Violeta Serrano junto a la portada de su libro 'El desencanto de los revolucionarios'.

Violeta Serrano junto a la portada de su libro 'El desencanto de los revolucionarios'. Cedida

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Hay más revolucionarios en la España olvidada que en todos los partidos de la izquierda ‘transformadora’

Violeta Serrano
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Escribí El desencanto de los revolucionarios (Espasa, 2026) después de que mi vida diera un vuelco. Lo había dejado todo para apoyar un proyecto en el que creía en un momento en el que temía lo que ya había vivido en la Argentina, donde emigré con 25 años: que la extrema derecha tomase el poder y arrasara con los derechos de los ciudadanos.

Ya había ocurrido en Castilla y León, de donde vengo, y me negaba a que volviese a ocurrir a nivel estatal. Si podía aportar algo, lo haría. Lo dejé todo: mi trabajo, mi vida personal, por una campaña y una nueva vida que me arrasó por completo.

Primero fui candidata por mi provincia, León, al Congreso de los Diputados. Sabía que no iba a entrar pero mi objetivo no era ese, sino evitar que lo hiciera VOX. Lo logramos.

Después, Yolanda Díaz me llamó para trabajar para su proyecto Sumar y para ella misma. Acepté siempre y cuando pudiera viajar pero no me obligasen a dejar mi tierra, puesto que era lo que había prometido en campaña.

Cumplió. Pero, poco a poco, a medida que me iba integrando más en el proyecto, veía sus grietas. Y daba mi opinión, no siempre acorde: nunca fui militante, sino una pensadora independiente y eso, en política partidaria, se paga.

Al cabo de unos meses Yolanda Díaz me pidió ser parte de la ejecutiva de Sumar en “algo” vinculado a la temática rural, mi propósito político real, el que conozco, por el que trabajo cada día, la razón por la que vivo pegada al territorio y conociendo realmente sus dolores. Entonces ya sabía que era un espejismo, que en realidad nuestra tierra les importaba poco. Dije que no.

Al cabo de un mes, me despidieron por videollamada alegando razones económicas sin preocuparse nunca más por cómo quedaba mi situación laboral: me quedé abandonada por el partido que supuestamente más defendía a los trabajadores, y a las mujeres. Ningún responsable político me llamó para darme explicaciones ni para interesarse por mí.

Fueron meses en los que perdí todo lo que había construido, incluso mi matrimonio, después de más de una década. Pero me reconstruí desde un lugar honesto, el que siempre había defendido: la vida pegada al territorio, generando comunidad con quienes realmente conocen los dolores del medio rural y sus oportunidades.

Creé mi propia escuela de escritura y naturaleza, escuelasavia.com, y comencé a trabajar de nuevo, esta vez con la precariedad propia de los autónomos de este país, para la universidad y para distintos periódicos.

Cuando me senté a escribir este libro ya no sentía rabia, sino la misma convicción que me había llevado a meterme en política: debemos reinventarnos para que la democracia vuelva a ser valorada por la mayoría de la gente que siente que todo se ha trastocado y que este sistema ya no vale la pena.

Eso, para mí, se logra vertebrando el territorio de España, desde sus zonas rurales, donde todo está por hacerse de nuevo y, en consecuencia, existen oportunidades de futuro y no sólo de pasado, como tantos nos quieren hacer creer.

En este libro lo explico y cuento, además, lo que viví estando tan cerca del alto poder del Estado: la frustración y la desilusión, pero también la paz que sigo sintiendo hoy por haber sabido decir 'no', por no haberme cegado por las cámaras, las luces y el dinero fácil.

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