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El refugio de Nuria Roca y Juan del Val: una ciudad de 93.000 habitantes, castillo del siglo XVI y playas infinitas

La pareja busca en este enclave gaditano la tranquilidad necesaria para alejarse del ritmo de la televisión y de sus compromisos profesionales.

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Nuria Roca y Juan del Val forman una de las parejas más sólidas y admiradas del panorama español. Después de más de 28 años de relación y 26 de matrimonio, la presentadora y el escritor han construido una vida en común marcada por la complicidad, la estabilidad y la capacidad para afrontar juntos todo tipo de etapas personales y profesionales.

A lo largo de estas casi tres décadas, ambos han vivido momentos decisivos que han fortalecido todavía más su unión. Han celebrado el nacimiento de sus tres hijos, han tenido que reinventarse tras la quiebra de uno de sus negocios y también han disfrutado del éxito profesional, con hitos tan destacados como la concesión del Premio Planeta a Juan del Val.

Con una vida tan expuesta mediáticamente y un ritmo de trabajo especialmente intenso en Madrid, encontrar lugares donde desconectar se ha convertido en una necesidad para la pareja. Más allá de Candeleda, en Ávila, donde levantaron uno de sus hogares más conocidos, Nuria Roca y Juan del Val cuentan con varios rincones repartidos por la geografía española a los que regresan siempre que pueden.

Uno de sus favoritos se encuentra en la costa gaditana: Chiclana de la Frontera.

Chiclana, el refugio gaditano de Nuria Roca y Juan del Val

Para Nuria Roca y Juan del Val, Chiclana de la Frontera se ha convertido en una parada obligatoria cada verano. En concreto, el matrimonio suele instalarse en la exclusiva urbanización Novo Sancti Petri, donde acostumbra a hospedarse en el Palacio de Sancti Petri Gran Meliá, situado a escasos metros de la célebre playa de La Barrosa.

La elección no es casual. La pareja busca en este enclave gaditano la tranquilidad necesaria para alejarse del frenético ritmo de la televisión y de sus numerosos compromisos profesionales.

Sus jornadas en la costa atlántica suelen transcurrir entre largas horas bajo la sombrilla, paseos junto al mar al caer la tarde y baños en las aguas del Atlántico.

También aprovechan para descubrir la riqueza gastronómica de la zona, alternando comidas informales en los chiringuitos situados frente al mar con experiencias culinarias de alto nivel.

Entre sus paradas habituales destaca el restaurante Alevante, del chef Ángel León, distinguido con una estrella Michelin, donde pueden degustar algunas de las creaciones más reconocidas del cocinero, como el denominado jamón del mar o sus populares tortillitas de camarones.

Sin embargo, Chiclana de la Frontera es mucho más que un destino de vacaciones. Con cerca de 93.000 habitantes, esta localidad gaditana posee una historia que se remonta a la Antigüedad.

Fenicios y romanos ya reconocieron el valor estratégico de este territorio gracias a su privilegiada ubicación costera y a la abundancia de recursos pesqueros.

Siglos más tarde, la villa fue fundada oficialmente en el siglo XIV por Alonso Pérez de Guzmán y desarrolló una intensa actividad vinculada tanto a la agricultura como a la producción vinícola.

Además, la localidad desempeñó un papel destacado durante la Guerra de la Independencia. Fue escenario de la célebre Batalla de Chiclana, librada en 1811, un enfrentamiento que convirtió a la ciudad en uno de los puntos clave del conflicto contra las tropas napoleónicas.

Entre sus grandes atractivos patrimoniales sobresale el Castillo de Sancti Petri, una fortaleza levantada en el siglo XVI sobre un pequeño islote frente a la costa.

La construcción ocupa el emplazamiento donde, según la tradición, se encontraba el legendario templo fenicio dedicado a Hércules Melkart. Hoy, el castillo se ha transformado en uno de los símbolos más reconocibles de la provincia gracias a su espectacular ubicación y a las impresionantes puestas de sol que ofrece.

El centro histórico también alberga edificios de gran valor arquitectónico. La Iglesia de San Juan Bautista, considerada una de las mejores muestras del neoclasicismo en Andalucía, preside buena parte del paisaje urbano.

Muy cerca se encuentra la Ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz, el templo más antiguo de la ciudad, cuya característica fachada blanca constituye una de las imágenes más representativas de Chiclana.

A ello se suman la Torre del Reloj, conocida popularmente como el Arquillo, y el Centro de Interpretación del Vino y la Sal, que permite conocer la importancia histórica que estas dos actividades han tenido para la economía local.

No obstante, si hay un elemento que define a Chiclana es su extraordinario patrimonio natural. La playa de La Barrosa, con varios kilómetros de arena dorada y dunas, está considerada una de las mejores de España y constituye el principal reclamo turístico del municipio.

Junto a ella, las Marismas de Sancti Petri ofrecen una imagen completamente distinta, marcada por la serenidad de un ecosistema protegido donde es posible observar numerosas especies de aves y descubrir el lado más salvaje del litoral atlántico.