El mono Punch abrazado a su peluche.

El mono Punch abrazado a su peluche.

Mascotario

PETA denuncia al zoo japonés del mono Punch: "Exhiben su sufrimiento. Hay que trasladarlo a un santuario"

PETA ha pedido oficialmente que el mono que se hizo viral por ir siempre abrazado a un peluche en el zoo de Ichikawa, sea trasladado a un santuario.

Más información: Punch, el mono bebé rechazado por su madre que arrasa en las redes: así intenta socializar con su inseparable peluche

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La organización mundial de derechos animales Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA) ha levantado la voz para defender la triste realidad que está detrás de Punch.

El macaco japonés se ha vuelto viral en las últimas semanas por los vídeos que lo retratan siempre abrazado a un peluche en el zoo de Ichikawa (Japón). Se narra que Punch fue rechazado por su madre, y por esto para calmarse se aferra constantemente a un peluche de orangután que adopta como "madre postiza".

Estas imágenes se difundieron masivamente en redes sociales, generando una ola de ternura y visitas al zoo. Sin embargo, su historia va más allá de ese simple vídeo. La narrativa dio un giro cuando organizaciones animales han empezado a cuestionar qué hay realmente detrás de esas imágenes.

Un malestar visible

Lo que para muchos visitantes y usuarios de internet parece una escena adorable, para expertos en comportamiento animal y defensores de los derechos de los animales podría ser, más bien, la manifestación visible de un profundo malestar emocional.

PETA sostiene que lo que muchos ven como una escena adorable es, en realidad, un signo del malestar de un primate joven, muy social, que está lidiando con la soledad, el rechazo materno y el cautiverio.

No hay que olvidar que la causa principal de malestar de estos animales son las condiciones en las cuales nacen y están obligados a vivir, fuera de sus naturalezas. Desde esta perspectiva, el peluche no sería un accesorio tierno, sino un refugio frente a la soledad, el estrés del cautiverio y la exposición constante como atracción de un zoológico que ha sabido capitalizar su fama viral.

Exhibir el sufrimiento para vender

La organización afirma que Punch "es miserable en este recinto de concreto", sin árboles, césped ni vínculos sociales adecuados para un macaco joven. Esto dificulta que un macaco japonés pueda desarrollarse de forma sana

Además, denuncia que el zoo está exhibiendo el sufrimiento del bebé mono y usando su historia para vender entradas algo que, según ellos, un santuario legítimo nunca haría con un animal asustado.

La polémica se intensificó con la difusión de vídeos en los que se observa a Punch siendo aparentemente acosado o golpeado por otros macacos del grupo. Estas imágenes desataron una ola de críticas, al interpretarse como pruebas de que el pequeño sufre agresiones y no está correctamente protegido ni integrado.

El zoológico, sin embargo, ha matizado que estas escenas corresponden a comportamientos de corrección o reprensión propios de la jerarquía del grupo y niega que se trate de violencia grave o continuada. Según el centro, Punch estaría comenzando a ser acicalado por algunos congéneres y avanzando lentamente en su integración social, un proceso que, argumentan, siempre conlleva tensiones y ajustes.

Un contexto artificial

Frente a esta versión, PETA insiste en que no se puede normalizar el sufrimiento de un animal joven amparándose en la "naturalidad" de la vida en grupo cuando, en realidad, se trata de un contexto profundamente artificial.

Un recinto cerrado, con un individuo que ha sido criado por humanos, convertido en fenómeno mediático y sometido a la presión de las cámaras y del público. Se ha explotado el relato emotivo del mono y su peluche, transformando lo que sería un síntoma de trauma en un reclamo publicitario.

Para sus portavoces, la atención masiva no ha servido para mejorar la situación del animal, sino para perpetuarla. Por todo ello, PETA reclama que Punch sea trasladado a un santuario especializado, donde pueda crecer en un ambiente más tranquilo y naturalizado, con mayor espacio, vegetación y un manejo centrado en el bienestar, no en la exhibición.

En un santuario, el mono tendría la oportunidad de establecer lazos sociales más estables, alejado del ruido constante de los visitantes y de esa lógica comercial. Este caso es solo un ejemplo de un problema mucho más amplio.

Los animales que viven en zoológicos son atracciones turísticas. Usan su vulnerabilidad como herramienta de marketing bajo una apariencia de ternura que oculta la realidad de su sufrimiento.