Una mascota.
Ya ha entrado en vigor: la Ley de Bienestar Animal prohíbe dejar a perros y gatos en terrazas "de manera habitual"
Las multas por incumplir estas obligaciones pueden ir desde los 500 hasta los 10.000 euros, dependiendo de la gravedad del caso.
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Tener una mascota en España implica cada vez más responsabilidades legales. La Ley de Bienestar Animal, en vigor desde septiembre de 2023, ha redefinido lo que se entiende por tenencia responsable y ha puesto el foco en una práctica más habitual de lo que parece: dejar a perros y gatos en terrazas, balcones o patios de forma prolongada. Según la normativa, hacerlo puede constituir maltrato animal o derivar en una sanción administrativa grave.
La legislación establece que los animales de compañía deben vivir en condiciones adecuadas de bienestar, seguridad e higiene. Queda expresamente prohibido mantenerlos aislados del entorno humano o expuestos de manera permanente a las condiciones climáticas del exterior.
En la práctica, esto significa que el perro no puede pasar el día entero en la terraza, ni dormir allí de forma habitual. El uso de estos espacios está permitido, pero de forma puntual y siempre bajo la supervisión del dueño: que el animal tome el aire, juegue o descanse un rato, garantizando en todo momento acceso a agua, sombra y temperaturas adecuadas.
Las multas por incumplir estas obligaciones pueden ir desde los 500 hasta los 10.000 euros, dependiendo de la gravedad del caso. Si se acredita abandono o sufrimiento continuado, las consecuencias económicas pueden ser aún mayores.
La normativa estatal no hace sino reforzar lo que en muchas comunidades ya estaba regulado. En Andalucía, la Ley 11/2003 de Protección de los Animales ya exigía a los propietarios garantizar un alojamiento adecuado y proteger a sus mascotas frente a la intemperie. La ley nacional añade una capa extra de protección y deja menos margen a la interpretación.
La ley no prohíbe que tu mascota salga a la terraza. Lo que prohíbe es que ese espacio se convierta en su lugar de residencia: sin compañía, sin supervisión y expuesta a los elementos. La diferencia entre un uso ocasional y un abandono encubierto es, precisamente, lo que la normativa trata de delimitar con claridad.