Victor Algra con su gato.

Victor Algra con su gato. Victor Algra

Mascotario

Victor Algra, veterinario: "Los perros y gatos están salvando a una sociedad que no quiere tener hijos. No son la causa"

El profesional acaba de publicar 'Animales en la ciudad', un libro que explora la vida animal en el entorno urbano como una llamada de conciencia.

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Las consultas veterinarias podrían considerarse un mundo aparte, donde el amor hacia los animales se respira en cada rincón. Sin embargo, no es el único lugar donde ese vínculo se hace evidente. Hoy, los animales están en todas partes y, aunque no convivas con ninguno, su presencia también te afecta.

"Esa parte también es muy bonita de contar: cómo estamos en contacto con ellos incluso en medio de la Gran Vía; aunque no vivamos con perros o gatos. Ese reino animal nos aporta mucho, y quería contarlo", explica el veterinario Víctor Algra en una entrevista con Mascotario.

El profesional acaba de publicar Animales en la ciudad (Penguin, 2026), un libro que explora la vida animal en el entorno urbano. "Dentro de las consultas pasan muchas cosas que ponen las emociones a flor de piel. Se mueven más historias de las que he visto en los teatros", confiesa.

Las consultas como teatros

Algra viene del teatro y no puede evitar comparar ambos mundos. "A veces pensamos que lo emocionante está muy lejos y, en realidad, está a la vuelta de la esquina". Las emociones que presencia en consulta surgen de forma natural, porque con los animales no hay artificio: existe una "autenticidad absoluta".

En su día a día se viven los extremos: la alegría inmensa cuando se supera una enfermedad y la tristeza más desgarradora cuando no. "Los colores más intensos de la vida se ven en esas cuatro paredes", afirma.

Cuando pensamos en animales urbanos, solemos imaginar solo perros y gatos, pero su obra va mucho más allá. Incluye ratas, pájaros, insectos e incluso animales utilizados en la investigación médica. "Porque cuando tomas una medicina, aunque nunca toques un perro o un gato, también hay una parte del mundo animal", recuerda.

El libro aborda temas como las opciones alimentarias, la relación entre lo rural y lo urbano, el ecosistema de las ciudades en contacto con la naturaleza y el origen de los productos que consumimos. "Los supermercados se llenan de carne, pero ¿dónde está esa carne? Quería dar valor a esos animales urbanos que vemos poco, aunque también forman parte de nosotros".

Animales en la ciudad es, en definitiva, una llamada a la conciencia: aunque no los veas, los gorriones y las cotorras argentinas vuelan sobre nosotros. Amplía el abanico de protagonistas y muestra el otro lado del iceberg: aquellos animales invisibles que, sin embargo, importan mucho.

Convivir en el mismo lugar

Su relato se apoya en la experiencia personal y profesional. Desde sus años en la facultad hasta la vida cotidiana de su consulta en Madrid, Algra recorre cómo la ciudad es un entorno compartido que a menudo olvidamos. "Los gorriones ya estaban aquí; somos nosotros quienes hemos transformado sus hogares en lugares hostiles", señala. Para muchos animales, sin embargo, la urbe puede ser amable y cómoda, pues han crecido históricamente junto a las comunidades humanas.

También desmonta mitos. "No es cierto que un perro no pueda vivir en una casa pequeña. Probablemente sea más feliz si le sacas a pasear y está contigo, que si pasa el día solo en una parcela de 2.500 metros", argumenta. Lo importante no es el tamaño del espacio, sino que sus necesidades estén cubiertas.

Victor Algra con su nuevo libro.

Victor Algra con su nuevo libro. Victor Algra

"Los problemas de comportamiento muchas veces tienen que ver con un estilo de vida demasiado humano y muy poco animal. Si tienes un gato en un piso pequeño y no le ofreces estímulos, se aburrirá. Ahí pueden surgir los conflictos", advierte.

Algra es crítico con ciertos excesos de la humanización de los animales, ligada a la comercialización y la creación de necesidades artificiales: "Como los chalets para perros o las tartas de cumpleaños". No obstante, reconoce aspectos positivos en esta tendencia: la empatía, los cuidados y los avances médicos. "La gente está dispuesta a invertir para que sus animales estén bien", apunta, aunque lamenta que aún persistan el desconocimiento y el especismo.

Un hámster tiene las mismas necesidades esenciales que un perro —aunque en otra escala—, y los animales urbanos enfrentan sus propios riesgos: sedentarismo, obesidad (que alcanza casi el 60% en perros) y falta de estímulos mentales. "En la naturaleza cazan y exploran; en casa, en un mes ya lo tienen todo mapeado. Por eso hay que mantenerlos activos: juegos, adiestramiento con clicker y atención", explica.

Dónde fortalecen los vínculos

Los parques son, para él, espacios esenciales. "Son lugares donde se fortalecen los vínculos, se crean grupos de WhatsApp y se hace barrio", dice. Los define como "pequeñas islas de naturaleza", ecosistemas necesarios tanto para los animales como para sus dueños.

El libro aborda además cómo las decisiones urbanísticas condicionan el bienestar animal. "Hasta hace muy poco no se les ha tenido en cuenta", denuncia. "Hay que lograr un equilibrio ecológico: si no hay pájaros, nos pican los mosquitos. Falta mucho por hacer en las ciudades".

En Madrid, lo percibe claramente: "No todos los barrios tienen espacios verdes, y cuando te vas de vacaciones y descubres que no puedes pisar una playa, entiendes que es un problema enorme". Según Algra, lo pet-friendly suele ser más una etiqueta de marketing que una realidad tangible. "Hay un discurso premiado y aparente, pero otra percepción más dura en la vida cotidiana", afirma.

Aun así, la relación con los animales ha cambiado radicalmente en los últimos años. "Los perros y gatos están salvando a una sociedad que no quiere tener hijos. No son la causa, son la consecuencia. Los adoptamos porque necesitamos dar cariño y formar núcleos familiares", reflexiona.

Ha visto casos conmovedores: personas viudas que vuelven a levantarse gracias a su mascota; padres que, tras perder un hijo, cuidan del animal que él dejó; o quienes, después de veinte años con su gato, sienten que pierden parte de su propia historia adulta.

"Mi sensación en la clínica es que hay mucha responsabilidad y afecto, pero los datos globales de España no lo reflejan. El último informe de la Fundación Affinity (2025) muestra un pequeño repunte de abandonos. Sigue habiendo demasiados, y es una vergüenza", concluye.