Un perro jugando con una pelota.

Un perro jugando con una pelota. istock

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Los veterinarios coinciden: "Lanzar la pelota a tu perro no es un buen juego; el impacto en su cuerpo es devastador"

La biomecánica del juego de la pelota provoca lesiones prematuras o acelera procesos degenerativos ya que el cuerpo se somete a fuerzas extremas.

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Angelica Rimini
Publicada

Para muchos propietarios, la rutina de la tarde es sagrada: coger el lanzador, ir al parque y pasar un buen rato tirándole la pelota a su perro hasta que este quede exhausto.

Parece el plan perfecto para quemar energía y hacerle feliz, ¿verdad? Sin embargo, la medicina veterinaria advierte de que esta costumbre, lejos de ser saludable, puede estar pasando una factura muy grave a la salud física de nuestro compañero.

El veterinario Andrés Santiago es tajante al respecto: "Te voy a quitar una costumbre que crees que es buenísima para tu perro. Y no, no lo es. Lanzarle la pelota una hora seguida no es bueno".

Aunque la intención del guía siempre es buena, el impacto real en el cuerpo del animal es devastador a largo plazo.

Un infierno articular

El problema no radica en el ejercicio en sí, sino en la biomecánica del juego de la pelota. Cuando un perro corre tras un objeto en movimiento, su cuerpo se somete a fuerzas extremas para las que no siempre está preparado de forma repetitiva.

"Lo siento. Sé que la adora y que tú lo haces con todo el amor del mundo. Pero para sus articulaciones no le viene nada bien. Míralo a cámara lenta: esprinta a tope, clava los frenos en seco, gira el cuerpo, vuelve a arrancar. Una y otra vez", detalla Santiago.

Este patrón de movimiento es el cóctel perfecto para provocar lesiones prematuras o acelerar procesos degenerativos.

Según el experto, "esos frenazos y giros bruscos son el movimiento que más castiga rodillas y caderas. Multiplícalo por... ¿50 lanzamientos? y tienes una articulación llorando".

El "guerrero de fin de semana"

Este fenómeno no se limita solo al parque del barrio. Existe otro perfil de riesgo muy común en los hogares actuales: el perro que pasa de la inactividad total al esfuerzo extremo en cuestión de horas.

Es lo que el veterinario denomina el "guerrero de fin de semana". Se trata del "perro que está tirado en el sofá toda la semana y el domingo 3 horas al monte. Eso no es ejercicio sano", advierte Santiago.

Al igual que ocurre con los humanos, la falta de una rutina física progresiva debilita la musculatura, dejando a las articulaciones completamente desprotegidas ante caminatas exigentes o terrenos irregulares.

Constancia y bajo impacto

Para mantener a un perro sano y proteger su movilidad de cara a la vejez, la clave no es la intensidad, sino la constancia y el bajo impacto. "Lo que de verdad cuida las articulaciones es lo contrario: poco y a menudo, de bajo impacto. Mejor 3 paseos tranquilos al día que un maratón el finde", aconseja el especialista.

Si queremos mantener sus articulaciones protegidas, el objetivo principal debe ser fortalecer su sistema musculoesquelético de forma segura: "Si consigues que muscule, sus articulaciones dolerán menos". Para lograrlo, el veterinario propone varias alternativas y adaptaciones.

La natación es, sin duda, la actividad estrella. "Si puede, que nade, es el mejor ejercicio que existe para la artrosis", afirma, ya que permite ejercitar los músculos sin que las articulaciones sufran el impacto contra el suelo.

No hace falta desterrar el juguete favorito de tu perro para siempre, pero sí cambiar las reglas. "La pelota... puedes seguir tirándosela, pero corta, rodando por el suelo, evita esos frenazos".

Al hacer que ruede de forma suave, el perro reduce la velocidad y recoge el juguete de manera mucho más natural y orgánica.

En definitiva, cuidar de la salud de nuestros perros implica a veces frenar sus propios impulsos y cambiar nuestra percepción del ejercicio. Menos revoluciones y más paseos de calidad garantizarán que sigan corriendo felices durante muchos más años.