Miriam Garlo se alza con el Goya a la Mejor Actriz Revelación.

Miriam Garlo se alza con el Goya a la Mejor Actriz Revelación. Gtres

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Un Goya en lengua de signos: Miriam Garlo reivindica a las mujeres sordas que sufren violencia obstétrica

Mujer, actriz y con discapacidad auditiva, ha tenido que abrirse camino en una industria donde la diversidad funcional aún está infrarrepresentada.

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La noche en que pronunció —en lengua de signos— uno de los discursos más emocionantes de la gala, el auditorio guardó un silencio distinto. No fue el silencio protocolario de las grandes ceremonias, sino uno lleno de atención y respeto.

Miriam Garlo (Molina de Segura, 1984) acababa de ganar el Goya a Mejor Actriz Revelación por su interpretación en Sorda, y su presencia en el escenario era mucho más que un triunfo personal: era la irrupción definitiva de una realidad históricamente invisibilizada.

La historia de la actriz no empieza en esa alfombra roja, ni en los focos, ni siquiera en el rodaje de Sorda. Empieza mucho antes, en una infancia marcada por la conciencia temprana de que el mundo no estaba diseñado para quienes, como ella, se comunican de otra manera.

El papel

En Sorda, Miriam Garlo interpreta a una mujer que atraviesa el embarazo y la maternidad enfrentándose a barreras de comunicación constantes. La película, más que un relato íntimo, es una denuncia.

La trama expone una forma de violencia obstétrica que rara vez se nombra: la que se ejerce cuando el sistema sanitario no garantiza una comunicación accesible.

La actriz recibe el premio.

La actriz recibe el premio. Gtres

En consultas médicas sin intérprete, en decisiones tomadas sin explicación clara, en miradas que asumen incapacidad, el personaje de Garlo encarna una experiencia compartida por muchas mujeres sordas.

No se trata únicamente de la falta de información; es la negación de la autonomía.

Su interpretación huye del victimismo. Hay rabia, sí, pero también dignidad. Hay miedo, pero también determinación. Y, sobre todo, hay una reivindicación clara: la maternidad no puede ser un territorio hostil para las mujeres sordas.

Reivindicación colectiva

El discurso de la intérprete murciana tras recoger el Goya fue una declaración política en el mejor sentido del término. Reivindicó a las mujeres sordas que han sido madres sin apoyo institucional, a las que han sufrido intervenciones médicas sin consentimiento plenamente informado y a las que han sido infantilizadas.

Su activismo no es nuevo. Desde antes del estreno de Sorda, ya participaba en encuentros y foros donde denunciaba la precariedad en el acceso a la cultura y a los servicios públicos para el colectivo.

Pero el altavoz del premio multiplicó el alcance de su mensaje. A su lado estaba Eva Libertad, quien además de ser su hermana, se alzó con el Goya por Mejor Dirección Novel con este mismo largometraje.

Miriam Garlo insiste en que la discapacidad no reside en el cuerpo, sino en el entorno. “Si no hay intérprete, si no hay subtítulos, si no hay información accesible, el problema no soy yo”, ha repetido. Esa perspectiva atraviesa su trabajo artístico y su compromiso social.

Obstáculos personales

Antes del reconocimiento público, hubo años de puertas cerradas. Se formó como actriz en espacios donde no siempre se contemplaba la diversidad comunicativa.

En castings en los que se asumía que una actriz sorda sólo podía interpretar papeles “sobre la sordera”. En reuniones donde la falta de adaptación la dejaba al margen de decisiones importantes.

Pero lejos de retraerse, Garlo ha construido una identidad sólida y visible. Su paso por Sorda no es un accidente aislado, sino el resultado de una trayectoria coherente.

Ha trabajado en teatro, en proyectos audiovisuales independientes y en iniciativas culturales vinculadas a la comunidad sorda. Cada paso ha sido una afirmación: no necesita que nadie traduzca su talento.

El equipo completo de 'Sorda'.

El equipo completo de 'Sorda'.

La maternidad

Uno de los aspectos más potentes de Sorda es cómo aborda la maternidad desde una perspectiva interseccional. No se trata sólo de ser mujer en un sistema sanitario que a menudo medicaliza en exceso el parto. Se trata de serlo y ser sorda en un entorno que presupone incapacidad.

Aunado a esta problemática, el filme plantea los conflictos que surgen en una pareja con la llegada de un nuevo ser. En este caso, las barreras de la discapacidad merman la autoestima.

Goya con vocación

El premio a Mejor Actriz Revelación no sólo reconoce una interpretación brillante; también una narrativa necesaria. En una industria donde la representación de la discapacidad suele recaer en intérpretes oyentes, la victoria de Miriam Garlo supone un giro significativo.

Su presencia en la gala fue, en sí misma, un gesto pedagógico. Cada plano de su discurso en lengua de signos obligaba a la audiencia a cambiar de ritmo, a mirar de otra manera. A comprender que hay múltiples formas de habitar el lenguaje.

Para muchas niñas sordas que sueñan con dedicarse a la interpretación, verla alzar el Goya fue un espejo inédito. Un recordatorio de que la falta de referentes no es sinónimo de falta de oportunidades.

Futuro en marcha

Tras el éxito de Sorda, los proyectos empiezan a multiplicarse. Pero Miriam Garlo parece tener claro que no aceptará cualquier propuesta. Busca historias que amplíen el imaginario, que cuestionen estereotipos y que ofrezcan matices.

El discurso en lengua de signos.

El discurso en lengua de signos. Gtres

En cada aparición pública recuerda que su logro es colectivo. Que detrás hay asociaciones, intérpretes, compañeras que luchan por una accesibilidad real. Que el aplauso no puede sustituir a las políticas públicas.

En un país donde la accesibilidad todavía depende en demasiadas ocasiones de la voluntad y no de la obligación legal, su voz —o su gesto— adquiere una dimensión política.

Miriam Garlo no sólo ha ganado un Goya. Ha puesto en el centro una conversación incómoda y urgente. Ha recordado que el silencio puede ser impuesto, pero también elegido como espacio de resistencia.

En tiempos de ruido constante, su mensaje resuena con una claridad inesperada: la inclusión no es una concesión, es un derecho.