Manifestantes con una pancarta en la que se lee el lema 'Que no haya niños en jaulas'. Reuters
De las 'wine moms' a las caras femeninas de los Panteras Negras: las estadounidenses toman las calles contra el ICE
Continúan las protestas multitudinarias contra las redadas migratorias en Mineápolis, ciudad en la que han muerto dos ciudadanos en menos de un mes.
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En Mineápolis, EEUU, el termómetro marca por debajo de los -20ºC y, aun así, las calles están llenas de gente que ha dejado de trabajar, de estudiar y de abrir sus negocios para gritar contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, más conocido como el ICE, o como el brazo ejecutor de Donald Trump en su cruzada contra la inmigración en el país.
La jornada de huelga general del 23 de enero –la primera de esta magnitud en Estados Unidos en unas ocho décadas– ha convertido esta ciudad de 428.579 habitantes en un laboratorio donde se observa, en directo, el rechazo masivo de la población a la actuación del organismo federal, acusado del asesinato de la vecina de la localidad Renée Good.
En las pancartas se repiten dos nombres: el suyo y el de Alex Pretti. Ella, poeta y madre de tres hijos, murió por los disparos de un agente cuando iba a recoger a uno de ellos. Él, sanitario de 37 años, fue abatido cuando grababa con su móvil una redada. Sus casos han derivado en investigaciones oficiales y en versiones enfrentadas sobre lo sucedido.
Sin embargo, en la calle se ha prendido la idea de que cualquier persona que se acerque a una operación migratoria puede convertirse, de repente, en protagonista involuntaria. Ese temor explica por qué padres, madres, estudiantes y trabajadores han asumido el coste de quedarse en casa, perder un día de sueldo o cerrar un negocio para sumarse a la protesta.
Los enfrentamientos entre agentes y manifestantes han llevado a una oleada de redadas en la ciudad de Mineápolis. Reuters
En ese mosaico de cuerpos abrigados hasta los ojos, las mujeres ocupan un lugar que no se puede pasar por alto. Muchas de quienes dan entrevistas, hacen de enlace entre las familias del barrio y los medios o coordinan los avisos por mensajería cifrada son madres, profesoras, vecinas que hasta hace unas semanas no se habrían descrito a sí mismas como activistas.
En muchas comunidades, el temor al ICE lleva a replantearse la logística del día a día: quién acompaña a los niños al colegio, quién vuelve con ellos a casa si hay redadas, quién se queda al cuidado si sus padres son detenidos... Delante de algunos colegios, los adultos se turnan en las esquinas con walkie‑talkies y silbatos, atentos al paso de coches desconocidos.
En un reportaje de NBC, una profesora universitaria de 42 años, Leah Hood, contaba que se había ofrecido voluntaria para patrullar alrededor de una escuela tras recibir mensajes de amigos que ya lo hacían. También hizo hincapié en que la presencia de observadores era crucial, ante el miedo de las familias a que se produzcan detenciones sin testigos.
"¿Qué horror es que te secuestraran en la calle mientras ibas y venías del colegio? ¿Pero cuánto más aterrador es pensar que podría pasar y que nadie lo vería, y que ninguna persona podría dar fe de que esto es real, y que te hicieron eso?", se preguntaba en declaraciones a la cadena estadounidense.
Pese a que Mineápolis tiene la reputación de ser una de las ciudades más progresistas del país, y de que el propio gobernador de Minnesota, Tim Walz, ha animado a los ciudadanos a "filmar pacíficamente a los agentes del ICE mientras realizan sus actividades", el clima de inseguridad es tal que los barrios llevan semanas organizándose con grupos de Signal.
Manifestante dirigiéndose a un agente federal cerca del lugar donde un hombre identificado como Alex Pretti fue asesinado a tiros en Minneapolis, Minnesota, el 24 de enero de 2026. Reuters
En ellos comparten alertas de coches sospechosos y crean redes de ayuda, mientras algunas familias se oponen a llevar a los niños a clase presencial mientras dure la operación federal. El propio profesorado también está revisando sobre la marcha qué hacer si la crisis se cuela, literalmente, en el aula.
En la capital de estado, Saint Paul, Amy Hewett-Olatunde contaba a la cadena pública CBC que sus alumnos le preguntan qué ocurriría si una patrulla intentase detenerlos al subir al autobús escolar. "Les dije: si ICE se acerca, yo iría a la cárcel antes de dejar que os suban a un autobús; os meteré dentro del centro, os llevaré conmigo", explicaba.
La profesora enseña inglés como segundo idioma en una zona predominantemente negra e hispana de la ciudad. En ella, denunciaba, "los estudiantes tienen miedo; lo que sucede aquí no se televisa necesariamente ni se publicita al mundo exterior con la misma magnitud con la que sucede en realidad".
