media puede parecer adecuada en términos generales, la distribución es muy desigual: un elevado número de perceptores cobra cuantías que apenas cubren los gastos básicos de subsistencia.

Según estadísticas recientes, aproximadamente el 35 % de las pensiones se sitúan por debajo del umbral de pobreza, establecido en torno a 827 € mensuales en 14 pagas.

Este fenómeno no es homogéneo: las mujeres, por ejemplo, enfrentan una brecha de pensión significativa como consecuencia de carreras laborales fragmentadas, empleos de menor remuneración o años dedicados a trabajos no remunerados como el cuidado de familiares.

Las estadísticas reflejan que solo alrededor del 57 % de las mujeres reciben una pensión contributiva frente al 82 % de hombres, y sus importes son sistemáticamente menores.

Carmen es una de las mujeres que vive en primera mano este suceso. Según cuenta a Espejo Público, ella 980 € al mes sumando su pensión y la de viudedad, pero su propia pensión contributiva es de menos de 300 €.

A pesar de que la cantidad pueda reflejar otra realidad, Carmen comenzó a trabajar a los 11 años. Pasó por una fábrica de la que fue despedida cuando quedó embarazada y, posteriormente, se dedicó a la limpieza de escaleras.

Carmen, jubilada entrevistada por 'Espejo Público'.

Carmen, jubilada entrevistada por 'Espejo Público'. Antena 3

Durante los últimos doce años, se dedicó a cuidar de su madre y su suegra, ambas con Alzheimer. Estas labores, esenciales para la vida familiar, no generaron cotización suficiente para asegurar una pensión digna.

Aunque la pensión de Carmen suba debido a la viudedad, la realidad es que se le complica mucho llegar a fin de mes y, según cuenta, tiene que organizar sus gastos con cuidado.

Su casa está pagada, lo que le quita una carga importante, pero aún debe afrontar facturas de luz, agua, teléfono y comunidad. Solo con lo que queda después de esos pagos puede comprar comida y cubrir sus necesidades mensuales.

"Gracias a Dios no tengo que pedirles ayuda a mis hijos, yo solo les ayudo a criar a los nietos", cuenta. Aun así, tras pagar lo básico, le quedan apenas 400 € para cubrir todo un mes.

Carmen reflexiona sobre la situación de las generaciones actuales y futuras. Para ella, los jóvenes de hoy, que empiezan a trabajar mucho más tarde y en condiciones precarias, afrontan un panorama aún más incierto.

Considera que, si no se adoptan cambios estructurales, la base intergeneracional del sistema de pensiones seguirá deteriorándose y las dificultades de quienes ahora son pensionistas se agravarán para quienes vengan detrás.

Junto a Carmen están otras mujeres cuyas historias ilustran la precariedad de muchas jubilaciones. María, por ejemplo, cobra alrededor de 700 € al mes.

Ella tampoco depende de la ayuda de sus hijos, pero su capacidad de ocio y de cubrir gastos extraordinarios es mínima: no puede ir al teatro porque cuesta unos 60 €.

La precariedad no es exclusiva de estas mujeres. También entre los autónomos y otros colectivos la situación es difícil. Máximo, un pescadero jubilado, cobra 800 € al mes y sostiene que "si no tuviera la casa pagada, me moriría de hambre".

Eduardo, carpintero jubilado, percibe 980 €, parte de los cuales se destinan a manutención tras un embargo por pensión alimentaria a su exmujer.