Dos perros oliéndose.

Dos perros oliéndose. Istock

Mascotario

Juan Manuel Liquindoli, etólogo: "Un perro no ama a cualquiera, sino que prioriza la compañía de ciertos individuos"

El experto indaga en la manera en que los perros crean vínculos profundos, como una auténtica forma de querer.

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Angelica Rimini
Publicada

Los perros quizá no vivan el amor romántico como lo entendemos los humanos, pero sí construyen relaciones profundas, estables y llenas de significado dentro de su propia forma de ser.

Estas conexiones no se basan en idealizaciones ni en ideas de "media naranja", sino en algo que la etología describe como vínculos afiliativos, una manera muy especial de quererse y elegirse a lo largo del tiempo.

Es común escuchar a las personas afirmar que dos perros se aman, pero la pregunta de fondo es si realmente podemos hablar de "enamoramiento" en el mundo canino.

Juan Manuel Liquindoli, etólogo y director de Filosofía Animal, recuerda que ya en el universo humano el concepto de amor resulta complicado, y que trasladarlo a otras especies requiere mucha cautela.

El 'amor romántico'

Según explica, el llamado amor romántico es difícil de aplicar a los animales y, de hecho, "incluso en el universo humano, hablar de amor ya es complejo y la ciencia ofrece pocos indicios que permitan sostener que los perros viven enamoramiento como nosotros", señala.

En lugar de quedarnos atrapados en la idea del romance, Liquindoli invita a observar algo que considera mucho más interesante: la forma en que los perros crean vínculos profundos que, aunque no sean "noviazgos" al estilo humano, sí son una manera auténtica de querer.

Desde la etología, lo que realmente describe mejor las relaciones entre perros son los llamados vínculos afiliativos. No se trata de un flechazo o de una atracción momentánea, sino de relaciones que se construyen sobre la base de una historia compartida, experiencias en común y la elección reiterada del otro.

Liquindoli lo resume de forma muy clara al explicar que "los perros no interactúan igual con todos, muestran preferencias. Eligen con quién jugar más seguido, con quién descansar, con quién tolerar mejor los errores en el juego".

Priorizar a ciertos individuos

Esa idea de elección repetida es esencial: "un perro no "ama" a cualquiera, sino que prioriza la compañía de ciertos individuos y construye con ellos una relación que se refuerza día a día".

Cuando estas preferencias se sostienen en el tiempo, tienen efectos muy concretos en la conducta. Se traduce en una mayor proximidad voluntaria, es decir, en la tendencia a buscarse, acostarse juntos o seguirse de una habitación a otra.

También se observa una cooperación más fluida durante el juego, donde ambos ajustan su intensidad para que la interacción siga siendo agradable para los dos. Después de un conflicto o un malentendido en el juego, es frecuente que aparezcan conductas de apaciguamiento.

Girar la cabeza, lamerse o cambiar a una actividad más calmada, lo que indica una intención de mantener el vínculo por encima del desacuerdo puntual. Todo ello contribuye a una mayor regulación social y a una sensación de estabilidad dentro del grupo, algo fundamental en una especie tan social como la canina.

El interés hormonal

Uno de los errores más habituales es confundir estos lazos profundos con la conducta reproductiva. Muchas personas interpretan el interés de un perro o una perra en celo como una forma de enamoramiento, cuando en realidad la etología los comprende como procesos biológicos impulsados por hormonas.

Sobre este punto, Liquindoli es especialmente claro: "El interés durante el celo es hormonal y transitorio", explica, subrayando que "no implica enamoramiento ni pareja estable, reproducción y vínculo no son lo mismo".

El cortejo, las montas o el interés intenso durante el celo responden a la necesidad biológica de reproducirse, pero eso no significa que esos animales formen una pareja en el sentido afectivo en que lo haría un ser humano.

La pregunta, entonces, cambia de matiz: "Si evaluamos a los perros bajo los estándares del romance humano, probablemente concluyamos que no se enamoran". Pero la respuesta cambia si observamos su propia naturaleza.

"Si hablamos de elegir compañía, de buscar seguridad en ciertos individuos, de construir afinidad con el tiempo, entonces sí hay algo real ahí", asegura el educador.

Al final, la forma en que los perros se relacionan tiene un valor inmenso, resumido perfectamente en las palabras del experto: "Tal vez no se enamoran, tal vez simplemente se eligen y en el mundo de los perros eso ya es muchísimo".