Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, interviene en la 56ª edición del Foro Económico Mundial (FEM) en Suiza.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, interviene en la 56ª edición del Foro Económico Mundial (FEM) en Suiza. EFE/EPA/GIAN EHRENZELLER

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La brecha se cuela en Davos: apenas el 1% de las sesiones del foro se centra en asuntos que afectan a las mujeres

Salud, finanzas y trabajo son las cuestiones que abordarán las tres mesas que el Foro Económico Mundial (FEM) dedica especialmente a ellas.

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Primer día fuerte de la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM). La cita, que este 2026 bate récords de participación, comenzó el lunes, 19 de enero y hoy entra en su núcleo duro con los principales líderes mundiales ya desplegados en la localidad suiza de Davos. La agenda avanza entre discusiones sobre geopolítica, economía y revolución tecnológica.

Sin embargo, también lo hace con una ausencia persistente: la igualdad de género. No tanto en lo que a participación se refiere sino por temática. De las 191 sesiones previstas en la 56ª edición del encuentro, solo tres abordan directamente problemas que afectan a las mujeres. Eso, si se traduce en porcentajes, apenas representa un 1,6% del total.

La reunión, convocada por el FEM —organización no gubernamental con sede en Cologny—, se extenderá hasta el 23 de enero y, bajo el lema 'Un espíritu de diálogo', reunirá a más de 3.000 personalidades para buscar consensos en un contexto global marcado por guerras activas, crisis climática, fragmentación económica y avances acelerados en IA.

Protagonismo masculino

Desde su fundación en 1971, Davos se ha consolidado como un espacio de poder. Aquí se discuten las estrategias y prioridades que acaban influyendo en decisiones públicas y privadas en todo el mundo. Esta edición tiene nombre propio: Donald Trump regresa al foro tras seis años de ausencia, acompañado por la mayor delegación estadounidense enviada hasta ahora.

Su intervención tendrá lugar al mediodía del 21 y hay gran expectación por ella. También tiene peso especial el presidente francés Emmanuel Macron, ausente en 2025, en un momento marcado por la decisión de Washington de incluir a su país entre los ocho europeos a los que les impondrá aranceles por participar en ejercicios militares en Groenlandia.

Pero en Davos también resuenan las ausencias. El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha cancelado su participación en el foro por el descarrilamiento de dos trenes en la provincia de Córdoba, al igual que Dinamarca tampoco tendrá representación por cambios de planes en la agenda del ministro de Comercio e Industria Morten Bødskov.

En cuanto a los perfiles femeninos, el programa contempla la presencia de mujeres en debates de alto nivel. Entre ellas están Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo; Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional; Nadia Calviño, presidenta del Banco Europeo de Inversiones; o Ana Botín, presidenta del Banco Santander.

Todas ellas participan en debates estratégicos sobre economía global, innovación y finanzas retransmitidos en directo y seguidos atentamente por la prensa internacional. Su presencia, sin embargo, no se traduce en una prioridad temática clara. La igualdad de género no atraviesa el conjunto de la agenda ni estructura los grandes debates del foro.

Qué preocupa en Davos

Las únicas tres sesiones que colocan explícitamente a las mujeres en el centro de la agenda lo hacen desde enfoques muy concretos —finanzas, mercado laboral y salud—, y todas parten de la premisa de que la desigualdad no es solo una cuestión social, sino también económica.

La primera, 'Women at the Finance Frontier', este martes 20, pone el foco en el dinero y en el poder de decisión. El punto de partida es un dato que ya manejan los grandes actores financieros: impulsadas por cambios demográficos, sociales y legales, se proyecta que las mujeres podrían controlar casi el 40% de la riqueza invertible mundial en 2030.

Una transferencia de capital sin precedentes que tiene capacidad para transformar los mercados globales. El debate gira en torno a una pregunta clave: cómo convertir la titularidad de esa riqueza en capacidad real de decisión, y qué oportunidades de innovación y crecimiento económico pueden surgir si ese poder financiero se traduce en influencia.

La segunda mesa, 'Breakthroughs in Women’s Health', prevista para el miércoles 21, se adentra en lo que "a menudo se percibe como un problema de nicho", lamenta el FEM. Esta parte de un dato contundente: la brecha en salud de las mujeres afecta a 3.900 millones de vidas en todo el mundo y ha sido históricamente tratada como un asunto marginal.

La mesa analiza desde soluciones emergentes para reducir la mortalidad materna hasta anticonceptivos de nueva generación y el uso de IA para detectar y monitorizar con mayor precisión enfermedades como el cáncer de cuello uterino.

El enfoque de esta sesión, en la que participará Nadia Calviño, es claro: cerrar esta brecha no solo mejora la salud de las mujeres, sino que tiene efectos directos sobre las generaciones futuras y los sistemas económicos.

La tercera, 'Is Everyone Falling Behind?', también programada para el miércoles, amplía el foco y aborda lo que el FEM describe como una "crisis dual". Por un lado, el aumento de las brechas educativas y de salud mental entre los hombres; por otro, la persistencia de barreras estructurales para las mujeres en el mercado laboral.

La sesión plantea un diagnóstico incómodo: las desigualdades no avanzan de forma aislada y están erosionando las oportunidades económicas para todos. El objetivo del debate es explorar cómo reconstruir un relato compartido de progreso que reconozca las dificultades de ambos "sin caer en una lógica de suma cero", indica el programa.

Tres mesas, tres diagnósticos y un hilo común: la igualdad aparece en Davos como un ámbito específico de debate, con datos y propuestas concretas, pero su protagonismo, más allá de que pueda permear el resto de conversaciones, es limitado. Es la paradoja del foro: cuando se habla de género, se habla en serio; el problema es lo poco que se habla de él.