Dos científicos liberando a una tortuga gigante en las Galápagos.

Dos científicos liberando a una tortuga gigante en las Galápagos.

Mascotario

158 tortugas gigantes regresan a Galápagos casi dos siglos después de su extinción en 1840: una segunda oportunidad

Un proyecto de restauración ecológica impulsado por la Dirección del Parque Nacional Galápagos ha diseñado un programa de cría en cautividad.

Más información: Cósima Ramírez, sobre la historia de las tortugas y los hámsteres: "Nunca han sido domesticados estrictamente"

Angelica Rimini
Publicada

Después de casi siglo y medio de ausencia, las tortugas gigantes vuelven a caminar por la isla Floreana, en el archipiélago de Galápagos. 158 ejemplares fueron liberados hace pocos días, marcando un hito en la historia.

Es uno de los proyectos de restauración ecológica más ambiciosos del mundo y simboliza una segunda oportunidad para un ecosistema que perdió a uno de sus ingenieros naturales más importantes.

Son las primeras tortugas que vuelven a vivir allí desde mediados del siglo XIX, cuando fueron cazadas de forma masiva por balleneros y marineros. Eran utilizadas como carne fresca a bordo de los barcos, ya que podían sobrevivir meses sin agua ni comida.

A esta explotación se sumaron la introducción de especies invasoras, la destrucción del hábitat y los incendios provocados. Desde 1840, la población original desapareció y la especie propia de Floreana se consideró extinguida. Con ellas se fue también un elemento clave del equilibrio ecológico de la isla.

"Resucitar" a las tortugas de Floreana

Décadas más tarde, estudios genéticos revelaron algo sorprendente: en el volcán Wolf, en la isla Isabela, vivían tortugas con parte de la carga genética de las antiguas tortugas de Floreana.

Eran descendientes de individuos trasladados en tiempos de la caza de balleneros. A partir de estos ejemplares se diseñó un programa de cría en cautividad.

Se seleccionaron individuos con mayor porcentaje de ascendencia de Floreana y se cruzaron para obtener crías con una genética lo más cercana posible a la población original.

Durante años, estas tortugas juveniles crecieron en un centro de reproducción hasta alcanzar el tamaño y la edad adecuados para sobrevivir en libertad.

La reintroducción

El momento clave llegó cuando, tras preparativos ecológicos y logísticos, se liberó un primer grupo de juveniles en Floreana. Se considera que estas llevan entre un 40% y un 80% de carga genética de las antiguas.

El programa lo lideran la Dirección del Parque Nacional Galápagos, varias organizaciones y apoyo científico internacional. Antes de su llegada, se trabajó en la erradicación o control de especies invasoras como ratas, gatos y cabras, que amenazan nidos y vegetación.

Las tortugas fueron transportadas cuidadosamente y liberadas en zonas seleccionadas de la isla, donde disponen de alimento, agua y refugio. Cada individuo está identificado, y muchas llevan dispositivos que permiten seguir sus movimientos y comportamiento.

Las tortugas gigantes no son solo símbolos de Galápagos: su función ecológica es fundamental. Al desplazarse, abren senderos entre la vegetación, dispersan semillas con sus heces y modifican la estructura del paisaje.

En Floreana, su ausencia durante más de 150 años contribuyó a la degradación del ecosistema. Con su regreso, se espera que se restablezcan procesos naturales perdidos: regeneración de bosques, recuperación de plantas nativas y mejora del hábitat para otras especies de la isla, incluidas aves y reptiles endémicos.

Un proyecto a largo plazo

La liberación de este primer grupo es solo el comienzo. El plan contempla introducir progresivamente 700 tortugas, hasta conformar una población autosuficiente que pueda reproducirse de forma natural en la isla.

El seguimiento científico será continuo: se evaluará su salud, su adaptación al entorno, los cambios en la vegetación y el impacto sobre otras especies. Los resultados servirán también como modelo para otros proyectos de restauración en islas del mundo.

La historia de las tortugas de Floreana resume lo peor y lo mejor de la relación humana con la naturaleza: de la explotación hasta la desaparición, a un esfuerzo internacional por enmendar el daño.

Que, después de casi 150 años, estas criaturas vuelvan a su hogar original envía un mensaje poderoso: cuando hay voluntad, cooperación científica y compromiso a largo plazo, es posible recuperar parte de lo que se perdió y ofrecer al planeta una nueva oportunidad.