Un hombre acariciando a una vaca.

Un hombre acariciando a una vaca. istock

Mascotario

Juan Carlos Vila Alonso, filósofo: "Es urgente adoptar la figura de 'persona no humana' para otorgar derechos a los animales"

El experto defiende que los deberes son una construcción de los seres humanos, en cambio los animales, por el simple hecho de vivir, deberían tener derechos.

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El debate sobre los derechos de los animales suele estar encallado en dos extremos: el utilitarismo, que mide el sufrimiento en base a un cálculo de costes y beneficios, o la herencia de la Ilustración, que niega cualquier estatus jurídico a los animales por carecer de razón humana.

Frente a estas posturas, representadas por pensadores como Fernando Savater, el filósofo Juan Carlos Vila Alonso propone un enfoque radicalmente distinto basado en el personalismo comunitario.

En una entrevista con Animales con Derecho, defiende que la dignidad no debe ser exclusiva del ser humano. Para Vila Alonso, la necesidad de otorgar derechos al mundo animal no nace de una fórmula matemática, sino de una evolución ética ineludible.

El constructo de la "persona no humana"

Uno de los mayores contrasentidos del sistema legal actual es que el ser humano ha sido capaz de otorgar estatus jurídico a entidades abstractas, pero se lo niega a seres sintientes.

Vila Alonso recuerda que, históricamente, creamos la figura de la "persona jurídica" para dotar de derechos y deberes a las empresas comerciales, entidades que no poseen una dignidad inherente. Sin embargo, no hemos hecho lo mismo con la naturaleza.

Por ello, el filósofo defiende la urgencia de adoptar el constructo de la "persona no humana" como una herramienta legal necesaria que "nos permitiría otorgar derechos" a los animales, equiparando su protección a la de otras entidades que el derecho ya ampara.

Una misma comunidad de vida

La perspectiva del personalismo comunitario exige un cambio de paradigma en cómo nos relacionamos con el entorno. Debemos dejar de ver a los animales como meras propiedades, mercancías u objetos de consumo.

"El mundo en el que vivimos es uno y es uno con nosotros, o sea que todo lo demás son otros, no son cosas, no son bienes, no son algo de lo que podamos abusar", argumenta Vila Alonso.

Al entender que formamos parte de una misma comunidad global, el ser humano adquiere la responsabilidad moral de convivir con las demás especies "dotándoles de derechos, ya que funcionamos en una sociedad que está basada, es una sociedad jurídica".

Si nuestra civilización se rige por las leyes, la única forma de integrar respetuosamente a los "otros" es a través del derecho.

Los derechos no dependen de tener deberes

Uno de los argumentos más recurrentes de la filosofía tradicional (y del propio Savater) es que los derechos y los deberes son las dos caras de una misma moneda; por lo tanto, como un perro o un caballo no pueden asumir obligaciones legales ni morales, tampoco pueden tener derechos.

Vila Alonso desmonta este axioma de forma directa. Los deberes son una construcción y una responsabilidad exclusiva de la humanidad, pero eso no anula la contraparte jurídica de los animales.

Los animales ya nacen con esos derechos por el simple hecho de estar vivos y sentir. "Nosotros solo debemos reconocerlos y protegerlos. Y el hecho de que ellos no puedan tener obligaciones o deberes no es una excusa para negárselos, porque tener deberes es algo que solo nos corresponde a los seres humanos".

Muchos filósofos contrarios a los derechos animales dicen: "Si un perro no paga impuestos, ni respeta las señales de tráfico, ni tiene obligaciones morales, entonces no puede tener derechos".

Vila Alonso responde que esa regla solo se aplica a nosotros. "El ser humano es el único obligado a cumplir deberes, y uno de los más sagrados es, precisamente, reconocer los derechos intrínsecos de los demás seres vivos".

Una "racionalidad cordial" frente a la Ilustración

Al final de su discurso, el autor apela a superar la "razón fría" heredada del siglo XVIII, una lógica puramente instrumental que deshumaniza y cosifica todo lo que no sea el hombre blanco y racional.

El reconocimiento de los animales no debe ser un tratado burocrático, sino un acto de empatía profunda.

Vila Alonso concluye que la justicia animal "es algo que debería caer por su propio peso lógico racional". Defender a los animales no puede depender de un frío examen de coeficiente intelectual o de un cálculo de utilidad.

Si somos capaces de ver que un animal siente, sufre, tiene lazos y disfruta de la vida, lo más lógico y racional es entender que tiene derecho a ser respetado. Pero esa lógica solo se activa si primero usamos la empatía. Solo a través de esta sensibilidad y cordura del corazón podremos construir una sociedad verdaderamente justa e integrada con el planeta.