En Roosevelt High School, en Mineápolis, otra maestra relataba a la revista Time que el claustro se había reunido para hablar del impacto del asesinato de Renée Good cuando varios camiones de agentes aparecieron frente al instituto. "La mayoría del personal se levantó y salió corriendo; fuera había una escena confusa, muchos agentes y vecinos", recordaba.
El sindicato Education Minnesota ha pedido que el ICE se mantenga alejado de los centros y alerta de que hay alumnos que no acuden a clase porque sus familias temen encontrarse con agentes, un miedo que ha incrementado tras conocerse la detención de un niño de cinco años que se trasladaba de preescolar a casa con su padre este mes de enero.
El relato de las wine moms
Mientras las familias se adaptan a una nueva y difícil normalidad, la presencia de madres en las protestas se ha convertido en blanco de críticas del conservadurismo mediático. En una columna en Fox News, David Marcus habla de "bandas organizadas de wine moms (mamá del vino)" que usarían "tácticas antifa" para hostigar e impedir el trabajo del ICE.
STOP THE MADNESS: "What we are seeing across the country as organized gangs of wine moms use Antifa tactics to harass and impede ICE agents is not civil disobedience. It isn't even protest. It's just crime," writes David Marcus. pic.twitter.com/DQwMTRQlKi
— Fox News (@FoxNews) January 11, 2026
El autor presenta a estas mujeres como parte de "bandas" de "blancas engreídas" que “acosan, siguen y doxean” a agentes federales, y sostiene que lo que hacen "no es protesta: es delito". Según su relato, los grupos que documentan las operaciones de los agentes parecerían más "conspiraciones criminales" que movimientos cívicos.
El término que usa para referirse a este sector de la población no es nuevo. Sin embargo, en las últimas semanas, la expresión wine mom —nacida en redes durante la pandemia para ironizar sobre las progenitoras que posaban con copas gigantes de esta bebida tras un día de teletrabajo y crianza—, ha pasado de meme con una presencia anecdótica a insulto político.
El crítico de vinos Eric Asimov recordaba en The New York Times que el vino funciona desde hace décadas en EEUU como un marcador de clase y de estilo de vida. El viejo cliché del Brie and Chablis set –esa supuesta élite liberal que combina quesos franceses y blancos caros– se ha actualizado en forma de madre de suburbio con copa de Chardonnay en mano.
En series como Scandal o The Good Wife, la imagen de la protagonista que se sirve alcohol al final del día se convirtió casi en un gesto de autorreconocimiento para muchas espectadoras. El concepto wine mom resume esa mezcla de género, clase y consumo cultural: madre blanca, con recursos, que afronta la carga mental con humor y un vaso lleno.
Marcus usa esa etiqueta para señalar a las mujeres de confundir desobediencia civil con delito, hasta el punto de escribir que "esta misma confusión provocó la muerte de Renée Good", quien, dice, "no será la última en fallecer innecesariamente si no hacemos cumplir la ley, si permitimos que estas aspirantes a revolucionarias disfrazadas hagan lo que quieran".
Alrededor de esa idea, otros comentaristas conservadores han afinado todavía más el retrato de este grupo. El locutor de radio Erick Erickson ha popularizado el acrónimo AWFUL (Affluent White Female Urban Liberal, que se traduce como 'Mujer Blanca Urbana, Liberal y Adinerada') para referirse a la fallecida y a quienes protestan como ella.
"Las mujeres blancas liberales son un cáncer para la nación. No tienen problemas reales, por eso se aburren. Ven los problemas de los demás y los adoptan como propios. Desde BLM hasta Ucrania y el activismo anti-ICE, todo es performativo. No les importan en absoluto. Sólo quieren sentirse importantes", escribió sobre ellas el humorista Vincent Oshana en X.
White liberal women are a cancer on the nation.
— VINCENT OSHANA (@VincentOshana) January 10, 2026
They have no real problems, so they're bored.
They see other people’s issues and adopt them as their own. From BLM to Ukraine to anti-CE activism, it is all performative.
They don't care at all. They just want to feel important.
Sin embargo, no todas han encajado el término como se pretendía. En TikTok, varias madres de Mineápolis han empezado a responder directamente a esa etiqueta. Ms. Nicole, madre soltera, lleva días documentando cómo ha cambiado su rutina con la operación del ICE.
@ms.nicole.i To the lady in the pink- be careful #keithporterjr #iceshooting #ice #reneenicolegood #minneapolis ♬ original sound - Ms.Nicole 🍒
Bajo el alias @ms.nicole.i, la usuaria denuncia que ya no puede llevar a sus hijos a la biblioteca o al supermercado sin cargar con cuatro pasaportes, y que evita incluso ir a Walmart "por cómo me veo", por tener raíces hispanas —como el 20% de la población total del país— pese a ser ciudadana estadounidense.
