Gatos en un patio.

Gatos en un patio. Lewis Denby

Mascotario

Miles de gatos viven en el norte de España: en el sur del país solo un 44% de los tutores tiene un animal felino

El mapa deja una imagen clara, pero que haya menos gatos domésticos al sur no significa ausencia de apego, sino un modelo relacional diferente.

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El mapa felino de España no es uniforme y también habla de formas de vida distintas. En el sur del país es donde menos personas conviven con gatos: solo en torno a un 44% de los tutores de animales tiene al menos un felino.

Esta cifra es sensiblemente inferior a la de zonas más urbanas y densamente pobladas, donde el gato se ha convertido en el compañero ideal para los pisos pequeños.

En muchas ciudades y pueblos del sur, la cultura tradicional de los animales de compañía ha estado más vinculada al perro, tanto como guardián de la casa o la finca como compañero en la vida diaria.

La semilibertad

Las viviendas con patios, terrazas amplias o acceso fácil al exterior han favorecido históricamente la presencia de perros, mientras que el gato se asociaba más a un animal semilibre, ligado a corrales y graneros, que no siempre se integraba dentro del hogar como miembro de la familia.

En cambio, en los grandes núcleos urbanos del resto de España el gato ha encontrado su ecosistema perfecto: pisos pequeños, horarios laborales largos y estilos de vida en los que se valora un animal más independiente, que requiere menos paseos y se adapta bien a la vida interior.

En edificios sin jardín ni patio, donde cada metro cuadrado cuenta, muchas personas optan por un gato porque encaja mejor en las limitaciones físicas del hogar y en una rutina marcada por el trabajo y la movilidad.

Una transición cultural

Esta diferencia territorial también refleja cómo cambian las ideas sobre el bienestar animal.

Mientras en entornos urbanos se ha normalizado que el gato viva estrictamente en interior, con rascadores, enriquecimiento ambiental y visitas regulares al veterinario, en ciertas zonas rurales o semiurbanas del sur aún pervive la idea del gato "de fuera", que entra y sale, se alimenta en el patio y no siempre está identificado ni controlado.

Esa transición cultural influye en cuántos animales se consideran realmente "de compañía" a la hora de responder encuestas o registros.

El menor peso del gato en el sur no significa ausencia de apego, sino un modelo diferente de relación con los animales y un contexto habitacional distinto. A medida que crece la urbanización, cambian los tamaños de las viviendas y se extiende una visión más "familiar" de los animales de compañía, es probable que la presencia de gatos aumente también en estas regiones.

De momento, el mapa deja una imagen clara: cuanto más urbanos y compactos son los hogares, más fácil es que un felino encuentre su sitio en el sofá.