Otra vecina del área de las Twin Cities, Yelena Kibasova, contaba que apenas sabía cómo describir el miedo de mirar por la ventana de su cocina y ver agentes del ICE en su barrio. Y Adriana Goblirsch, también de la zona, decía que le resultaba "hilarante" que las describieran como wine moms.
Y añadía al respecto en uno de sus vídeos: "Las madres estamos prestando atención: vemos cuándo los vecinos tienen miedo de salir de sus casas, cuándo las escuelas preguntan por protocolos ICE, y cuándo las familias están siendo afectadas. Así que sí, burlaos. Intentad reducirnos a estereotipos. Llamadnos así si eso os hace más cómodos".
@adriana.goblirsch Shoutout to the Diet Coke moms. The Dr Pepper moms. The iced coffee moms. The cold brew moms. The mother's paying attention. This is clearly what they meant to say. #motherhood #postpartum #minnesotamom #minnesota #mnmom ♬ original sound - adriana | motherhood+lifestyle
¿Las nuevas Panteras Negras?
La otra imagen que ha marcado estas semanas no llega desde Mineápolis –ciudad en la que también tuvo lugar la muerte de George Floyd durante una detención policial en 2020–, sino desde Filadelfia. Allí, militantes vestidos de negro, con boinas, chalecos tácticos y rifles cruzados sobre el pecho, se han dejado ver marchando armados contra el ICE frente al Ayuntamiento.
En primera fila, una joven negra sostiene un arma larga con la mano derecha mientras levanta la izquierda en un puño cerrado, rodeada por compañeros igualmente armados. Esa fotografía se ha viralizado como un eco contemporáneo de las imágenes históricas del Black Panther Party, fundado en 1966 y en activo hasta principios de la década de 1980.
Varios miembros de los Panteras Negras, rifle en mano, durante las protestas en Mineápolis (Minnesota).
En los primeros días, el grupo se presentó como capítulo local del Black Panther Party for Self‑Defense y se habló de un resurgir de los Panteras Negras en respuesta a la ofensiva migratoria. Sin embargo, Aaron Dixon, antiguo capitán de los Panteras en Seattle, dejó claro que no reconocen al colectivo de Filadelfia como continuación legítima del partido original.
A raíz de esto, el portavoz del grupo ha recalcado que se inspiran en el legado de la emblemática organización —con la que llegó a colaborar Angela Davis en su lucha contra el racismo y las desigualdades— pero actúan como entidad propia. En un comunicado, Birdsong ha anunciado que a partir de ahora se llamarán Black Lion Party for International Solidarity.
Desde España, el historiador y activista panafricanista Antumi Toasijé observa con recelo el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos y el clima que las rodea. Subraya que la ofensiva contra las personas migrantes "no responde a ninguna necesidad objetiva", sino que se inserta en lo que describe como una especie de "guerra racial".
Un conflicto, a su juicio, alimentado por un Estado que dirige su fuerza contra las poblaciones negras y latinas y que el propio docente en la Universidad de Nueva York en Madrid y en la IE University vincula a "la reacción de la minoría blanca empobrecida" que aún ve a estas comunidades como inferiores.
Desde esa perspectiva, Toasijé insiste en que el contexto actual es muy distinto al de finales de los 60: recuerda que la población "está muchísimo más vigilada que hace un año" y que esa vigilancia –a través de cámaras, bases de datos y el rastro que dejan las redes sociales– haría mucho más difícil que se consolidaran organizaciones como la de los Panteras Negras.
Cualquier gesto de resistencia, advierte, queda registrado y puede ser usado en contra de quienes protestan. Pero no sólo eso: también incide en cómo actúa la "violencia institucional" de forma diferenciada. Atendiendo a un informe de CEDRE que él mismo coordinó en 2020, explica que "la mujer negra era más discriminada en todos los ámbitos, salvo en uno".
Era, prosigue, "la brutalidad policial". De ahí concluye que el mito de la persona negra "más violenta" se proyecta sobre todo en los varones jóvenes y alimenta una "reactividad" mucho más agresiva contra ellos, mientras ellas soportan otras formas de desigualdad estructural, sobre todo ligadas a la pobreza, la precariedad y las tareas de cuidado.
Una mujer anónima con gesto afligido frente a agentes federales durante las protestas. Reuters
Efectivamente, los datos más recientes apuntan a que las detenciones tienen sobre todo rostro masculino. En 2025, ICE alcanzó casi 61.000 personas bajo custodia y, aunque ya no se publican cifras desglosadas por sexo, los análisis de TRAC, el Vera Institute y la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) coinciden en que la mayoría son varones.
Según organizaciones de derechos humanos, las mujeres que sí acaban en estos centros —entre el 10% y el 15% de la población detenida entre 2012 y 2019— afrontan situaciones graves: la ACLU habla de posible negligencia médica y malos tratos a embarazadas, y colectivos como Human Rights Watch recogen denuncias de falta de atención, estrés extremo y acoso.